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Y EL PODER SE QUITÓ LA CARETA

Por Agustín Ramírez , 15 octubre, 2016

El Poder se ha quitado la careta y ha demostrado su existencia. En este tránsito de 300 días con el Ejecutivo en funciones se han sucedido los intentos, hasta ahora todos fallidos, de combinaciones para formar gobierno.

Tras las elecciones del 20D y la renuncia de Rajoy a intentar formar gobierno, el PSOE y Ciudadanos llegaron a un acuerdo, escenificado en exceso, al que Podemos no se unió alegando incompatibilidades absolutas con el partido de Rivera, frustrando así un gobierno sin el Partido Popular.

Después de las elecciones del 26J, Ciudadanos y el Partido Popular llegan a un acuerdo, en el que se recogen bastantes propuestas del anteriormente firmado entre PSOE y Cas, pero no logran alcanzar una mayoría que permita la formación de un nuevo gobierno; venden la imagen de que es un acuerdo de regeneración democrática, aunque en realidad son compromisos meramente enunciados y de los cuales algunos no tienen la capacidad legislativa para llevarlos a cabo, pertenecen las competencias a otros ámbitos de la Administración, y otros requieren el apoyo de fuerzas políticas que se han sumado a ese acuerdo.

Entre tanto, desde el PSOE a su izquierda, la actitud que se toma es la contemplativa, no hacer nada, esperar resultados y, tras el fracaso de la investidura pensar qué se puede hacer.

El Partido Socialista se mantiene en una actitud numantina en defensa de su “no es no”, imposibilitando cualquier mayoría parlamentaria, amparado en la resolución tomada en su Comité Federal, que incluye, además, la imposibilidad de acordar nada con los partidos nacionalistas que defiendan ideas soberanistas e independentistas.

Y el Poder, ya cansado de estas inercias inertes decide entrar en escena; es conocedor de que desde el Partido Socialista está empezando a haber contactos con Unidos-Podemos, con  partidos catalanes y vascos, soberanistas todos pero en grados diferentes entre ellos, y la presión sobre el líder del PSOE se incrementa.

Y el Poder da otro paso, comienzan a oírse voces de militantes del PSOE con representación autonómica o con trayectoria histórica -algunos de los cuales no deberían volver a hablar en público jamás, dada su trayectoria, como es el caso del señor Barreda-, que sacan de paseo la idea grandilocuente de la gobernabilidad del país, de la responsabilidad y del sentido de Estado, de que lo primero son los españoles y otras semejantes. Estas ideas enseguida encuentran altavoces en los medios de comunicación; entre tantos altavoces, quedan apagados todos aquellos que pretendan hablar de los recortes de los gobiernos del Partido Popular, de la corrupción de la clase política, en definitiva, de que otra política tiene que ser posible.

Tras unas semanas de bombardeo mediático sobre la inexcusable obligación del PSOE de abstenerse en una nueva sesión de investidura, y ante la perspectiva de que los contactos de Pedro Sánchez con otras fuerzas, según ahora nos hemos ido enterando, pueden ir cuajando hacia una nueva alternativa de gobierno, el acuerdo implicaría la aceptación de unas condiciones que encarrilen más el gobierno hacia una ruptura con el anterior que hacia una continuación modificada del mismo.

Ante esta posibilidad el Poder, entonces pone toda la carne en el asador, entra en escena don Felipe González Márquez y los poderes mediáticos. En una entrevista en la Cadena Ser, se despacha a gusto en defensa de la abstención y culpando a Pedro Sánchez de haberle mentido, como ya había declarado en Chile; el periódico El País publica una editorial humillando y despreciando a Pedro Sánchez y todo ello lleva a que el Comité Federal del PSOE sea un espectáculo bochornoso donde no se habla de medidas políticas sino de procedimientos, pucherazos y otras artimañas reglamentarias para sustituir el “no es no” por la abstención, de evitar la posibilidad de mayorías alternativas por mantener, en nombre de su España, al gobierno del partido de los recortes y la corrupción.

El coordinador federal de Izquierda Unida resumió la situación, muy acertadamente, diciendo: “Por boca de González y sus tropas habla la oligarquía cómoda con un gobierno ladrón y corrupto como el del PP”.

Ahora es el momento en que la nueva gestora del PSOE hace malabarismos para forzar el tránsito de la negativa a la abstención pero, entre tanto, el Poder ya ha conseguido instalar en el colectivo de los españoles que la responsabilidad se llama abstención, poniendo de manifiesto, una vez más, que los gobiernos y demasiados políticos no son sino los títeres que se mueven al ritmo que le marcan los hilos que maneja el Poder real, el que manda sin ser electo sino por ser poderoso, el Poder económico.

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