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Letal para los norteamericanos

Por José Luis Muñoz , 5 junio, 2020

No voy a ser yo quien defienda a este payaso. Ya lo hace en su propio nombre Santiago Abascal que está agradeciendo la factura que le pagó Steve Bannon, el gurú del fascismo norteamericano encargado de propagarlo por Europa. La lista de descalificativos se me queda corta, como a Spike Lee, con el actual presidente de los Estados Unidos: machista, iletrado, hortera, racista…pero lo malo del personaje estrambótico, que es uno de los más poderosos del planeta, es que alardea precisamente de sus defectos, los asume  a mucha honra y para él deben de ser virtudes. A falta de país al que invadir, planea invadir el suyo, enviar tropas para poner orden en las ciudades de los cincuenta estados porque los gobernadores no consiguen sofocar ese incendio desatado por el asesinato de George Floyd y él debe pensar que no es para tanto el revuelo que se ha armado que tapa su gestión desastrosa de la pandemia.

Si George W. Bush fue uno de los presidentes más letales de la historia de los Estados Unidos de cara al exterior—por debajo de Harry Truman (Hiroshima y Nagasaki), Lyndon B. Johnson  (Vietnam) o Richard Nixon (Vietnam, Chile y toda Sudamérica) —al invadir, y destruir,  Irak, lo que multiplicó exponencialmente la inseguridad mundial, Donald Trump lleva camino de serlo de cara al interior y mucho me temo que los lobbies que lo apoyaron (la ANR, las corporaciones armamentísticas, las compañías de seguros, los evangelistas…) no están muy contentos con su gestión, le reclaman los beneficios que les prometió y no les llegan. El presidente pierde aire por la boca, o por el tuit, vocifera e insulta, como si estuviera en una taberna, pero ni invade Venezuela, como le debió jurar al pobre Guaidó, ni bombardea Corea del Norte porque se hizo amigo de su excéntrico dictador: es lo que tiene colocar en el Despacho Oval a un multimillonario antisistema que gestiona mal sus negocios, exhibe la Biblia sin pisar una iglesia y se acuesta con actrices porno que aseguran que la tiene pequeña.

Ante el asesinato del ciudadano Floyd, la gota que ha colmado el vaso de un reguero de violencia policial racista que viene de lejos, el tipo que está creando un cisma entre los americanos no solo no se reúne con los representantes de la comunidad afroamericana del país sino que amenaza con meter en la lista de organizaciones terroristas a los antifascistas que se manifiestan contra él y ordenar que el ejército tome las calles porque cualquier día asaltan la Casa Blanca y lo lanzan por la ventana del Despacho Oval. El resto del mundo podría respirar tranquilo con ese friki centrado en los problemas domésticos sino lo envenenara con los gases de efecto invernadero de la reactivada industria del carbón, pasándose por el forro el tratado de Kioto, del mismo modo que ante el Covid 19 rompe con la OMS. De momento está entretenido en asolar su país, el que le vota y presumiblemente, porque hay muchos imbéciles en los 50 estados, le seguirán votando porque es iletrado, reaccionario, machista y hortera como ellos y Trump es el espejo en el que se miran todos los días.

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