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Una cita para el verano, de Philip Seymour Hoffman

Por José Luis Muñoz , 19 agosto, 2014

una-cita-para-el-veranoEscasas son las películas dirigidas por actores que no sean notables, aunque hay alguna que otra penosa excepción reciente, el biopic sobre Charles Dickens que perpetró no hace mucho tiempo Ralph Fiennes, por ejemplo. A fuerza de ser dirigido uno puede pasar al otro lado de la cámara y dirigir también. Se aprende el oficio viéndolo, y sufriéndolo. El primero, y por desgracia, último film de ese gran actor que era Philip Seymour Hoffman, que nos dejó tan repentinamente en febrero del presente año, es una película más que notable. El intérprete de Magnolia es el arquitecto de esta obra de cámara impecable, con exactamente cuatro protagonistas y un par de secundarios—es la adaptación de una obra teatral del dramaturgo Bob Glaudini, autor también del guión, pero en absoluto es teatro filmado porque Philip Seymour Hoffman es un buen hacedor de imágenes—y con el escenario de fondo de la capital del mundo: New York.

Jack (Philip Seymour Hoffman) y Clyde (John Ortiz) son grandes amigos y comparten oficio en la misma empresa propiedad del Tío Frank (Richard Petrocelli): conductores de limusinas. Jack es un tipo retraído, torpón, lleno de complejos y que se relaciona poco con la gente. Clyde, por el contrario, es extrovertido. Lucy (Daphne Rubin-Vega), la esposa de Jack, trabaja como teleoperadora en una empresa funeraria regentada por el Dr. Bob Thomas (Thomas McCarthy), un jefe sobón, junto a su amiga Connie (Amy Ryan), cuya vida sentimental es muy poco afortunada. Clyde y Lucy hacen todo lo posible para que sus amigos Jack y Connie se relacionen.

Con esta trama argumental tan simple y escasamente original, Philip Seymour Hoffman construye un melodrama exquisito y emotivo sobre el amor,  la traición, la amistad y la superación—Jack aprende a nadar, gracias al empeño de su amigo Clyde que se desvive por él dándole clases en la piscina; Jack aprende a cocinar para enamorar a Connie—y lo hace, y ahí está el mérito, a través de cuatro tipos corrientes cuyas vidas tienen, a priori, muy poco interés para el espectador.

Philip Seymour Hoffman narra con sensibilidad y ternura el nacimiento de esa pareja, la formada por él mismo y Connie—las escenas de amor entre ellos dos rezuman humor y ternura—, y, al mismo tiempo, la desintegración de una que ya se ha gastado por el roce y las traiciones, la de Jack y Lucy; nace un amor mientras el otro muere. Una cita para el verano, título que nada tiene que ver con el original Jack goes boating, es una pequeña gran película sobre la complejidad de las relaciones sentimentales, los vaivenes emocionales y las facturas del pasado, que no decae en ningún momento y tiene su punto culmen en esa cena que con tanto esmero prepara Jack tomando clases de cocina y no sale como estaba prevista.

Repleta de pequeños detalles, que ayudan a perfilar a los personajes, bien dialogada y con muy buenas interpretaciones, la ópera prima de Philip Seymour Hoffman, y desgraciadamente la póstuma, cuenta además con una fotografía excelente de Mott Hupfel, muy cálida, y una banda musical extraordinaria de Grizzly Bear y Evan Lurie de jazz para piano.

Sobre Una cita para el verano planea constantemente, sobre todo en la concepción visual del film, en las secuencias potentes de la piscina, alegoría del afán de superación de Jack, la sombra alargada y magistral de Paul Thomas Anderson que dirigió a Philip Seymour Hoffman en The master. Seguramente el director de Pozos de ambición, que lo tuvo bajo sus órdenes en dos de sus mejores películas, hizo crecer el gusanillo de dirigir a este enorme y malogrado actor.

Título original: Jack Goes Boating
País: EE.UU
Año de producción: 2010
Género: melodrama superación
Duración: 89 minutos
Director: Philip Seymour Hoffman
Estreno en España: 15/08/2014

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