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Un mundo de cibercondríacos

Por Silvia Pato , 7 mayo, 2014

Entre los males modernos que nos asaltan desde la Red, encontramos, como suele ser habitual, aquellos problemas que han existido toda la vida pero que se han extrapolado al universo digital. Así sucede con la cibercondría, otra nueva afección que todavía no se encuentra en el diccionario de la RAE, pero cuyo término ya se utiliza con frecuencia para referirse al síndrome que padecen aquellos que buscan la información y medicación de todo tipo de patologías a través de la web.

Los médicos alertan del aumento de los cibercondríacos en una sociedad en la que la mayoría tiene fácil acceso a Internet. Lo primero que hacen muchos de los inmersos en el mundo digital cuando tienen un problema de salud no es acudir al médico, sino a Google. Ante lo que leen, en cualquier tipo de página, sea especializada o no, la mayoría de ellos se convierten en auténticos hipocondríacos que creen padecer ya todo tipo de síntomas y alimentan estados de alarma que, la mayoría de las veces, poco tienen de real. Por si fuera poco, estas actitudes generan costumbres tan peligrosas como la automedicación, así como la compra de todo tipo de fármacos por la Red, donde a mayores de las farmacias online, existen canales de venta que carecen de control alguno.

tablets-106811_640En estos tiempos que corren todavía hay quien cree que absolutamente todo lo que aparece en pantalla es una verdad irrefutable, tumbando las barreras del espíritu crítico y de las fuentes de la información. De igual modo que hace décadas cuando algo se decía en televisión y se creía a pies juntillas que era verdad (quién no recuerda aquella frase de «lo han dicho en la tele»), en la actualidad, hablemos de salud, de noticias o de rumores, muchas personas han extrapolado esa actitud. No se debe pensar que esto sucede solo con aquellos que han crecido ajenos al mundo virtual, pues los nativos digitales tienden a ser los más crédulos.

Nunca tanto como ahora se han difundido leyendas urbanas a tal velocidad y con tal cantidad de credulidad. Jóvenes que reciben un wasap contando el hecho más descabellado, y lo dan por verídico. Y ellos mismos, así como sus abuelos creían a pies juntillas en la televisión, te discuten a capa y espada que si lo han recibido en sus teléfonos inteligentes son hechos incuestionables.

Así las cosas, seguramente, la mayoría de estos muchachos crédulos son los primeros candidatos para padecer cibercondría; personas que tienen más fe y más facilidad para relacionarse a través de una pantalla que en la vida real; gente a la que resulta más fácil vivir sin exponerse a otros y esconder su condición humana.  Porque por más que algunos parezcan existir en un mundo paralelo, con imágenes enaltecidas de sí mismos, con autofotos retocadas y estereotipos imposibles, no somos robots, no somos perfectos, no lo sabemos todo de todo, necesitamos el contacto humano, y si tenemos algún problema de salud, física o psicológica, no nos queda otra que acudir a los especialistas; después de todo, ellos también van al médico.

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