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Vanidad aplicada

Por Silvia Pato , 21 mayo, 2014

En el mundo de las aplicaciones para tablets y teléfonos inteligentes nos encontramos fuentes culturales y utilidades de todo tipo que nos facilitan la vida diaria. Sin embargo, un lado más frívolo y trivial asoma en nuestros aparatos si nos detenemos, por un instante, en aquellas dedicadas al reino de la imagen.

¿Se han preguntado alguna vez cómo es posible que las fotografías de perfil de muchas jóvenes que conocemos, con los rasgos redondeados del rostro propios de la edad, se muestren con unos exagerados pómulos marcados? Al margen de los programas fotográficos, las sencillas aplicaciones para retocar las autofotos y conseguirlo son una realidad; aplicaciones con las que parecer más delgada, y cumplir los cánones estéticos de cada temporada, que se han convertido en una auténtica fuente de negocio. SkineePix o Skinny Photo son algunas de ellas.

Así, la etapa de la vida en la que se debe crecer aprendiendo a quererse y aceptarse a uno mismo, se convierte para algunos en tiempo de alimentar la vanidad, a través de un aspecto ficticio que, con toda probabilidad, les conducirá a padecer, sino lo padecen ya, algún problema de autoestima. Por supuesto que a todos nos gusta vernos favorecidos en las fotografías que mostramos, pero no por ello tenemos que dejar de reconocernos en ellas ni de distorsionar nuestra realidad, ya de por sí única.

app-68002_640Tal ha sido la repercusión de este tipo de apps estéticas que Apple se vio obligada a retirar del mercado, hace apenas unos meses, el juego, recomendado para mayores de nueve años, Plastic Surgery & Plastic Doctor & Plastic Hospital Office for Barbie Version, debido a la denuncia de la plataforma Everyday Sexism Project.

Lo cierto es que la presión sobre la imagen femenina se ha hecho cómplice de la Red en un gran sector de negocio. De tal modo, no hablamos solo de un juego de cirugía para niñas, sino que tenemos similares características para adultas en aplicaciones como Boost your Beauty, con la que uno puede comprobar cómo quedaría después de una intervención de cirugía estética.

Restar importancia a esta proliferación de actitudes sobre el aspecto real, su percepción y el valor, relativo o no, que posee, no hará sino empeorar la situación. Si bien es cierto que por sí solo el uso de un perfil determinado en las redes sociales o de una aplicación utilizada eventualmente no provocarán problemas en las usuarias, no lo es menos que se producen en medio de un bombardeo constante de mensajes subliminales en series de televisión, anuncios publicitarios y comentarios desafortunados sobre la mujer de boca de famosos y políticos. Así pues, no estaría de más que, cuando se habla de estos temas, se haga teniendo en cuenta el contexto en el que se desarrollan, pues afecta a todos los ámbitos y no resulta una anécdota más en la inmensidad de la web.

Los nativos digitales pasan horas y horas delante de la pantalla de su ordenador relacionándose con otros, valorándose y midiéndose a través de sus imágenes, en edades en las que es muy fácil que un desequilibrio emocional pueda derivar en actitudes perniciosas. Ejemplo de ello es la relación que los especialistas han establecido entre el Facebook  y los trastornos alimenticios. Como siempre en estos casos, el problema no es la red social, sino el uso que algunos hacen de ella, y la posición en que las jóvenes, muchas veces voluntariamente, adoptan, prefiriendo ser elogiadas por una autofoto sensual que por un comentario o una contribución ocurrente, creativa o divulgativa. No es extraño si pensamos que entre todas las blogueras destacadas y cuyos nombres oímos por televisión, solo nos encontramos con aquellas que se dedican a la moda en todas sus vertientes, hecho muy respetable, pero que no debería ser excluyente de la labor de divulgación que realizan muchos hombres y mujeres a través de sus páginas web y que apenas tienen repercusión en los canales televisivos.

Al fin y al cabo, vivimos en un mundo en el que muchas personas no dudarían en entrar en un quirófano para cambiar algo de su físico, pero cuya preocupación por su cerebro no va en absoluto a la par con la que tienen por sus michelines.

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