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Relato de la empresa de Messi

Por Juliano Oscar Ortiz , 28 junio, 2014

Messi tiene una empresa.

No una unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos como dice el diccionario. Quizás la definición que más se le ajuste sea el de intento o designio de hacer algo. O quizás no. Quizás esa empresa tenga estructura, un esquema diseñado por Dios o por él mismo. La tentativa de tratar de precisar esto puede que esté solo reservada para los mismos dioses creadores.

En esta empresa, (me hago cargo de la responsabilidad y el atrevimiento de seguir tratando de entender a Messi) el ejecutivo más alto es él. Vaya paradoja, la pulga es un ser diminuto, un pequeño habitante de un mundo al que solo le interesa un elemento redondo y codiciado, un parásito infectando un futbol de marcas excesivas, de 5-3-1-1, de rechazos a la tribuna, de histeriqueos, de simulaciones, de triunfos maquiavélicos. En ese futbol, Messi el empresario, es un ángel que vuela con alas de potrero.

Nadie sabe su ubicación geográfica, o sí, en verdad se cree que a esa empresa él la lleva como por arte de magia y la ubica en cualquier cancha en donde un balón gire y se vuelva feliz porque él, Messi, nada menos, tiene ese sueño. Una idea fija, un objetivo, con un resultado claro, incontrastable, que el balón llegue de la mejor manera, y cruce la línea de gol.

Para conducir esa empresa Messi se convierte en un extraño ser, en un mago, en un genio salido de la lámpara fantástica y que suelta todos sus hechizos mientras gambetea rivales y crea paredes, silencioso, lejano a los micrófonos y a las cámaras fotográficas. Lo han comparado con un habitante de Júpiter, como si en ese planeta existiera el futbol más exquisito. No lo sabemos, no soy quién para contradecirlo, pero si en realidad así fuera, Messi tendría que inventar su empresa en ese planeta.

Entonces convengamos que este empresario es un extraterrestre, un no-normal, un malabarista volador que destruye los preceptos de la ciencia, que se comporta de manera singular rechazando todo conocimiento de los sentidos. En su continua obsesión por la pelota tira a la basura los centros de orientación y equilibrio, se ríe de la ortodoxia, quema los manuales, hace trizas los planes de estrategia y consigue que sus compañeros (toda empresa exitosa necesita de un equipo) también vuelen, o se imaginen voladores y lo acompañen en este sueño, en crear la apariencia de que voladores y extraterrestres parezcan naturales, propios de la Tierra.

Señores, nosotros también estamos favorecidos por los mismos dioses que crearon a Messi. Seguramente de una manera distinta, sin su arte, sin su empresa. Y digo que debemos agradecer por el solo hecho de verlo, de apreciar como siente el balón, cómo lo traslada y nos regala un esquive, una gambeta, un sombrero, un caño, una suerte de manejo maravilloso de los recursos que le da el reglamento del futbol.

Una empresa constituye una comunidad de personas e intereses que, al perseguir objetivos específicos, forjan ideas y actitudes, crea oportunidades de progreso, y es solidariamente responsable del desarrollo del país, en este caso del futbol, porque este ser nacido en la magnetosfera de Júpiter (ahora creo firmemente en eso), le da vida al futbol, hace que compremos la entrada o nos reunamos frente a un aparato de televisión, que seamos felices por noventa minutos, y como sucede cuando vemos una película creamos que nos pasa a nosotros, que somos Messi y dejamos rivales mirándonos el diez en la espalda, enfrentemos al arquero y el resultado no sea otro que el balón besando la red. Como cuando éramos chiquitos y nuestro viejo nos llevaba con una pelota bajo el brazo a la plaza y la felicidad pasaba por correr iluminados por el sol y el aliento de papá.

Empresa en latín es inprehensa, y significa toma o conquista; representa una acción esforzada y conjunta. También deriva del italiano “impresa”, que es una acción para imprimir algo, para que algo se haga realidad. Un sueño en este caso, el sueño de cada persona que pateó una pelota, que gritó un gol junto a sus amigos, casi anónimo, que se puso una camiseta, no importa sus colores y creyó ser Maradona, Pelé, Beckenbauer o Platini.

Por eso digo que Messi tiene una empresa.

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