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¿Quién juega con quien?

Por Paloma Rodera , 25 Febrero, 2014

©Paloma·RoderaRecientemente he tenido la oportunidad de acudir a eventos culturales de la capital, relacionados con el mundo de las artes escénicas y del arte plástico y visual. La semana pasada ha sido la semana de las ferias en Madrid, y de algún que otro estreno.

La situación es digna de ser estudiada por sociólogos y antropólogos, ellos quizás serían capaces de explicarnos ciertas dinámicas que van asociadas al momento actual que estamos atravesando.

La realidad es que llamamos ladrones a los políticos, y un gran sector de la sociedad acude a manifestaciones y protesta contra flagrantes injusticias que ocurren todos los días. Y es verdad que el arte, en este caso, es una de las grandes vías de comunicación de ideas, es un altavoz y una mirada diferente, perfectas para decir verdades y denunciar situaciones.

Pero viendo que parece ser que los políticos no son los únicos que roban, estafan o engañan, una acaba perdiendo cierta fe en la humanidad. Te sientes ingenua, un pardilla que cree en que es necesario ayudar a la persona con la que trabajas codo con codo, porque si a él le va bien es bueno para todos, sin embargo no intentas llevarte el pequeño trocito de pastel tú solo.

Es políticamente incorrecto decir que tus compañeros de juego son los primeros que ponen trabas, que el enemigo no está tan lejos, lleva gafas y vive en la Moncloa. Más bien es un moderno, con fama en algunos círculos, pero que sacado de contexto no es nadie, y que probablemente vive en Malasaña o Lavapiés.

Releyendo las palabras de Antonio Muñoz Molina en Todo lo que era sólido, y en comidas y reuniones familiares, en las que confluyen generaciones; intento comprender mejor como han llevado la vida aquellos que llevan más años que yo en ella. Escucho experiencias, leo como era la España, y en concreto el Madrid de hace unos años, pero la única conclusión a la que soy capaz de llegar es a que el hombre es hombre, que la picaresca es inherente a cierto carácter y que hasta el más tonto hace relojes.

[Como imagen les dejo una de las obras que vi en ARCO esta pasada edición.]

 

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