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Un fin de semana de sonrisas y lágrimas

Por Imanol Yunta , 19 mayo, 2014
Novak Djokovic y Rafa Nadal

Novak Djokovic y Rafa Nadal

El deporte es una moneda al aire que cae de canto y termina cediendo hacia uno de los dos lados, a veces por puro azar. Una línea entre el éxito y el fracaso, un camino hacia el cielo o el infierno, permítanme la exageración. Y siempre con un mismo final: sonrisas en un lado, lágrimas en otro. O por lo menos alegría y tristeza.

Y no es el final de la Liga (¡por fin!) el que inspira esta reflexión, sino el deporte, en todo su esplendor, en un fin de semana plagado de competiciones, carreras y retos en cualquier lugar del mundo, desde una estación de esquí de los Apeninos, el estadio José Zorrilla, el circuito de Le Mans o la cima del Kanchenjunga, a donde, por cierto, Carlos Soria llegó por fin a los 75 años. Álex Txikon también lo intentó, por la otra vertiente, y se quedó a 2 horas de la cima. Es este, el alpinismo, un deporte en el que no hay perdedores, por lo menos tal y como los entendemos en otras disciplinas.

Pero en la mayoría de deportes sí los hay. Nadal contra Djokovic en la final del Masters de Roma, los Heat frente a Indiana en la NBA, Malacarne contra Weening en el Giro o Lorenzo contra Márquez en Le Mans. Allí donde hay un ganador, hay un perdedor.

En el fútbol se dan las sonrisas más amplias, la euforia colectiva, de saltar y gritar de alegría y celebrarla el éxito en una fuente con 200.000 personas(véase el Atlético de Madrid, también los salvados Granada, Getafe, Elche o Almería). Tanta alegría a veces termina en lágrimas (como Lucas Alcaraz, llorando como los aficionados del Valladolid o de Osasuna o las aficionadas del Hull City, con sus bigotes pintados como tigresas difuminándose por los lagrimones, después de perder la final de la Copa de Inglaterra). Incluso hay lágrimas, las de Diego Costa, en el equipo más feliz del mundo.

Arsène Wenger, el tipo más calmado y sereno que uno se pueda encontrar, terminó manteado por los aires de Wembley después de hacer al Arsenal campeón, nueve años después. También fue campeón Pep Guardiola y su Bayern, igual que el Benfica, que reserva los disgustos para Europa, y la Juve, con Pirlo, frente a la decepción del  Milan, fuera de Europa, por primera vez desde el año 1999. Y campeones también al otro lado del Atlántico, River Plate en este caso, después de su particular calvario en Segunda.

Pero si el fútbol es el deporte rey, la república del baloncesto encumbró al Maccabi de David Blatt y dejó la otra cara de la moneda para el Real Madrid de Pablo Laso, otra vez segundo, otra vez derrotado y tropezando con la misma piedra: un equipo inferior que cree más, lucha más y acierta más el día “D”. El Maccabi era el rival más débil de la Final Four de la Euroliga y se llevó por delante a los dos equipos favoritos. Deporte, en todo su esplendor. Ganó uno, el más pobre, y perdieron tres.

Ellas (que machista  está quedando esto) también sonrieron y lloraron. Serena Williams, campeona del Masters de Roma, afianzó su número uno mundial. Y Azarenka se lesionó y se perderá Roland Garros. Y otras muchas, como el Barça femenino dando el primer paso en busca de la Copa de la Reina. O los play-off de ascenso por jugar contra las todopoderosas blaugranas en la Primera femenina de fútbol.

La misma historia a lo largo y ancho de la geografía mundial y en todos los deportes, disciplinas y categorías que se puedan imaginar.  Unos ganan, otros pierden. Aunque a veces perdemos todos, pues hay noticias que nos tuercen el gesto a casi todos por igual.

No volveremos a ver al legendario jugador de rugby Johnny Wilkinson patear con su pierna izquierda. Un mito que deja este deporte, después de una carrera que tuvo su punto culminante hace ya más de 10 años. Un espectáculo verle patear, pero tenía ya 34 años.

Y otro proyecto de mito que no lo ha llegado a ser (su corazón no le ha dado tiempo) es Niels Albert. Pocos serán los que lo conozcan, pues lejos de los grandes focos hay un deporte llamado ciclocross, que combina la bicicleta y la carrera campo a través, el hermano pequeño del ciclismo. Una cola de ratón, vaya. Pero en Bélgica este deporte es casi religión (audiencias del 60%, circuitos a reventar de gente,…) y ha perdido hoy a uno de sus grandes ídolos, que lo deja a los 28 años por unas arritmias que pueden provocarle un fallo mortal.

Era un deportista con don, capaz de grandes cosas e iba a suceder a Sven Nys como gran dominador de este deporte. Eso ya no podrá ser, como ha desvelado hoy ante la prensa entre lágrimas. Esas son las lágrimas más duras,la tristeza de la incertidumbre, el vacío del deportista que ya no puede hacer lo que le gusta. Pasado mañana en Pamplona ya están pensando en el ascenso, en resurgir. Albert seguirá tirado en la cama pensando “¿por qué a mi?”

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