Un once de septiembre |
Portada » Columnistas » La bitácora del emperador » Un once de septiembre

Un once de septiembre

Por Víctor F Correas , 11 septiembre, 2015

Día con enjundia el de hoy. De esos con los que los historiadores se relamen de satisfacción, tal es la concentración de acontecimientos ocurridos un once de septiembre. Todos luctuosos, negros, a cada cual peor; una concatenación de afrentas, posiblemente, sin parangón en otros días del calendario.

Sin ir más lejos, por la proximidad y el escalofrío que provocan las imágenes captadas por decenas de cámaras, el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono, en EE.UU. Eso ocurrió hace catorce años. Los aviones impactando contra las torres, las bolas de fuego resultantes de los impactos, los desesperados intentos de los ocupantes de los edificios por sobrevivir asomando por las ventanas, los cuerpos de los que eligieron la mejor manera de morir cayendo al vacío, las moles de hormigón, cristal y acero desmoronándose como un castillo de naipes… Y George W Bush, presidente por entonces de los Estados Unidos, leyendo un libro al revés en una escuela infantil y componiendo un gesto de no enterarse de qué iba la película cuando se le comunicó la noticia. Puro terrorismo y una posterior guerra en Afganistán como represalia por la salvajada cometida en Nueva York. Y ahí anda la cosa catorce años después; esperando el mundo seguro en el que se nos prometió que viviríamos. Se sigue buscando, igual que hace U2. Paciencia.

La siguiente, hace cuarenta y dos años, cuando el presidente electo de Chile, Salvador Allende, del que dicen que prefirió el suicido a ver lo que el destino deparaba a su país. Cada uno es dueño de su hambre y su muerte, y Allende dicen que eligió. Después, el general Augusto Pinochet se afanó en aniquilar la democracia; fenómeno que nunca ha gozado de buena salud allende el Atlántico por mucho que la mona se vista de seda. Hay que reconocer que Allende se lo ganó a pulso: un marxista elegido democráticamente en las urnas que respetó la ley, nacionalizó los grandes negocios en manos extranjeras, redistribuyó la tierra… Provocar es lo que tiene, que encabronas a la gente y luego pasa lo que pasa. Si es que no aprendemos.

Y sigue la fiesta: hoy hace trescientos un años que Barcelona se rindió a las tropas borbónicas comandadas por el duque de Berwick. Felipe V pudo decir, al fin, que era Rey de España, y ahí quedaron los polvos que hoy traen los lodos ya conocidos. Lodos que tienen cada día peor pinta, dicho sea de paso.

Toma de Drogueda.

Toma de Drogueda.

Y la diversión continúa, oigan: hace trescientos sesenta y seis, Oliver Cromwell entró a sangre y fuego en la ciudad de Drogueda con el fin de sofocar la rebelión monárquica irlandesa. Una joya: mandó ejecutar a todo aquel o aquella que encontró en la ciudad y quemar la iglesia de San Pedro, en la que se había refugiado la población civil. Días más tardes, toda Irlanda quedaría en manos inglesas.

Para bajar un tanto la cosa, aquí viene Benito Mussolini, al que hoy hace ochenta y nueve años se intentaron quitar de en medio en un atentado del que salió ileso –no así ocho transeúntes que paseaban por la calle. La suerte, que es así de macarra-. Mussolini aprovechó que el Pisuerga pasa por Valladolid para cerrar periódicos de la oposición, disolver partidos políticos y organizaciones no afines a su régimen, perseguir a sus afiliados y dirigentes, restaurar la pena de muerte y crear tribunales especiales para la defensa del Estado. Y eso que salió ileso.

Y una más para terminar: William Wallace –sí, Braveheart-, derrotó tal que hoy hace setecientos dieciocho años a las tropas de John de Warenne en la batalla del Puente de Stirling, ganándose así el reconocimiento de la nobleza escocesa.

Tan completo viene el día, que despidió hoy hace cuarenta y cuatro años a un icono de la Guerra Fría: a Nikita Khrushchev, máximo dirigente de la Unión Soviética entre 1953 y 1964, que se encargó de depurar los excesos de Stalin y de acercar posturas con el Occidente capitalista, además de algún que otro zapato al estrado cuando quería recalcar sus opiniones y/o argumentos.

Al menos nos queda el consuelo de que hoy hace ciento treinta nació David Herbert Lawrence, uno de los más influyentes escritores en lengua inglesa del siglo XX. Algo es algo.

Deje un comentario