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Un vagón con vistas a la nada

Por Víctor F Correas , 23 octubre, 2015

Cuando te vienen días como el de hoy, veintitrés de octubre, te relames de satisfacción. Sobre todo después de días de penuria, de una alarmante pobreza de acontecimientos a reseñar. Por eso, coger un día como el de hoy es una gozada.

Que empieza, por empezar con algo, hace setenta y cinco años en un pueblecito de Francia cerca de la frontera con España. Allí se reunieron dos tipos con intereses distintos. Uno venía de guerrear y otro lo estaba haciendo; uno venía de ganar y otro estaba ganando; uno quería del otro lo que el otro no quería darle al uno. Cuentan los presentes que el día fue espléndido, un sol radiante poco usual para estas fechas. La ocasión lo merecía: de un lado, el Caudillo por la gracia de Dios y vencedor de la cruzada nacional –escribieron los cronistas de la época- y del otro el líder llamado a instaurar un régimen de mil años de duración, como poco, y cuya bota casi había aplastado a todo un continente. El Caudillo por la gracia de Dios llegó tarde porque las vías españolas daban lo que daban de sí; nada de poner nervioso al líder del régimen de los mil años ni conspiraciones noveleras. Ya reunidos en el vagón de un tren, el Caudillo por la gracia de Dios exigió territorios en el Norte de África y Gibraltar, por supuesto, por entrar en la guerra junto al líder del régimen de los mil años de duración. Amén de que el país del Caudillo necesitaba de todo, devastado por una guerra que mató a hermanos, padres y a todo aquel que se movió más de la cuenta aunque no quisiera. El líder del régimen de los mil años quería metido al Caudillo en el fregado que le ocupaba en Europa, pero la cosa no avanzaba. Tras horas de charla, el líder del régimen de los mil años se levantó y abandonó el tren en el que se citó con el Caudillo por la gracia de Dios sin resultado claro alguno. Tenía cosas importantes que hacer Adolf Hitler. Francisco Franco, por su parte, regresó a España tal y como llegó a Hendaya. En tren, por supuesto.

 
Más. Hace cincuenta y nueve años, los húngaros gritaron que hasta allí habían llegado. Budapest fue un clamor: estudiantes, intelectuales y obreros se manifestaron pidiendo el fin de la dominación soviética y del gobierno estalinista que dirigía el destino del país. La chispa había prendido. Lo que vendría después lo contaremos poco a poco, pero es de sobra conocido. Los rusos, que no se andaban –ni se andan- con tonterías, cortaron aquello por lo sano. Os emplazo al cuatro de noviembre. Un buen momento para recordar aquello de citius, altius, fortius, ya aviso.
De sangre anda sobrado el día. Tropas encabezadas por el general MacArthur y japonesas se liaron a tiros, cañonazos y toda suerte de arma ligera o pesada tal que hoy hace setenta y un años en tres frentes distintos en el Golfo de Leyte, una isla filipina. Durante tres días se dieron de lo lindo. La escena, para verla: cientos de buques de guerra y miles de aviones despanzurrándose a lo bestia, con avaricia. Ganaron las tropas de MacArthur. Y algo más lejos y dos años antes, en 1942, el mariscal Montgomery miró al cielo, dominado por una magnífica luna llena, y decidió ir al encuentro de su admirado enemigo Erwin Rommel. Comenzaba la batalla de El Alamein.
 
Y para terminar el día, cómo no, más sangre: la que se derramó en la segunda batalla de Filipi, en Macedonia, tal que hoy hace dos mil quinientos siete años, donde los ejércitos de Marco Antonio y Octaviano se dieron hasta en el cielo de la boca con las fuerzas de Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino. Estos últimos –los asesinos de Julio Cesar. Valga como apunte- corrieron suerte dispar: el primero murió tras la primera batalla, y el segundo prefirió comprobar cuan frío era el acero de su propia espada antes de ser capturado. Formas de morir. Cada uno elige –si puede- la que más le gusta.
 
De los nacimientos, dos de postín. Dos reyes, además, cada uno en lo suyo. El primero, por darle patadas a un balón. En Tres Coraçoes (Brasil) nacía Edson Arantes do Nascimento hace setenta y cinco años. Do jugador, Pelé. Y la otra, además de reina y esposa de rey, también fue madre de otro rey. Bellísima, discreta, fiel acompañante de su marido y regente cuando el otro se largaba del país para guerrear contra quien se lo pidiera, murió joven. Una pena. Hoy hace quinientos doce años que nació Isabel de Portugal en Lisboa, esposa de Carlos I y V de Alemania y madre de Felipe II.
 
Sed buenos y felices si podéis… U os dejan 😉

 

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