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Razón versus emoción

Por José Luis Muñoz , 23 septiembre, 2017

Vayamos por partes y no nos dejemos arrastrar por las emociones porque nos vamos a hacer daño entre unos y otros, y últimamente lo que veo son emociones a flor de piel llevadas a un grado exponencial por la torpe actuación, quizá deliberada, del gobierno central en las últimas horas que sirven para retroalimentar a los secesionistas. Las emociones obnubilan, ciegan. Las tertulias, deliberadamente torticeras y sesgadas, de los medios de comunicación españoles añaden tensión y configuran un escenario prebélico hablando de desórdenes tumultuarios.

Me preocupa el déficit democrático del PP y su control de las instituciones y el aparato del estado para sus fines, algo intolerable que el conjunto de los partidos de la oposición no ha sabido corregir, quizá porque no hay oposición, que también. Me preocupa que ese partido que gobierna España esté inmerso en un sinfín de procesos judiciales y que eso no le suponga un coste electoral porque ello es síntoma de una merma de valores éticos en la sociedad española. Que a alguien le puedan multar cada día con 12.000 € me parece surrealista, pero se hace. Que se detengan a políticos sacándolos de sus vehículos tiene tufillo de dictadura latinoamericana de cuando la CIA las asesoraba en el Cono Sur, su patio trasero. Pero se hace importando muy poco la imagen que se está dando en el exterior. El partido que una y otra vez se ha llenado la boca con los presos políticos de Venezuela imita a Maduro y en España ya hay presos políticos y el fiscal habla de delitos de sedición, precisamente lo que esgrimen regímenes tan criticados por el gobierno español.

Pero, también hay que decirlo si queremos ser ecuánimes, mal empezamos con un Parlament de vacaciones (lo han cerrado unilateralmente cuando más que nunca tendría que estar abierto) y con las bochornosas aprobaciones exprés de la ley del referéndum y esa constitución catalana que habría que estudiar con lupa. Así es que la acusación de déficit democrático tanto vale para el gobierno central como para el Govern de la Generalitat con la precisión que el partido que gobierna España se ha comportado y sigue comportándose como un bombero pirómano.

Mal andamos si el vicepresident Junqueras lloriquea en los platós televisivos y dice que nosotros somos los buenos. Y los malos los botiflers, los que firman un manifiesto en contra de cómo se está llevando el procés, a quienes se insulta y etiqueta como malos catalanes. Hay amenazas contra los ediles que no cedan sus ayuntamientos para la consulta, quizá porque no pueden detenerlos ni ponerles 12.000 € de multa diarios. Hay descalificaciones contra Jordi Évole, Joan Manuel Serrat, Juan Marsé porque no tragan con ruedas de molino el procés.

El sistema binario es perverso. Blanco o negro. Conmigo o contra mí. Lo utilizó Hitler, Bush, Pol Pot y ahora el rey del Twitter. Estigmatizar lo español, como llevan haciéndolo desde hace muchos años los medios controlados por el establishment catalán, lleva al odio y desprecio del contrario. Sospecho, sobre todo porque en el independentismo están los maestros del 3% y los adalides de los recortes, los que tuvieron que entrar en helicóptero en un Parlament asediado por los indignados por sus políticas antisociales, que todo esto vaya de caciques, que cambiaremos perros que hablan en castellano por otros que hablarán en catalán.

Insisto una y otra vez: las banderas, los nacionalismos, los himnos, los golpes en el pecho, las marchas con antorchas, la apelación a la épica me causan escalofríos. Las fronteras separan. Y el gobierno de España me produce un asco infinito por toda la corrupción que lleva en sus intestinos el partido instalado en el poder. Quizá la justicia debería invalidar todas sus victorias electorales porque concurrieron a las elecciones con ingentes cantidades de dinero negro, pero no lo ha hecho. Pero España no es el PP y yo me siento próximo a muchísimos españoles arrollados por los recortes sociales y muy alejado de cierta burguesía catalana heredera del nefasto pujolismo que se ha aupado al carro del independentismo.

Una amiga mía me pregunta dónde está la izquierda en estos momentos tan decisivos, detrás de quien se está escondiendo, por ejemplo, Pedro Sánchez que parece temeroso de lo que Susana Díaz, partidaria de aplicar el artículo 155 (ya aplicado de facto) le reproche. ¿Qué se está esperando para hacer una moción de censura ya? Seamos razonables. Hasta que el PP no saque sus zarpas del estado nada es posible. Centrémonos en desbancarlo desde la legitimidad. Y mantengamos a buen recaudo las emociones. Y votemos el 1 de octubre como acto de rebeldía democrática sabiendo que eso no lleva ni de lejos a la independencia y es una manifestación más, quizá la definitiva, para desbordar a la derecha del estado español.

Quizá el tiro le esté saliendo por la culata a Mariano Rajoy y la operación Anubis (el dios de la muerte egipcio con que han bautizado la torpe operación para descabezar el movimiento independentista catalán) sea su tumba política.

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