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San Valentín sin corazones rojos (ni dinero en el bolsillo)

Por Paloma Aparicio , 5 Febrero, 2014
Imagen de la pelicula Up

Imagen de la pelicula Up

 

Comienza el mes de febrero y los escaparates de los centros comerciales acuden puntuales a su cita con San Valentín. El consumidor medio, ese que aún no se ha repuesto del dispendio navideño, se ve bombardeado por mensajes repletos de amor, corazones rojos y Cupidos de dulce apariencia, aunque armados con arcos y flechas. Partiendo de la base de que toda concepción e idea sobre la pareja es respetable si ambos miembros están de acuerdo; de que el debate sobre la celebración o no de esta fecha es estéril, puesto que se cimenta en decisiones libres y personales, y de que consumir es bueno y necesario para la economía del país, pero acabamos de empezar el año y siguen sin salirnos las cuentas, quizá podemos contemplar otras opciones para festejar nuestros respectivos enamoramientos mucho más asequibles y, sobre todo, bastante más sentimentales. Aquí van algunas sugerencias:

Preparad una comida o cena especial con o sin velas, dependiendo del miedo que le tengáis al fuego, por supuesto, que a no todo el mundo le gusta comer con cierto riesgo de quemarse las pestañas. Ese plato que os recuerda a la primera vez que os fuistéis juntos de viaje, aquel canapé tan original que se incluía en el cóctel de vuestra boda, los macarrones con tomate y las empanadillas congeladas con los que os alimentábais durante los primeros cuatro (o cinco) meses de vuestra convivencia… cualquier receta vale si está dotada de algún significado para la pareja. Y para culminar el menú, ¿por qué no decidirse por una fondue de chocolate? Existen muchos y muy variados modelos de recipientes en el mercado, pero si no de dispone de ninguno en casa, se puede salir del paso fundiendo chocolate para repostería y remojando sin miramientos trozos de fruta. Sin duda, una manera deliciosa de rematar la velada.

Emulad a Jesse y Celine, los personajes de la trilogía de Antes del amanecer/atardecer/anochecer, y salid a dar un largo paseo. ¿Acaso hay algo más terapéutico que caminar sin rumbo con la persona que quieres mientras tratáis ambos de arreglar el mundo? ¿Acaso las películas, los libros, las manías del vecino del tercero, el mal juego de tu equipo de fútbol no se convierten en trascendentes temas de conversación durante estas caminatas? ¿No es verdad que los problemas familiares o laborales, el futuro incierto, las dudas sobre la crianza de los hijos se afrontan de distinta manera después de una charla distendida? Hablar desahoga y andar segrega endorfinas, así que la sensación posterior es absolutamente liberadora.

– Como buenos señor y señora Fredricksen, el entrañable matrimonio de Up, comprad una hucha, colocadla en un lugar bien visible e intentad echar dinero todos los días durante el próximo año (las vueltas del pan, el euro del carrito de la compra que aparece en un bolsillo cuando menos te lo esperas, los céntimos que te abultan en el monedero o la cartera…). El 14 de febrero de 2015 ya tenéis otro motivo de celebración (la solemne apertura de la hucha) y otro sentimiento también bastante satisfactorio (la emoción de lo inesperado).

Comprad cada uno una caja de cartón, poned arriba el nombre de vuestra pareja y comenzad a llenarlas con todo aquello que os recuerde a él o a ella, con esos detalles que antes carecían de significado, pero ahora forman parte de vuestra vida. Recortes de revistas y periódicos, fotografías, entradas de conciertos, tarjetas de restaurantes, trozos de papel escritos de puño y letra, mensajes de móvil… todo vale si sirve para describir al otro y para componer pequeños cajones de sastre con retazos de vuestra relación.

Inaugurad en vuestro salón un interesante ciclo de vídeos y fotografías de vuestros mejores momentos juntos. Una relación de pareja no deja de ser una historia. Una película, de estructura no lineal y múltiples finales alternativos, que ambos dirigís día a día. Así que, someteos a una intensa y económica sesión de buen cine (podéis acompañarla de cerveza, refrescos, jamón, palomitas…, que los sentimientos no van reñidos con el estómago) y disfrutad de todo lo que habéis construido como equipo. Y, teniendo en cuenta que se aproximan las entregas de los Goya y de los Oscar, ¿por qué no intentar galardonar vuestras instantáneas? “Oscar al mejor posado con cara de frío”, “Goya a la mejor fotografía conjunta (horrorosa) realizada por un extraño”, “Oscar al mejor pie en la playa”, “Goya a la mejor imagen de hijo menor en la bañera”…, con un poco de imaginación y, sobre todo, mucho sentido del humor, vuestro San Valentín sin corazones rojos ni amenazantes dioses mitológicos seguro que será todo un éxito.

 

 

 

 

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