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Sin corazón

Por José Luis Muñoz , 6 noviembre, 2015

SIN CORAZÓNCuriosa esta foto que veo reproducida en un diario, en el que tres tipos se llevan la mano a un corazón que no tienen, y a alguno hasta le falta la cabeza. Los tres se saltaron todas las leyes posibles, así es que bajo esos trajes impecables hay tres forajidos que en el salvaje Oeste habrían sido colgados a las afueras del pueblo.

El primero de la izquierda, Donald Rumsfeld, es el más inteligente del nefasto trío. Si le ponemos un traje de las SS encima daría el pego. Como Secretario de Defensa dio crédito a una conversación de un taxista iraquí que le dijo a alguien que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva, y se encargó él, masivamente, de destrozar un país de arriba abajo seguramente para siempre. Sadam Hussein tenía las armas que tipos como Rumsfeld le vendieron. Así de simple y crudo fue el asunto. Y para impedir que hablara el sátrapa, lo colgaron rápido.

El del medio pinta y podría hacer una exposición conjunta con Celia Giménez, la autora del Ecce Homo. El mundo perdió a un gran dipsómano y ganó a un nefasto presidente iletrado que cogía los libros al revés de tan familiarizado que estaba con ellos. Este hombre sin piedad, que reza y se atraganta con pretzels, pero no suficientemente, firmó durante un buen montón de años decenas de penas de muerte en el estado de Texas del que era virrey sin tener piedad de ninguno de los reos. Como presidente de la nación no le importó sacrificar la vida de 4.000 de los suyos y 400.000 de los otros por turbios negocios. La guerra ilegal de Irak es uno de los más lamentables episodios de la política exterior norteamericana de la que nace, entre otras cosas, ISIS. En tono apocalíptico se inventó el famoso Eje del Mal, como si estuviéramos en la Guerra de las Galaxias. Contaba  chistes mientras ordenaba la muerte de cientos de miles de inocentes. Muchos nos preguntamos por qué no siguió dándole a la botella. Su padre opina que fue un imbécil, con palabras cariñosas.

El tercero de la fila representa la fuerza bruta. Dick Cheney fue el único vicepresidente de Estados Unidos que mandaba más que el presidente. Preparó la invasión de Irak y su posterior destrucción como una gran operación financiera para su lucro personal y de sus amigos. Primero arrasar y luego viene él y sus chicos a construir, y un ejército privado a vigilar, y a repartir el botín. Principal impulsor de la técnica del ahogamiento simulado, una tortura que los muchachos a sus órdenes aplicaron sin tener problemas, la sigue defendiendo sin reparos y sin que la justicia de su país haga algo al respecto. Cheney es, además, un bocazas y un matón de tres al cuarto con aspecto de mafioso de película de Scorsese. Suya es la frase de que habría que reducir al estado a la mínima expresión, jibarizarlo, para ahogarlo en una bañera. Eso intentó para forrarse el culo de hierro.

Y esos tres tipos se llevan la mano al corazón que no tienen. Y el del medio, ni cabeza.

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