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Princesa de Asturias versus Nobel

Por José Luis Muñoz , 16 Diciembre, 2016

Bob DylanFrente al discutido Nobel a Bob Dylan, cantante al que admiro y amenazó con no ir a recoger ese absurdo galardón, espectáculo bochornoso que se ha montado la academia sueca y con la que hace un ridículo sonado que le van a recordar en el futuro, la sabiduría del premio Princesa de Asturias para Richard Ford, el autor de la estupenda Canadá, que leyó no hace mucho el que esto escribe, un autor poseedor de una solidez narrativa considerable que lo hace destacar en el mundo literario de Estados Unidos.

Sin salirme de Estados Unidos, se pregunta uno por qué el sapientísimo jurado del Premio Nobel no se lo concedió este año a Philip Roth en lugar de a Bob Dylan, o a Milan Kundera si saltamos a Europa, o a Juan Marsé si me vuelvo chovinista; y se lo preguntan, sobre todo, los libreros que aguardaban como agua de mayo la concesión del máximo galardón literario a un autor con obra considerable para poder colocar sus libros en los anaqueles y cuadrar sus cuentas y se van a tener que conformar con exhibir los dos o tres libros que Bob Dylan ha publicado y las biografías disponibles del Nobel de Literatura de este año que no quiere serlo.rich-ford_2021166b

A veces los galardones solemnes que da la academia sueca aciertan al cien por cien, otras veces nos descubren autores que, por diversos motivos, nos eran desconocidos (conocer a la gran Hertha Müller es una deuda particular que tengo yo con ellos), o recaen en otros que ya admirábamos (el J.M. Coetzee sudafricano, no el otro que ha renacido en su exilio y nada tiene que ver con el original).

El descrédito que están sufriendo los galardones literarios, sobre todo en mi país, es de proporciones siderales, así es que el despropósito del Nobel de este año no debería sorprendernos. Un buen porcentaje de los premios españoles están dados de antemano, son negociados entre los agentes literarios de los autores de postín y las editoriales, y en otros funciona el amiguismo, hasta el punto que ser galardonado con según qué premio no prestigia al autor sino todo lo contrario. En algún momento escribiré una novela negra sobre ese tema. Y les habla alguien que fue “descubierto” precisamente por los premios literarios, cuando estos tenían la función, hoy día perdida, de dar a conocer autores a los lectores.

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