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A LA MUERTE DE JULIO ANGUITA

Por Agustín Ramírez , 20 mayo, 2020

Se nos ha ido Julio Anguita, y con él se ha ido un ejemplo de honradez y coherencia política, un símbolo de nuestra izquierda. Tras la muerte de Julio Anguita muchas personas han dicho y escrito alabanzas hacia su figura, lo cual no impide que haya habido comentarios carroñeros que definen a quien los hace.

De él siempre se recuerda su famosa frase de “programa, programa, programa”, reivindicación de que cuando hay que hablar y acordar con otras fuerzas políticas, el resultado conseguido debe ser público y conocido para así poder exigir su cumplimiento, ningún oscurantismo, saber lo que se consigue y a lo que se renuncia.

Y esta frase no es sino un símbolo de su compromiso político: el programa es el resultado de un debate de ideas, fruto del conocimiento y la reflexión sobre la realidad social. De él se decía que era un radical y la defensa era sencilla: hay que ir a la raíz de los problemas para conocerlos, estudiarlos  y proponer soluciones.

Acusarlo de radical era un comentario casi benévolo, peor intención tenía quien le tildaba de comunista, pensando que ser comunista es una ofensa, un pecado, una tara o cualquier cosa peor; sin embargo, para Julo Anguita, ser comunista era un honor porque era la definición de quien lucha contra el poder y en favor de los más necesitados, con sus luces y sus sombras, como la vida misma en cualquier aspecto.

Conocidas son sus posiciones críticas frente a la transición de régimen, su posición aislada frente al Tratado de Maastricht, a su moneda única y a su olvido de las cuestiones sociales, propiciando una Europa de banqueros y no de personas; y algo de razón le dio el tiempo cuando vemos como ha sido el desarrollo de la crisis del año 2008: rescate financiero a costa de las clases populares.

Finalmente, recuperar otra de sus cualidades: hablar claro y ser coherente: cuando dejó su cargo de diputado nacional renunció a la pensión vitalicia que le correspondía, volvió a ejercer de maestro, como a él mismo le gustaba definirse, y se jubiló como el resto de los ciudadanos, sin privilegios, porque ese era su principio de vida, ser uno más del pueblo, y ser uno más para el pueblo, y ese comportamiento ha sido reconocido hasta por sus enemigos.

Sirva su recuerdo para mantener viva la llama de lo que hay que seguir defendiendo, apoyando y luchando por los más desfavorecidos, reivindicando la lucha de clases  y combatiendo siempre al capitalismo.

Hasta siempre maestro Julio Anguita, hasta siempre camarada.

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