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Cuando los zopilotes salen… los cuervitos hacen fiesta

Por Trixia Valle , 30 septiembre, 2020

Todos sabemos, y nos queda muy claro, la gran cantidad de peligros que existen en las redes sociales, sobre todo para los cuervitos pre adolescentes (10 a 13 años), quienes en su afán por descubrir el mundo, conocer gente y sentirse populares, pueden tomar malas decisiones.

Es natural el interés que tienen por salir del nido, conocer el mundo y experimentar, más no debemos olvidar el hecho de que su juicio crítico, de acuerdo a Jean Piaget, aún está en formación hasta los 15 años (como mínimo) y esto guía la toma de decisiones selectivas.

En algunos hogares, los padres zopilotes al dar un celular a sus hijos les proporcionan un listado de precauciones y piden que se comprometan a cumplir ciertas reglas. En otros hogares, simplemente no dan ninguna precaución y simplemente les dan el teléfono porque se lo pidieron a Santa “y ni modo de decirles que no…”.

Sea como sea la manera en que llega el celular a las manos de los cuervitos, el tema es que en sus tiernas edades el criterio aún está en formación y a pesar de que se les pida que no abran redes sociales o que las manejen con cuidado, ellos lo hacen inocentemente para interactuar con sus amigos, y esa es en realidad su intención, pero es bien sabido que hay miles de pederastas que navegan en las redes, para justo atacar a este tipo de presas fáciles.

Sin embargo, cuando los zopilotes salen, los cuervitos hacen fiesta y ahí es donde aparecen los riesgos. Imaginen a dos niñas preciosas de entre once y trece años haciendo un “live” de Instagram a la una de la mañana… Por supuesto, que ya mandan una señal de que están sin vigilancia y ahí es donde se puede atacar. Sumado a ello, el propósito de los famosos “en vivo” es que mucha gente se meta y los vea, por lo que no existen filtros de entrada, y eso aumenta el riesgo.

A toda esta situación complicada, sumamos el factor de que en el “live”, una de las participantes quiere hacerse la muy cool a sus 12 años y comienza a propinar toda especie de leperadas, palabras prosaicas y majaderías, sumados a una actitud “relajada” para atraer seguidores. De pronto, los pederastas cibernautas, captan el mensaje, ven el perfil de unas niñas con círculo de en vivo encendido y al unirse comienzan a interactuar, a preguntar su edad, a lo que las cuervitas responden: “No nos dejan decir eso en vivo, pero te contesto por inbox”.

¡Ufff! El riesgo en toda la extensión de la palabra… y luego dan datos sobre su localización y rematan con el tema de que están solas en casa porque los papás zopilotes salieron a cenar. Todo esto que sucede en un instante, de la manera más inocente. Sin embargo, abrir esas puertas puede generar vínculos afectivos y ansias de popularidad, que lleven a interacciones subsecuentes con esas personas, pues al final “ya lo conozco” porque ya una vez chateo conmigo, sin analizar que no conociste a una persona, sino que sólo chateaste con “un avatar de las redes”.

No obstante lo anterior, la mente hace un extraño vínculo con “lo conocido”, con sólo ver un nombre y una foto con quien alguna vez se interactúa en un chat o comentario de redes, y al verlo cercano y conocido, se bajan las barreras y los filtros de precaución. Esa prevención deriva del miedo natural que todos tenemos por preservar la vida y en la dosis adecuada es un muy buen antídoto contra todo tipo de malestares que podrían suceder.

El miedo nos lleva a recapacitar y pensarnos las cosas dos veces antes de que sea tarde, cuando ya se ha tomado la decisión.

De esta forma, algunos papás zopilotes, quienes confían en sus hijos cuervitos a ojos cerrados, se pueden llevar una enorme decepción y susto, al darse cuenta de que los aparatos tecnológicos proporcionados, se han tomado muy a la ligera y representan un peligro, tanto en el daño a la reputación, como en estrechar vínculos con personas no deseadas.

El riesgo es inminente y a cualquiera le puede pasar, pues es parte de la emoción de la edad que quiere comerse el mundo en una mordida; más es nuestra responsabilidad cuidar que esos accesos sean restringidos y la única forma de evitarlo es proporcionando celulares sin internet, que se conecten al wifi de la casa y al salir cambiar la clave temporalmente para que no tengan acceso. De esta forma nos podemos asegurar que nuestros hijos están realmente seguros y aislados de todo tipo de peligros.

Y tú, ¿sabes con quien chatean tus hijos? Dinos que piensas, nos gusta leerte.







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