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Silencio

Por Oscar M. Prieto , 21 mayo, 2020

Considero que el ruido físico y también el metafórico son enemigos de lo bueno que hay en el ser humano. La senda del ruido nos confunde el hacer. Para Benedetti, los ruidos secundarios nos despistan y sortean el verdadero estruendo universal, nos engañan para no poner el hombro donde verdaderamente es necesario. El ruido puede llegar a ser un instrumento criminal, bien lo sabía Mao cuando quiso acabar con los pájaros y con su canto.

Amo el silencio. Agradecimos el silencio los primeros días, cuando creímos que se trataba de una especie de aventura, de acampada, lo de estar en casa, como un maratón de palomitas. Lo confundimos con un silencio sanador. Sin embargo, el silencio se ha ido convirtiendo en una sombra amenazante. No es fértil, como el odre que contenía los vientos del dios Eolo. No es creativo, vientre de las grandes obras, ni es el silencio de quien habiendo comprendido ya, moldea la idea, igual que el alfarero el barro. No es el silencio de quien piensa, sino el del encerrado en la prisión de una obsesión, impedido por ello de pensar. Tampoco es el silencio hermano del descanso, una vez cumplido el trabajo, ese silencio que es bálsamo y alivio, que trae consigo calma y serenidad. Definitivamente, no se trata del silencio paciente de quien aguarda amablemente, de quien da tiempo generoso al otro ni el del caminante que lleva ventaja y espera a que le alcancen.

Como un vertido de petróleo que se extiende en el mar, este silencio es arte de las alimañas. Silencio fugitivo, silencio de quien se ha escondido, de quien tiene miedo y no tiene respuestas, de quien nada comprende, de quien, paralizado, no se mueve, de quien no se atreve. Es un silencio forzado, amordazado, esclavo, que es peor que todos los ruidos. Silencio ladrón y atracador que nos roba ilusiones y esperanza, madres ambas del futuro, que desvalija las casas de alegrías y de ganas. Silencio agujero negro que devora toda la energía.

Ha llegado el momento de enfrentarnos a este silencio enemigo que vuelve flácidos los músculos, con coraje, desde un nuevo silencio, ese que precede al disparo con el que da comienzo la carrera, y tenemos que estar todos preparados, en tensión, como auténticos atletas de la carrera arriesgada y valiente de la vida.

Salud.

www.oscarmprieto.com

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