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Zoe

Por cesarbacale , 25 abril, 2014
2014-04-16 17.06.21

Daugther of the sea, by Cesar Bacale

Papi no se entera de nada. Los cuentos que escribo ya no tratan sobre hadas ni princesas. Ahora van sobre una niña que se queda todos los veranos en casa y sobre otras cosas que me pasan a mí. Hace dos años me regaló un libro rosa, con un corazón en medio, para escribir poemas. Me escribió un poema como dedicatoria, que aun no entiendo. Dijo: -”no te preocupes, un día lo leerás, y lo entenderás todo”.

La vida de papi está llena de secretos. Sé cuando me va contar uno de sus secretos cuando se pone serio por teléfono o me manda un mail largooo y lleno de palabras y frases rarísimas. Yo me siento como cuando te hacen un regalo envuelto en un montón de papel para al final descubrir algo muy pequeño. Papi hace así con casi todo lo que dice. Uno puede prestar atención a la última frase, y no se habrá perdido mucho. Mismo así, yo estoy siempre superatenta, mitad porque le tengo mucho respeto, mitad  porque le quiero mucho.

El humor de papi es bastante impredecible, un poco como el tiempo. Yo ando con los pies de plomo,  porque nunca sé si va a llover o salir el sol. Lo mejor es estar preparado para todo, como cuando vas a un sitio caluroso pero  en el que puede llover en cualquier momento.

Si papá se levanta con sol, una puede pasar un dia superdivertido. La semana santa pasamos uno de esos días. Fuimos a alquilar unos patines para él (yo ya tengo los míos) y fuimos a todas partes con patines. Me dijo que le tendría que enseñar a patinar porque cuando él patinaba  los patines no tenían las ruedas en línea sino cómo los coches. Yo no creo que se pueda patinar muy bien de esa manera. No lo hizo mal, aunque se cayó tres veces, tres caídas graciosísimas. La gente le miraba divertida,  pero,  como tenía un buen día,  le dió igual.

Al mediodía hicimos un picnic y me dejó hacer fotos con su smartphone, lo cual es bien raro. Fue genial y entendí porque le gusta tanto hacerme fotos. Le saqué, según él, unas fotos buenísimas. Me dijo, por supuesto, que ese era un instinto natural de la familia, que teníamos no se que extraño sentido estético natural. Sonreí, aunque no entendí lo que quería decir exactamente. Después de comer, fuimos patinando hasta la playa y de camino me enseñó el sitio en el que trabajaba dando masajes. Parecía un sitio muy bonito. Cuando nos cansamos de ir de un lado a otro, fuimos hasta el agua y nos mojamos los pies. El agua fría se sentía super-rica después de todo el día patinando.

A la vuelta aprovechamos para leer. Yo leo siempre, quiero decir, desde que aprendí a leer. Es probablemente lo que más me gusta hacer y a lo que dedico más tiempo, después de estar con mis mascotas. Ahora tengo un nuevo gato que se llama Sabio. Antes tuve tres conejos y tres hamsters,  pero se murieron casi todos. Los conejos están enterrados todos juntos debajo de mi árbol en la finca en la que vivo. Uno de los hamsters murió aplastado accidentalmente  por el pie de papá. Pobre. Me pidió, por favor, que no trajera más mascotas a casa,  aunque hace poco me dijo que podía llevar a Sabio cuando creciera un poco y no corriera el peligro de morir aplastado. Dado que es un gato, y los gatos son ágiles, se supone que sabrá apartarse si ve venir la sombra de un pie gigante.

La verdad, a mí me gusta hacer cualquier cosa con papá. Yo me aburro mucho, no se por qué,  pero me aburro.  Siempre quiero saber qué hora es y cuanto falta para que empiece o acabe la película. Papi dice que estoy obsesionada con el tiempo, pero es que para mí el tiempo es algo muy importante, algo que no se puede perder así como así, igual que se pierden unas llaves o un paraguas.

Pa me regala montones de libros porque sabe lo que me gusta leer, y a veces le acompaño a elegir los que quiero. Antes jugábamos mucho. Ahora un poco menos, aunque cuando lo hacemos es genial. Cierto que tengo ya 10 años y tengo mis secretos, pero aun no soy lo suficientemente grande para ser independiente, no me interesan para nada los chicos, y me encanta que papi me llame princesa. Aunque ya no escriba sobre princesas y cuentos de hadas. Es complicado.

Por cierto, me llamo Zoe, sin diéresis. Es un nombre griego y significa “la llena de vida”.  Nací en un pequeño pueblo pesquero del norte. Papá dice que me gusta tanto el mar  porque echaron allí mi placenta cuando nací, y desde entonces mi corazón late al ritmo de las olas.   Pero eso ya es otra historia, un cuento que escribiré un día de estos.

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