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“Tócala otra vez, Sam”: La repetición es la clave de la música

Por Aníbal Monasterio , 29 marzo, 2014

El psicólogo Robert Zajonc es conocido por desarrollar el famoso efecto de la mera-exposición o el principio de la familiaridad. Este efecto de la psicología nos dice que las personas se sienten atraídas o muestran una preferencia por todos aquellos estímulos a los que han sido expuestos o tienen una cierta familiaridad. Este efecto se ha podido demostrar con figuras geométricas, imágenes de rostros y sonidos. El caso es que este principio o efecto mantiene un difícil equilibrio entre la novedad que sorprende o atrae y la familiaridad que aburre. Si algo es muy novedoso no atrae, pero si algo es muy familiar aburre. Para el caso de la música este principio se rompe por completo.

¿Nos aburre la música? Definitivamente, no.  Aunque buena parte de nuestro tiempo  lo empleamos escuchando música en la radio, en la TV, en directo, practicándola, en los ascensores… etcétera. y la repetición sea una constante en toda estructura musical (estribillo, nota tónica…), es precisamente por ello, por la repetición, por lo que la música se convierte en el estímulo placentero que nos provoca las emociones que sentimos escuchándola. La repetición es la clave de la música.

Salimpoor et al. (2011), un equipo de investigadores de Montreal, han descrito como la música a base de repetición consigue crearnos las emociones tan fuertes que sentimos. Utilizando técnicas de neuroimagen (imagen por resonancia magnética funcional y tomografía por emisión de positrones) han mostrado que la música libera dopamina del estriato ventral y dorsal. Pero esto no es demasiado original. Se sabe que la dopamina es una substancia asociada con las recompensas y la motivación.  Da igual que sea comida, drogas o la novena sinfonía de Beethoven, todo estimulo placentero provoca una respuesta de estas áreas liberando dopamina.

Lo que si que fue un descubrimiento fue el tiempo preciso de la liberación de la dopamina. Los investigadores descubrieron que en los momentos previos a nuestra parte favorita de una pieza musical hay una gran actividad en el núcleo caudado (una región del cerebro que libera dopamina) que parece ser ayuda a predecir la llegada de nuestra parte favorita. Momentos antes del clímax se libera dopamina en el caudado, una subregión del estriato que está conectada con regiones sensoriales y motoras que ayudan a construir una asociación estímulo-respuesta y el aprendizaje de estímulos recompensantes.

En otras palabras, la dopamina se libera en una fase que anticipa la llegada de la parte más placentera de la música lo que a su vez nos provoca estados afectivos de euforia a la espera de esa parte que está por venir. Normalmente, en el estudio de la neurofisiología de las recompensas la liberación de dopamina se asocia a la actual presencia de estímulos recompensantes, ya sea comida o drogas, no así a la expectativa de la recompensa. Parece ser que a consecuencia de la estructura melódica de la música la dopamina se libera antes de la llegada de la parte más placentera.

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¿Por qué? La respuesta está en la estructura melódica de la música y la repetición. La pregunta qué es la música ha fascinado a filósofos de todas las épocas y las respuestas son numerosas, pero lo que podríamos decir con toda seguridad es que sabemos qué es música cuando lo oímos y lo que hace que sepamos que algo es música es la repetición porque cuantas más veces oigamos algo más sentido tendrá para nosotros. La totalidad de las culturas estudiadas por los etnoantropólogos tienen música repetitiva. Esto no es una casualidad, la repetición de estrofas o frases de material no-musical musicaliza dichos estímulos.

Elizabeth Hellmuth Margulis directora del laboratorio de cognición musical de la Universidad de Arkansas ha dedicado mucho tiempo a investigar la repetición como clave para entender la música.

¿Puede existir música sin repetición? La música es un artefacto cultural creado por el ser humano y responde a la intención de éste. Numerosos compositores de principios del siglo XX han intentado explorar nuevas formas de expresividad musical eliminando toda repetición. Sin embargo, en una serie de experimentos en el laboratorio de cognición musical de Elizabeth se introducían extractos repetitivos sin que los oyentes se percataran. Lo que parecía arbitrario en un primera escucha en una segunda escucha tenia propósito y sentido comunicativo. Parece ser que es inevitable la repetición en la música.

La repetición es el mecanismo por el cual se obtiene un estado atencional mucho más receptivo como ha demostrado en su trabajo con los ritos religiosos (muchos de ellos con música y obsesivamente repetitivos) el psicólogo Pascal Boyer. El musicólogo Leonard Meyer en su obra clásica Emotion and Meaning in Music (1956) mostró el poder de la repetición analizando el quinto movimiento del cuarteto de cuerdas, opus 131, de Beethoven. Meyer mostraba que la música se define por la repetición y el juego de rupturas o violaciones de la expectativa de la repetición. Beethoven en su obra maestra comienza con un patrón melódico que repite y a lo largo de toda la pieza en un intrincado juego tonal evita repetirlo. Manteniendo el suspense y la incertidumbre está violando la clave de la música: la repetición, consiguiendo que nuestros recursos cognitivos y atencionales pidan algo que no nos va a dar hasta el final.

La constante repetición es el mecanismo psicológico que hace de la música tan poderosa. La clave de la música es la repetición.

 

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