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Un atardecer en silencio

Por Eley Grey , 11 octubre, 2014

      Dibujaba círculos concéntricos en la blanca y lisa superficie con la mirada perdida en el horizonte. Su muñeca giraba sin encontrar el final del movimiento, la última parada. Sujetaba el color sin fuerza y el trazo sobre el papel parecía un suspiro, un suave roce fortuito.
El portazo consiguió devolverla a la realidad: al silencio de las personas. El silencio con ella. Sólo para unos pocos parecía ser visible: algunos como ella y los perros de la calle, que se le acercaban cuando pasaba por la acera de camino al parque. En el parque los niños jugaban con las niñas y todos reían. No dejaba de sorprenderle el sonido de sus risas, la curva de sus labios y el brillo de sus encías. Cada día las mismas imágenes, escenas repetidas. Solía fijar sus gafas sobre el puente de la nariz en un vano intento por ubicar la lente. Esperaba que con un cambio de posición la rutina diaria fuera distinta.
Los pasos desconocidos se acercaron con una pesada cadencia en la zancada. Al otro lado de su cristal una cara sonriente le hablaba sin hablar. Se sentó junto a ella con un torpe movimiento, señaló los círculos concéntricos de la hoja y cogió un color de la caja. La desconocida se concentró en cada uno de sus gestos y consiguió apoyar el lápiz sobre el papel. Alrededor del dibujo inicial fue trazando, en líneas cortas e irregulares, los rayos de un sol como el del horizonte que lentamente iba despidiéndose de ellas.

Hoy ha sido el día internacional de la niña y el día internacional para “salir del armario”.  

En el cuento de hoy no podían faltar dos niñas enamoradas.

Foto de Maribel Cano

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