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Emprender: valentía o frustración

Por Raquel Ortiz Bolfán , 28 junio, 2020

¿Qué ocurre cuando te enfrentas a una insatisfacción en tu universo laboral? ¿Qué sucede con las personas inconformistas, valientes y arriesgadas? ¿Hay que apartarlas como si se tratara de una especie diferente?

En la parcela de tu interior, las dificultades se desvanecen y se convierten en oportunidades. La creatividad aflora, los recursos se imponen y empiezas a plasmar un mapa conceptual sobre tu propio proyecto.

¿Cuántas veces hemos vivido o escuchado o nos han informado sobre personas audaces, ingeniosas, curiosas, apasionadas, entusiastas, que han decidido valientemente progresar y emprender y, se han encontrado con las puertas cerradas? Es la pura realidad, y aunque vuelvan a dar la vuelta a las reglas del juego e intenten abrir algunas ventanas, la última puerta vuelve a estar cerrada. Así es la ayuda que recibes, que equivale a un cero.

Aquí no hay cabida para las cabezas creativas, para las ilusiones, para las pasiones, para las creencias, en un abrir y cerrar de ojos, te encuentras con tu propio sueño roto. En este triste país, no dedican atención ni inversión a este colectivo, pero, puedes encontrar mil y una webs dedicadas a como serlo, -¡eso sí que es creatividad!. “Haz tu plan de negocio, sin este fracasarás”. “Las 20 preguntas que debes hacerte antes de empezar un negocio”. “Cómo hacer un estudio de mercado eficaz”. “Pasos para crear una nueva empresa” y tantas más, que sería imposible redactar en una página en blanco, porque tu cerebro podría sufrir un colapso. ¿Esto es para ayudarte o  para sepultarte?

En este equilibrio inestable, el/la emprendedor/a, tras investigar, analizar, gestionar, plasmar, buscar, formarse, comparar, crear y diseñar, después de involucrarse en todo ese proceso evolutivo de invención, ha logrado el objetivo de poseer su plan de negocio, porque será su única posesión… Y ahora solo queda la parte más importante, la inversión y aquí hemos tocado con el talón de Aquiles. En nuestro país, o tienes un padrino, o puedes olvidarte de tu proyecto, eso si no quieres endeudarte hasta las cejas con un interés que triplica tu inversión. Y sino que se lo expliquen  a los autónomos en la gestión de sus empresas con la crisis del COVID-19, sobre todo con las ayudas que tenían que recibir… vamos a dejarlo ahí.  En vez de ayudar a aflorar toda esa parte creativa de las personas que pueden generar riqueza, inversión, ocupación, etc., hay que ponerlas la zancadilla, así podrán sufrir la triste realidad,  “C’EST LA VIE”.  Pero como todo, tal y como dijo Kirk Douglas, para tener éxito hay que fracasar. Aunque no dejo de preguntarme, ¿y si no te dejan? Pues la respuesta es fácil, no podrás fracasar ni tener éxito, es así de simple.

Si la política económica, contributiva y distributiva de este país no evoluciona y sufre una reforma total, se perderá mucho talento por el camino, y no dicen los expertos que ¿hay que progresar o morir? Aunque es más fácil salvar entidades financieras, subvencionar grandes estafas y redistribuir indebidamente fondos. ¡Cuidado! creo que hoy no toca hablar del tráfico de influencias ni delitos de corrupción y otros similares que ya hablé anteriormente en uno de mis artículos, porque ¿se podían gestionar peor las cosas? Es más cool compararnos con nuestros/as vecinos/as europeos, que ellos/as sí que fomentan, ayudan e invierten en los/as futuros/as promesas.

Así que, después de tiempo invertido intentando proyectar bien el plan de empresa para no fracasar en el intento, creer en tu marca, en tu producto y en ti, acabas lanzando la carpeta personal de tu posible empresa  a la papelera, porque el ingenio no tiene cobertura económica, ni soporte de entidades de financiación. Y ahora que le digan al/la emprendedor/a si ha sido valiente o está frustrado/a o que le apoyen con una de esas frases motivadoras de valor y osadía…seguro que la mirada vale más que mil palabras.

 

Cuando no puedas ver la luz, me sentaré contigo en la oscuridad. – Alicia en el país de las maravillas. Lewis Carroll

 

 

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