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¿Y qué?

Por Silvia Pato , 11 junio, 2014

Si la imagen de la mujer sigue resultando un reclamo constante en la era tecnológica, no deben olvidarse los estereotipos de la misma que se continúan alimentando con ello; estereotipos que parecía que habían empezado a superarse.

Resulta curioso que, en un tiempo en el que una difusión mayor de la diversidad cultural, social y antropológica es tecnológicamente posible, se propaguen los roles más anquilosados en lo que respecta a la cuestión de géneros; eso sí, siempre disfrazándolos de forma que parezca que todo es muy actual, moderno y reivindicativo.

Mientras en la realidad, la sociedad, a nivel laboral e intelectual, ha dado pasos de gigante, aun cuando existan algunos aún por realizar, la industria de ficción no parece que vaya a la par. Al tiempo que proliferan las novelas protagonizadas por mujeres en crisis, muchas de ellas esperando repetir el preocupante éxito de 50 sombras de Grey, las películas románticas siguen alimentando la imagen del hombre adulto con muchacha adolescente. En el caso de aquellas, se habla de crisis; en el caso de estos, se habla de amor.

Ante este panorama general, resulta preocupante la omisión de todo lo demás en aras a la difusión de un único modelo femenino. Gracias a internet, nunca hemos podido conocer a tantas científicas, escritoras, filólogas, historiadoras, pintoras, compositoras, etc., y gracias a la época y al lugar en el que, por azar, vivimos, nunca ha habido tantas. Sin embargo, las protagonistas de las historias de ficción del mainstream siempre son similares, homogeneizando una realidad completamente distinta. No es descabellado pensar que esas otras novelas de todo tipo de temáticas, con personajes femeninos más diversos, permanecen en el olvido en los correos electrónicos de las grandes editoriales, y si ven la luz lo hacen en aquellas de carácter más modesto e independiente que apuestan por un nuevo modelo culturalmente más enriquecedor .

La mayoría de las veces lo que subyace bajo toda esa campaña de marketing es el mismo estereotipo que se vendía a nuestros abuelos, aunque ahora las jóvenes ni siquiera se den cuenta de ello. Si relacionáramos esas historias con la publicidad y la obsesión por hábitos tales como las autofotos, no podría dejar de inquietarnos la normalidad con la que están asumiendo determinadas actitudes las nativas digitales. Y sin embargo, lo que ha sucedido desde la red es que se ha seguido propiciando una cosificación de todas ellas. Después de todo, el aspecto más o menos radical, la ropa o la desinhibición no dejan de ser meras fachadas bajo las cuales pueden encontrarse las posturas que van deteriorando, poco a poco, todos los logros conseguidos.photographer-234907_640

Anuncios de ropa en el que se vende la prototípica imagen de la mujer que planea quedarse embarazada a espaldas de su pareja, o que pretende tener relaciones para ascender en su trabajo, revelan un conformismo entre las jóvenes, cuando menos, preocupante. Mientras un alto porcentaje de adultos de ambos sexos se indignan ante tales campañas, y dejan de comprar los productos de las marcas que las realizan, hay un significativo número de veinteañeras que ni siquiera se ofenden al verlo, con una desidia que se refleja en comentarios del tipo: «Sí, está mal, ¿y qué?».

¿Y qué? Una pregunta que conduce a perder muchas batallas.


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