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Relatos de Oficina. Capítulo IV

Por Sonia Aldama , 13 Abril, 2014

Relatos de oficina

(IV) EN EL BAR

Sus mentes echaban humo, mientras pedían esas cañitas diarias junto al grasiento bocata de calamares.
– Hay que volver a intentarlo- dijo Belén, mientras un calamar se caía al suelo.
– MMMMMMM!!! No sé, no sé- comentó Juan Carlos – Yo creo que el que no la haya palmado tiene un significado esotérico.
– Tengo un amigo desesperado que acaba de venir de Hong Kong con el virus asiático; podría presentárselo, no hace ascos a nada- añadió Irma.
-MMMMMMM!!!! No sé, no sé- volvió a insistir Juan Carlos.
– Pues como no se lo contagie por la tos… porque yo creo que ésa no se ha comido un rosco en su vida – añadió Belén mientras otro calamar escapaba de su bocadillo.
– MMMMMMM!!!!! No sé, no sé… ¿Estáis seguras de que nunca ha tenido novio? Pero, ¿seguro que le gustan los hombres? – dijo Juan Carlos, con un deje de angustia en su voz.
Todas se miraron y soltaron una carcajada al unísono, Juan Carlos aprovechó para hacer una de sus largas visitas al  servicio, que tanto molestaban a la Caponati.
– Pero, ¿qué le pasa a este tío? No para de poner pegas; lo mejor es una demanda por Mobing- comentó Sofía.
– Yo creo que se ha enamorado locamente de Angustias; ya sabéis que le apasiona la ciencia ficción, y estoy segura que cree que no ha muerto por algún motivo sobrenatural- dijo Belén, perdiendo el último calamar del bocadillo.
– Hombre, tanto como locamente… Un poco de tilín si parece que le hace, o ¿no os habéis fijado cómo la ha mirado cuando ha descubierto que no estaba muerta?-sentenció Irma, empezando a comer pipas.
En ese momento, Irma miró el reloj, y con un gesto de horror indicó a sus compañeros que se habían sobrepasado cinco segundos del turno de desayuno.

Por Begoña Hill y Belona de España

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