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QUÉ SE PUEDE ESPERAR TRAS LAS ELECCIONES DEL 26 DE JUNIO

Por Agustín Ramírez , 4 junio, 2016

Ya pronto va a comenzar la campaña electoral para las próximas elecciones y se repite de manera insistente que esta vez sí va a haber gobierno, ya hay candidatos que afirman que, esta vez, no habrá obstáculos para que se forme un gobierno; ayer mismo una periodista tertuliana de la cadena SER afirmaba que la realidad es que lo que se va a votar en estas elecciones es quien va a ser Presidente de Gobierno, que eso era lo importante y que no se trataba de discutir sobre los programas electorales.

Todo lo anterior no es más que una formalidad para desarrollar lo que realmente importa, cual es que un gobierno debe ejecutar una política y que ésta condiciona la vida de los ciudadanos, sus decisiones afectan al día a día de la vida de las personas, que las personas somos muy variopintas y hoy en España, detrás del triunfalismo de los números oficiales, subyacen problemas que con la crisis y las políticas que frente a ellas se han aplicado, lo que han conseguido es incrementar la desigualdad social, hacer más difícil la vida de mucha gente a costa del aumento de la riqueza de una minoría de la sociedad.

El ciclo político y social de la democracia española, a mí entender, se está agotando y necesita una reanimación en profundidad. La tan hiperbólicamente alabada “transición” está empezando a ser cuestionada en profundidad; ya hay suficientes testimonios que inclinan la balanza, no hacia la idea de que aquello fue un proceso tan angelical como para llevarnos de la dictadura franquista a la democracia gracias a la bondad y calidad de los políticos sino, más bien, un proceso vigilado y controlado para cambiar las formas pero manteniendo los poderes reales.

De aquel tiempo y de aquel proceso hemos llegado a la situación actual, donde los partidos en el poder entonces acumulan unos grados de corrupción que han forzado a la existencia de alternativas políticas nuevas, más en las formas que en el fondo, dicho sea de paso, encontrándonos en una situación de batalla enconada entre los viejos y los nuevos partidos por hacerse con la hegemonía de sus respectivos electorados.

Ahora bien, ¿qué hace, dice y piensa la sociedad española otorgando esos millones de votos a los partidos salpicados por las Púnicas, Gurtel, ERES andaluces, tarjetas black, Bárcenas, Ratos, Blesas, Pujoles, Palaus, Pokemons, etc.? Hablar mal de todos ellos y poco más; habría que reflexionar sobre si votar a partidos dirigidos por personas que han permitido, por acción o por omisión, la corrupción no les hace ser cómplices, de alguna manera, de esa misma corrupción.

En días pasados se ha publicado el informe anual de Caritas que habla de la desigualdad social y sus efectos cotidianos en la vida de las personas, algo que los datos macroeconómicos del gobierno no recogen y, me temo, que ni les interesa; la lectura de dicho informe es demoledor frente a los datos triunfalistas de nuestros gobernantes y adláteres; ayer mismo el Banco de España recomienda, en otra vuelta de tuerca más a la reforma laboral, reducir los costes de despido de los trabajadores con contrato indefinido para incentivar su uso frente a la contratación a tiempo parcial; en resumen, igualar por debajo a unos y otros –y que más daría ya el tipo de contrato si el coste es equivalente, me pregunto yo- en lugar de pensar respuestas más solidarias, pero, evidentemente, estas respuestas siempre vendrán más del lado de Caritas, que se mueve en entre el barro de las calles que del Banco de España, que se mueve entre las moquetas de los despachos.

Finalmente, ¿qué fue de los programas de gobierno? Debajo de la confrontación electoral subyace el problema fundamental, ¿se puede cambiar este modelo de sociedad por uno más justo? Técnicamente puede ser posible, políticamente ya es más difícil: los poderes reales, que no son elegidos por los ciudadanos, tienen sus propias armas y tratan de imponer, con éxito hasta ahora, sus ideas a sus gobernantes títeres.

El decálogo de Caritas tiene un enunciado que no me resisto a copiar: “Hay políticas que generan injusticia, desigualdad, pobreza y exclusión social. Priorizar en protección social, salud, empleo digno y salario justo, vivienda, inmigración y cooperación internacional es esencial para construir una sociedad más justa para todos”.

Termino con esta reflexión que me hace pensar que esta Organización tiene toda la razón en ese enunciado, porque todo lo que no sea hablar de los problemas de la inmensa mayoría es discutir sobre si son galgos o podencos, es marear la perdiz, para que cuando el dedo del gobernante señale la luna el tonto del elector mire al dedo.

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