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Cerebros conectados

Por Clara Cordero , 5 noviembre, 2014

SONY DSCDe sobra es conocido el poder de las historias en el aprendizaje. Ya sea en forma de moralejas o como pequeños cuentos tribales, la empatía provoca conexiones con nuestra realidad y nos aporta conocimiento, o, por lo menos, clarifica el que ya tenemos.

Sin embargo, en un momento en que los alumnos están sobreestimulados, y cómo bien apoya la neurociencia, tienen los cerebros conectados, la capacidad de asimilar historias y aceptarlas cambia radicalmente. Ahora no las toman como referencia, ahora necesitan interactuar con ellas y las utilizan como punto de partida para crear nuevas historias. No es que antes no se hiciera también, pero no únicamente como ocurre ahora. Porque las competencias por las que luchamos en la educación del Siglo XXI no son simplemente seleccionadas por los maestros, sino requeridas y necesitadas de acuerdo a estas nuevas conexiones e inferencias de los alumnos.

Si a lo largo de la evolución hemos visto como el cerebro humano se desarrollaba, quizá ahora, estemos viviendo una nueva evolución del ser humano, de su cerebro, en término neurológicos y físicos. Estamos sufriendo un cambio.

También es verdad que estar sobreestimulados puede provocar una atención más limitada y con ello frenar determinados aprendizajes que necesitan de una memoria a largo plazo y de una interpretación más amplia de los mismos. Siguiendo esta idea quizá lo que suframos es todo lo contrario, una involución. Muchas conexiones, pero más pequeñas, que a la larga, pueden provocar nuevamente una merma de la capacidad cerebral. ¿Sería un acto natural?¿La naturaleza, nuevamente, pretende barrer y comenzar de nuevo? Algo similar a la extinción de los dinosaurios.

Esto deberemos dejarlo en manos expertas, pero lo que está claro es que necesitamos innovar y cambiar, entre otras cosas, por las situaciones que nos vienen dadas por los requerimientos de las nuevas generaciones que son diferentes a las que se han vivido; y, porque estemos o no acertados, no podemos volver atrás, porque nuestra genética así lo ha determinado. No ha sido algo de un día para otro, ha ido desarrollándose con los años.

Estamos conectados, y eso a mi parecer es bueno, porque abre una brecha social que existía. Ahora todo depende de que sepamos hacerlo bien, desarrollando toda su capacidad o dejándolo en las manos ociosas de la frivolidad.


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