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Quita y pon

Por José Luis Muñoz , 1 septiembre, 2018

En esa carrera hacia la derechización de su partido, descolocado tras la moción de censura de Pedro Sánchez que sacó del poder al PP, Albert Rivera y sus Ciudadanos intentan a toda costa capitalizar el nuevo curso político a través de la estrategia de la tensión. Si no existe tensión en Catalunya, pues se la inventan y llaman a sus corifeos periodísticos  para que se magnifiquen sus acciones.

En Alella, población costera catalana famosa por su exquisito vino blanco, Albert Rivera e Inés Arrimadas se han dado su pequeño baño de multitudes retirando lazos amarillos de la vía pública y eso parece ser el pistoletazo de salida de la operación reconquista. Alella es Covadonga. A continuación Ciudadanos, descolocando al PP que está desaparecido en Catalunya, ha convocado una manifestación en el parque de la Ciudadela, a la que han asistido literalmente cuatro gatos, para condenar la agresión que sufrió una señora que retiraba lazos amarillos de las verjas del parque y los arrojaba al suelo (el pulcro tándem Arrimadas/Rivera  los guardaban en una bolsa de basura que imagino iría luego al contenedor de plásticos) por parte de otro ciudadano que le recriminaba su actitud y acabó golpeándola. Casus belli. La micro manifestación terminó con una agresión a un miembro de Telemadrid, al que confundieron con uno de TV3 (eso no es casus belli), y algunos entonaron  el himno de la legión El novio de la muerte (eso tampoco es casus belli) entre el ondear de banderas rojigualdas.

En el colmo del retorcimiento de la realidad se viene diciendo desde numerosos medios privados de comunicación (espero que los públicos no caigan en esa soez trampa) que en Catalunya se están señalando a los no independentistas (yo estoy señalado y no me he dado cuenta) como se hacía con los judíos  en la Alemania de Adolf Hitler (seguimos con la banalización del mal); más bien son los independentistas los que se autoseñalan portando lazos amarillos en sus vestimentas y arriesgándose a que algún energúmeno, como el que rompió la nariz a la señora del parque de la Ciudadela, les rompa la suya.

El espacio público es de todos. Una afirmación incuestionable. Yo no veo que los lazos amarillos ocupen el espacio público, paso por delante de ellos sin problemas, y tanto derecho tienen unos a ponerlos como los otros en molestarse en quitarlos, poner lazos rojos entre los amarillos (bandera rojigualda o catalana, esa es la cuestión) o pintar los amarillos de rojo. Eso es lo que se llama libertad de expresión. A mí no me molesta que unos cuantos millones de ciudadanos pidan la libertad de unos presos que llevan más de un año en la cárcel sin ser juzgados como si fueran peligrosísimos terroristas (y muchísimos no independentistas estamos contra esa medida injusta), como no me molesta que otros ciudadanos, en todo su derecho, los retiren de la vía pública. Hacer de la guerra de lazos, como están haciendo algunos medios de comunicación privados que no saben cómo llenar su parrilla en verano, un casus belli, decir que en Catalunya la tensión se palpa en las calles y que estamos a  punto de iniciar la guerra de los Balcanes, eso sí me molesta, y mucho, por su falsedad y por lo que esa mentira, repetida hasta la saciedad, pueda provocar. Y ese es el peligro real, azuzado por esas derechas rancias, y no lo que ocurre en Catalunya, un suflé que irá desinflándose a pesar de la levadura que se empeñan en poner PP y Ciudadanos.

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