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Veritas est in puteo

Por David Acebes , 16 Mayo, 2014

   Según han informado diversas fuentes, la editorial Anaya destruirá todos sus libros de texto que contengan «referencias polémicas» a Lorca y Machado.

   Todo apunta a que el polémico libro afirmaba que Machado se fue a Francia “donde vivió hasta su muerte”, obviando su penosa travesía por tierras catalanas, que le condujo a una funesta muerte por agotamiento, apenas un mes después de cruzar la frontera.

   Sobre Lorca, el mismo libro aseveraba que “murió, cerca de su pueblo, durante la guerra en España”, omitiendo a sabiendas el crucial dato de que fue fusilado con vileza.

   Tal vez, los autores intelectuales de estos pequeños crímenes por omisión pensaron que estos detalles insignificantes resultaban demasiado duros para los frágiles oídos de un público infantil.

   Y es que todos sabemos que la historia se puede amañar. Allá cada uno con su historia. Lo que yo vengo a probar es que lo único que no admite tergiversación, amaños políticos o dobles lecturas, es la poesía. La buena y verdadera poesía.

   Leamos la última estrofa de un poema de Lorca, titulado Fábula y rueda de los tres amigos:

   «Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias.
Abrieron los toneles y los armarios.
Destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
el nombre de todos sus ahogados.»

   Queridos señores de la editorial Anaya, ven ustedes cómo no es necesario inventarse nada. Veritas est in puteo. La verdad está ahí dentro. En su poesía… Y en una fosa común, entre Víznar y Alfacar, junto al manantial que llaman la «Fuente Grande o de las Lágrimas». ¿Y quién mejor que el propio Lorca para contarnos como intuyó su trágico final? De una manera, por cierto, tan vívida y acertada, que hace que me cuestione quién necesita más.

   Por el bien de nuestros hijos, borren por favor esos dichosos párrafos suyos, esos párrafos que parecen escritos por y para niños tontos, y démosles a cambio un poquito más de buena poesía. La verdad nunca viene mal.

   Post-scriptum: A punto de enviar esta columna para su publicación, recordé un poema que escribí hace un par de años, en plena trifulca por la exhumación de los restos de Lorca, y en el que imagino al gran poeta granadino, hastiado ad infinitum en su fosa, esa de la que no hablan los libros de Anaya, y en el que grita –como diría él- con acento «aceitunado»: -¡Que me saquen de una vez!

A (la) F. (uente) G. (rande o de las) L. (ágrimas)

Tierra tan sólo. Tierra.
Al pie de tu fosa,
una fuente sangra.

Fuente del dolor.
Fuente de las Lágrimas.

Por acequias subterráneas,
tu voz de muerto clama:
-¡Que me saquen de una vez!
(Se lo pido por mi alma).

Tierra tan sólo. Tierra.
Al pie de tu fosa,
una fuente habla.

Bisbiseo termal
entre Víznar y Alfacar.

   Como ustedes ya se habrán percatado, el título de mi poema esconde un acróstico doble. Y es que la poesía nunca miente y resulta que el acróstico de Federico García Lorca coincide plenamente con el acróstico del lugar donde el poeta fue asesinado, esto es, F.G.L., la Fuente Grande o de las Lágrimas.

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