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TRAS LAS ELECCIONES DEL 20D

Por Agustín Ramírez , 26 enero, 2016

Pasadas las elecciones del 20 de diciembre, viendo los resultados desde la inmediatez de la aritmética parlamentaria, y teniendo en cuenta lo importante de este momento político, no es tan relevante la aritmética de los escaños para poder formar gobierno, como las bases, las ideas, y las acciones en las que cualquier posible coalición se debería apoyar.

Si al resultado electoral, que refleja la desaparición de un bipartidismo partidista sumamos la incidencia de la situación catalana, no me queda sino dar la razón al profesor Sánchez Cuenca que al hablar del resultado electoral comentaba que parecía que había sido el resultado de la intervención de un espíritu maligno y burlón.

Tras la ronda de consultas del Rey, la formación de gobierno sigue en el aire; a la propuesta matutina del líder de Podemos de formar gobierno con el PSOE e IU le ha sucedido la renuncia vespertina del líder del PP a formar gobierno de momento –el espíritu maligno y burlón sigue instalado en la política española, o eso parece- y las especulaciones en los medios de comunicación se multiplican.

Pero vayamos un poco más allá de la aritmética de los escaños y las mayorías y fijémonos en las ideas, las propuestas y las trayectorias de los partidos.

Parece indiscutible que tanto el Partido Popular como Ciudadanos son partidos que no cuestionan las exigencias de la Troika, pueden introducir matices pero, en lo fundamental, sus políticas no cuestionan las instrucciones de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

El Partido Socialista Obrero Español aparenta moverse a caballo entre el acatamiento a las instrucciones de la Troika y la introducción de reformas que suavicen los daños sociales causados por las políticas de austeridad impuestas, pero siempre con el objetivo de dar satisfacción y “no enfadar” al poder real que emana de las tres organizaciones citadas; además, conviene recordar el acatamiento inmediato de las instrucciones que de ellos recibieron y aplicaron en el año 2011: congelación de pensiones, recorte de sueldo a los empleados públicos, recortes sociales y, a más, la reforma del artículo 135 de la Constitución condicionando el desarrollo –con marcha atrás- del Estado del Bienestar y priorizando quienes serían los primeros a la hora de cobrar la deuda, establecida y controlada desde Bruselas. Tampoco conviene olvidar que el actual líder del PSOE votó a favor de la citada reforma, ya no es que votara en contra, ni tan siquiera tuvo la mínima decencia de ausentarse como hizo algún compañero suyo.

Podemos e Izquierda Unida sí plantean otro tipo de política, aunque en el caso del primero hay que recordar los sucesivos recortes electorales de sus programas a medida que iban avanzando las elecciones. Su posibilismo electoral parece cada día más evidente; tan es así que han pasado de negarse en mítines de hace semanas a formar parte de cualquier gobierno que presidiera el actual líder del PSOE a ofrecerse hoy a formar parte de uno, en el que ellos, con la vicepresidencia en la figura de su secretario general, presumen de que serían la garantía del cambio; Izquierda Unida sí se ha manifestado a favor de ese alternativo gobierno tripartito y su programa electoral así lo manifiesta, pero está condicionada no solo por su escasa representatividad sino por mantener una actitud mendicante ante Podemos, a pesar de todos los insultos y varapalos que de ellos ha recibido.

Respecto de la territorialidad de España y como encajar el problema de Cataluña, los bloques varían, solo Podemos e Izquierda Unida son partidarios de un diálogo para buscar los mecanismos legales que permitan el encaje de las nacionalidades históricas en un Estado llamado España; en este punto las posiciones de PP, PSOE y Ciudadanos son más numantinas.

Es decir, hay un bloque en lo social y económico y otro diferente respecto del problema de Cataluña hoy y mañana de País Vasco y Galicia.

Todo lo anterior no es sino una visión general del panorama político que existe y de las dificultades para la formación de gobierno, sea el que fuere, pero quiero recordar, que ya se empiezan a manifestar las presiones que se reciben en aras de un gobierno estable por parte de quienes de verdad mandan, ordenan e imponen. La UE y el BCE ya se han manifestado a favor de una política económica continuista: la precariedad laboral, los recortes salariales, la reforma de las pensiones, la cada vez menor cobertura del desempleo, el fomento de planes privados de pensiones, el recorte de los servicios públicos y más. Todo ello debe continuar bajo la eufemística expresión de la “consolidación fiscal”; los González, Guerra y demás gurús del mal llamado socialismo ya están despertando y opinando a favor de unas políticas determinadas y continuistas.

Finalmente, a los partidarios del cambio quisiera recordarles la experiencia de Grecia, y la situación actual, que ya se conoce en la práctica, significa que enfrentarse a la Troika supone un camino duro, difícil y largo donde, o hay un plan B y el pueblo lo conoce, lo asume y lo apoya, y que se debe de explicar paso por paso con toda su crudeza, o se repetirá la experiencia griega que tan amargo sabor de boca nos ha dejado, mostrando la verdadera cara y las verdadera intenciones de quienes de verdad detentar el poder, NO EL GOBIERNO, SINO EL PODER.

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