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Lorenzo Silva: «La literatura siempre ha sido mi pasión»

Por Sheila Alcocer Testón , 8 marzo, 2016

LORENZO SILVA nació en Carabanchel (Madrid), un cálido 7 de junio de 1966. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su carrera como escritor en la década de los 80. Su obra abarca todo tipo de géneros: de la poesía al ensayo; de la novela a los artículos periodísticos.
Su obra está destinada a todo tipo de público, siempre y cuando este, sea apasionado de las aventuras. Lorenzo Silva ha recibido numerosos reconocimientos, entre los que destacamos el premio Nadal con “El alquimista impaciente” en el 2000, el premio Primavera por “Carta Blanca” en 2004, y el premio Planeta en 2012, gracias a la séptima entrega de su famosísima e intrigante colección de la pareja de Guardias Civiles, Bevilacqua y Chamorro: “La marca del meridiano”.

¿Cuándo se dio cuenta de que lo suyo no era el Derecho sino la Literatura?
Yo siempre supe que lo mío no era el Derecho. Sabía que era la Literatura desde los 13 años que empecé a escribir y a los 15 ya estaba completamente convencido de que quería ser escritor, lo que pasa que de eso no se vive en general en casi ningún país y en España mucho menos. Así que me di cuenta de que tenía que buscarme otra profesión que me permitiera ganarme la vida para mantener una actividad que no era lucrativa. Derecho es una carrera muy versátil que te permite hacer muchas cosas, te enseña mucho del mundo en el que vives. Y también porque en Derecho prevalece el que sabe persuadir con el lenguaje, lo mismo que la Literatura.

¿Es la profesión de escritor realmente una profesión o más bien se puede definir como una forma de vida o una pasión?
Creo que tendríamos que empezar a pensar todos que no deberíamos aceptar desempeñar profesiones que no sean una pasión. La maldición bíblica no es trabajar, es trabajar en algo que no te apasiona. La literatura siempre ha sido mi pasión y yo he intentado que fuera mi profesión contra todo pronóstico y he tenido la suerte supongo de haberlo podido conseguir.

¿Cuál es el truco para que un escritor sobreviva a día de hoy en estos tiempos de crisis?
Son muchos y, además, no están escritos. Nunca ha sido fácil vivir de la literatura. Pero antes era mucho más fácil porque por ejemplo las editoriales buscaban nuevos talentos puesto que tenían una economía más saneada. Las instituciones públicas destinaban un dinero a la cultura que hoy por hoy no se destina. Un escritor al que le fuera medianamente bien podía vivir de la escritura, sacando un libro cada dos o tres años. Pero yo nunca me fie de eso, por ello empecé a diversificar, colaboré en revistas, en radio, he hecho guiones de cine y de televisión, he escrito teatro, gestión cultural… todo lo que creía que podía aportar algo y que podía tener algún valor en mi trabajo lo he ido probando. Pero sobre todo, el truco tiene que ver con estar activo y tener una interacción con tu público.

 

¿Con qué género de todos los que ha trabajado se siente más cómodo?
He tenido la suerte de salir recompensado creativamente en todos. Escribir un libro son cientos de horas de trabajo así que tiene que gratificarte. Y también he tenido una buena respuesta del público. Tengo novelas policíacas muy populares de las que he vendido cientos de miles de ejemplares. Es un género difícil, muy comercial, donde hay muchísima competencia, pero estoy contento de haber encontrado un registro que a mí me gusta porque son historias en las que creo. Por ejemplo, nadie en España había escrito novela policíaca cuyos protagonistas fueran dos guardia civiles, precisamente por eso lo hice, porque era un terreno no explorado por nadie, no hay nada que tenga más valor para un escritor que lo que nadie ha contado.

¿Y cuándo fue el momento en el que se interesó por la novela policíaca, el género por el que más gente le conoce?
Yo no me considero autor de novela policíaca. Es curiosa la dicotomía que hay entre cómo te ves tú y cómo te ven desde fuera. Yo me veo simplemente como un novelista o un contador de historias que en un momento determinado decidió escribir novela policíaca porque le parecía que era una herramienta útil para describir la realidad española contemporánea. Los crímenes me interesan hasta cierto punto, y los criminales cada vez menos, porque son gente que no sabe vivir honradamente; me interesa de ellos cómo me permiten contar la realidad. Lo que ha ocurrido es que he tenido éxito con este género, sigo escribiendo novela policíaca pero sigo haciendo otras cosas que no tienen nada que ver. Mi primera novela policíaca era un experimento que salió bien y por ello he escrito ocho novelas, pero no me lo imaginaba en absoluto.

¿Cuáles son los distintos lugares que le inspiran a la hora de crear sus historias?
A mí me parece que cualquier lugar es inspirador, me gusta viajar pero soy muy enemigo del marco incomparable y del lugar paradisíaco, eso me parece una chorrada y una falta de imaginación. Los sitios son la mirada. Lawrence de Arabia, en la película que lleva su nombre, un beduino le pregunta que por qué le gusta el desierto y él, que ha vivido toda su vida en Gran Bretaña, contesta “me gusta porque está limpio, porque no hay nada, lo que tú odias es lo que a mí me gusta”. Y yo que he estado en el desierto entiendo esa mirada de Lawrence. Pero se puede decir que la máxima inspiración la encuentro fuera de mi casa, porque las historias están por ahí. Yo desayuno todos los días en el mismo bar y las historias las encuentro allí cada día, solamente hay que tener los ojos abiertos y escuchar. Una cosa que he descubierto es que todo aquel que tiene una historia la quiere compartir. Cuesta mucho ganarse la confianza de alguien, pero cuando lo hacen te das cuenta de que necesitaban contar su historia.

¿Cuánto tiempo le lleva escribir una de sus novelas?
Ha habido días que he escrito dos páginas y ha habido días que he escrito 35, pero es porque he estado 14 horas seguidas escribiendo, no todos los días puedes hacer eso porque tienes familia. Yo creo que depende mucho de cómo hayas dormido. Pero en promedio, yo a una novela la dedico varios años antes de empezarla y una vez que la tengo clara en la cabeza dedico varios meses en escribirla. Lo normal es que tarde entre tres y seis meses. En mi última novela Música para feos he tardado tres.

 


¿A qué libro le tiene un cariño especial de todos los que ha escrito?
Tengo aprecio por razones muy diversas a todos los libros que he publicado. Ningún libro lo volvería a escribir como lo escribí, pero de ninguno me avergüenzo, no cambiaría nada en ellos porque pienso que cada libro es representativo de cada momento. Los libros de los que no estaba seguro no los he publicado ni los publicaré nunca. Me resulta muy difícil elegir uno porque cada uno de ellos me devuelve algo del camino. Pero sí tengo que La flaqueza del bolchevique tiene un valor singular dentro de mi trayectoria porque es un libro muy publicado, traducido, llevado al cine y es un libro que a mí me ha abierto muchas puertas de las difíciles, que son aquellas que te abren cuando no te conoce nadie. Por eso le tengo un cariño especial.

¿Qué premio le ha hecho especial ilusión recibir?
Que me hicieran Socio de Honor de la Biblioteca de Carabanchel – dice Lorenzo entre risas-. Yo nací allí y creo que el derecho a la cultura lo garantizan las bibliotecas. Y también me parece un gran premio que me hicieran Guardia Civil Honorario pues hay muy pocos, aunque hay gente a la que le molesta esto. Realmente, yo creo que la Guardia Civil ha prestado muchos servicios, no al país ni a la patria, eso me pilla muy lejos; pero las decenas de miles de hombres y mujeres que han pasado por la Guardia Civil, se han dejado la piel por sus conciudadanos, y eso para mí tiene mucho mérito y más en un país tan egoísta y lleno de gente que no hace nada si no saca nada a cambio. Yo soy consciente porque conozco sus historias, que guardia civiles se han dejado el pellejo simplemente para salvar la vida de alguien o para defender a alguien.

Y para terminar, ¿qué consejo le daría a una persona que quiere dedicarse a escribir?
Yo no soy mucho de consejos la verdad, porque creo que están para desoírlos. Cada uno tiene que buscar su propio camino, pero lo que a mí sí me fue útil y creo que puede serle a cualquiera es no tener prisa. Vivimos en un mundo de prisas, las prisas dicen los musulmanes que matan, y desde luego sí que mata muchas cosas, la prisa mata el arte, la creatividad, la consecuencia de lo que uno hace y, por eso, no hay que tener prisa. A muchos chavales les digo: a quién le guste escribir es un marrón, pero tiene sus cosas buenas. Yo he sido amigo hasta su muerte de José Luis Sampedro, que tenía 96 años y se seguía levantando todas las mañanas a escribir. Por tanto, en algo que puedes seguir haciendo a los 96 años si duras, no hay que tener prisa y, como decía antes,  las historias las miras tú, pasan por ti pero están ahí, al otro lado de la ventana. Si escucháramos realmente, sabríamos que se puede aprender mucho de todo el mundo. No todo el mundo te puede enseñar todo, pero todo el mundo tiene algo que enseñar si aprendes a escuchar.

Con la colaboración de Sara Escribano de Francisco.


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