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Ser choni tiene su encanto

Por Anna Genovés , 6 enero, 2020

Cuando escuché choni por primera vez, desconocía los muchos significados que, a fecha de hoy, tiene. Simplemente pensé que hablaban de alguien que se llamaba Concepción; un nombre propio bastante corriente en la antroponimia española. Sin embargo, comprendí que se trataba de algo más. Entonces, me propuse buscar el verdadero origen de este vocablo tan pródigo en nuestra lengua.

Dentro del universo cibernético he encontrado innumerables artículos y datos sob

re sus muchos significados. Pero, ¿cómo, cuándo, dónde y por qué nació esta palabra? Lo primero que hice fue buscar en distintos diccionarios.

La RAE la admitió en 2014 con estas dos acepciones:

 

Interesante. Muy interesante… Seguí mi búsqueda sobre la primera acepción y encontré significados variopintos con ligaduras comunes:

 

 

Dejando aparte los glosarios en los que aparecen simplemente las definiciones de este primer significado, opino que, tal vez, el segundo concepto, sea una degradación gramatical o una evolución lingüística y chimpún.

Si profundizamos un poco en la historia de esta primera acepciónde la RAE, encontramos que choni es una palabra de uso canario para referirse a los extranjeros. O sea, que semánticamente es el equivalente a la palabra extranjero cuyo origen se remonta a un nombre bastante común entre los anglosajones como es Johny. ¡Ojo! Es una palabra masculina. Pues Johny es un nombre de varón, y cuando se usaba como tal, se hablaba de un hombre.

Con todo, en el habla canaria Johny derivó en choni, palabra unisex se llame como se llame la persona. Igualmente, su plural: chonis. Tiene su gracia, por chonis los canarios solo se refieren al conjunto de guiris –personas, no cosas—. No obstante, si recurren a extranjero, pueden emplearlo para personas y objetos.

Por tanto, la cadena evolutiva del significado choni en Canarias fue, más o menos, el siguiente:

  1. En una fase inicial los canarios empleaban la palabra choni como los ingleses emplean Johny como nombre propio. Es algo comparable al ceceo andaluz. Un sevillano, por ejemplo, en vez de decir ‘casa’ pronuncia /káza/ con toda su gracia.
  2. Seguidamente, los canarios, usaron la palabra choni para nombrar a todos los ingleses se llamaran o no Johny –nombre masculino, utilizado solo para hombres.
  3. En un tercer paso, aplicaron la palabra choni para nombrar tanto a mujeres como a hombres británicos.
  4. Para finalizar, el vocablo choni se extendió a todos los extranjeros.
  5. Después de esta etapa, resultó que el término /chonj/ se convirtió en un equivalente de la palabra extranjero. Y como curiosidad, decir que algunos canarios en vez de chonis dicen chones a cualquier extranjero que camine por sus islas.

Claro está que esta conversión se inició con la primera oleada de turismo europeo a Canarias allá por la década de los 60.

 

Ahora, voy a fijarme en la segunda acepción de la RAE y en el salto conceptual de la misma…

En 2009 Rosa Trapiello en un artículo que publicó para el diario La nueva España señaló, poniendo el grito en el cielo que, los cambios de la sociedad y la proliferación de tribus urbanas, entre ellos un grupo denominado chonis, eran poco menos que un peligro para nuestro país. Y cito textualmente…

… “La definición de choni es más o menos la de chica a la que le gusta mucho comprar ropa, pero dentro de sus limitados recursos económicos; no sabe combinar colores ni modelos; viste minifalda, minishorts y medias brillantes con botas de plástico; aficionada al botellón, a ir a Bershka, a Stradivarius y a los mercadillos. También se las denomina chungas, payas o poligoneras, y algunas series de televisión están haciendo mucho por fomentar esa tribu: el chicle siempre en la boca y, por supuesto, la boca abierta. Su lenguaje es inimaginable y dicen sin rubor que les gustan las «cocretas» y las «almóndigas», si alguna vez leen es sólo la revista «Sorpresa» y el «¡Qué me dices!», llaman a sus amigos-as con un «la» delante: la Mari, la Jenny, la Vane o la Chusa y los estudios los dejaron sin el Graduado Escolar.

El panorama es desolador porque es un colectivo grande, pero en los tiempos que corren de lo políticamente correcto nadie se atreve a decir lo que mucha gente está pensando: ¿con una sociedad así dónde vamos a llegar?, ¿con semejante formación a qué se puede aspirar?

La sociedad política dice cosas como que los jóvenes deben identificarse con grupos a los que pertenecer, que debemos dejarlos realizarse en su forma de vestir y expresarse, y series como «Aída» y películas como «Yo soy la Juani» de Bigas Luna hacen lo propio fomentando una forma de vida que no es precisamente lo que a una le gustaría para alguien a quien tuviese en consideración.” …

Con todos mis respetos, me parece un artículo lleno de prejuicios y perjuicios. A ver, en el contexto de la moda, ¿quién tiene el poder de decidir lo que es de buen gusto y lo que no? ¿Las celebrities? ¿Los diseñadores? ¡Por favor! Cada uno tiene su gusto, pues los cánones de belleza difieren dependiendo de muchos factores. Menos mal, porque de lo contrario sería como vivir uniformados. Me da tiricia solo de pensarlo.

Con respecto a la forma de hablar, particularmente, me desagradan las perversiones de la lengua. Pero, de igual modo que Arturo Pérez Reverte dice: “Es un error mirar el pasado con ojos del presente”. Opino que con el futuro sucede lo mismo. Y el grupo urbano que aparece en el film de Bigas Luna Yo soy la Juani, con sus modelitos y sus hablas, nos guste o no, son el futuro. ¿O es que el Cervantes hablaba el mismo castellano que en la actualidad? Seguramente que si se levantara de la tumba se horrorizaría al vernos y al hablarnos. Algo similar les sucede a las personas que no están abiertas a los cambios. Y si no cambiamos no evolucionamos. ¿Mejor volver a las cavernas?

Por otro lado, en otros escritos al respecto, las chonis son particularmente de etnia gitana o merchera. Tampoco aclara el motivo de este cambio tan significativo; seguramente porque, la autora del artículo, desconocía el sentido primigenio del vocablo en cuestión. Después de leer y releer este y otros reportajes, me inclino a pensar que este cambio conceptual de la palabra choni ha venido por caminos diferentes, importado –claro está— de Las Islas Canarias a la península y de aquí, a todo el planeta. El nexo común de la mayor parte de sus significados, se emplee para chicos o para chicas; pues es un concepto unisex, es que la mayoría son de clase obrera, tienen pocos estudios y mal gusto. Por tanto, sería algo así como el opuesto a pija/pijo.

Ahora bien, por mi experiencia, me inclino a pensar que, probablemente –esta reflexión es a título personal—, la transformación ha podido ser la siguiente:

1-   En las décadas de los 70/80, a los guiris se les consideraban extravagantes e incluso horteras, garrulos… Claro que, por aquel entonces, con lo catetos que éramos en España, ver a personas de rasgos diferentes a los nuestros y hablando inglés, alemán, francés u otros idiomas europeos, y vestidos como les venía en gana tuviesen veinte años u ochenta años, podía resultar un tanto pintoresco. Lo que pudo dar pie a esta extensión gramatical del concepto inicial de la palabra canaria choni.

2-    Así mismo, como señalé al inicio, Choni también es el hipocorístico de Inmaculada Concepción o más comúnmente Consuelo, Chon, Concha. Choni sería algo así como Consuelín,  Consuelito, Conchí, Conchita… Y, como a los españoles nos gustan los adjetivos desdeñosos –que mala pata—, resulta que Choni, en este aspecto, sería análogo a decir Maruja o Charo. O sea, que las marujas y las charos, también pueden ser chonis por uno u otro motivo. Un peyorativo que varía según la edad de la agravada –en este ejemplo es un concepto puramente femenino—. Así pues, por generaciones, choni se emplearía para las hijas, charo para las madres y maruja para las abuelas. Y llamarte Maruja es decirte…

Aquí se atisba ese vínculo descortés de uso, por lo general, entre las generaciones maduras y pudientes para referirse a sus opuestas de clase media o baja.

 

3-    Los más snob directamente entienden choni como una palabra derivada del concepto inglés chav, chava, charva o charver; jóvenes de clase obrera y con pocos estudios, que visten de marca, están desempleados, se desenvuelve en ambientes problemáticos y le agradan las peleas. Algo así como cani, poligonero, mascachapas. Concepto, aquí, masculino por lo general. Pero, opino, que choni no deriva de chav, sino del significado primigenio canario. Si bien están enlazados  por el mero hecho de tratarse de jóvenes de clase baja.

En realidad, el español, es tan rico en sinonimia que una misma palabra puede tener numerosos significados, lo que puede derivar en complicaciones lingüísticas, gramaticales y conceptuales.

Sea como fuere, la palabra choni da para mucho y juzgar a las personas por su procedencia o por su vestimenta, es algo que deberíamos olvidar. Está mal que lo diga, pero, personalmente, me incomodaría más desayunar con Tamara Falcó que cenar con Rosalía. Lo importante no es el cómo exterior sino el interior.

Ahora, sí le veo los cuernos al toro de por qué la primera acepción de la RAE sobre la palabra choni se ha extendido a los confines del planeta con la segunda acepción u otros conceptos. Y, como aquel, cualquier lengua viva está en continua evolución.

Actualmente, choni con uno u otro significado, es una palabra que ha traspasado idiomas y fronteras. Por suerte, sin esa alusión despectiva que tuvo en décadas anteriores. Me alegro, porque tod@s somos un poco chonis en algún momento. Y, la verdad, ser choni tiene su encanto.

@Anna Genovés

4/01/2020

Versión ampliada en mi blog personal: Memoria perdida el blog de Anna Genovés

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