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Políticos por la patilla…

Por Francisco Collado , 13 enero, 2019

No hay sensación mas indignante para la plebe (el currito de a pie) que coincidir con un contubernio de ágrafos y saltimbanquis políticos en algún acto cultural. En primer lugar por lo molesto de la situación (fulanos con pinganillo, medidas de seguridad, etc.) que lastran, dificultan (y molestan) la trascendencia de la obra, concierto o declamación. En segundo lugar por la certeza (absoluta e indiscutible) de que dichos saltimbanquis y funambulistas se encuentran, de facto, en dicho evento cultural, por la hispánica patilla.  De gratis total. Añadamos que los connaisseurs y diletantes del arte en cuestión (ya sea teatro, danza o cualesquiera) no recuerdan haber visionado jamás el rostro de los interfectos en otros lugares (cuando hay que apoquinar, vaya) llegan a la conclusión de que los espantapájaros allí expuestos no son excesivamente aficionados a la cultura en general y al arte en particular, salvo cuando hay “de gratis”, o se requiere postureo por la presencia de algún artista de su palo político, que pueda servir de arbotante a sus veleidades mundanas. De ese modo los volatineros de turno no sólo habrán presenciado por el hispánico gañote un espectáculo que al votante le habrá costado rascarse el bolsillo (gracias IVA cultural), también acudirán al ágape Vip a posturear con los artistas (por la patilla) y serán devueltos a alguna de sus (varias) viviendas habituales en coches oficiales (por la patilla). En cifras contundentes: gasto cero patatero. Aportación al mundo de la cultura: cero patatero. Esta nefasta costumbre carpetovetónica, no es endémica de nuestra mezcolanza celtíbera (auque en algunas autonomías con equidad, ya le han cortado el rollete) también la epidemia invade en el vecino país. El sufrido público que acudía recientemente a un concierto donde estaban invitadas altas personalidades lusas, tuvo que esperar alegremente que terminasen el cocktail, y se dignasen acceder a las localidades (en primera fila), ya pasada la hora prevista y con la orquesta sufriendo de hipotermia, debido a la temperatura reinante. Añadan algún anacronismo como acudir a estos actos pertrechado con uniforme oficial (los médicos no acuden con bata, ni los abogados con toga) y comprenderán el abucheo que el respetable les dedico muy lindamente. El aficionado no gusta de tener cerca a personajes que se han triplicado el sueldo, o aseguran que bajándose el suyo no se arregla nada en el país (sic). Pero reconociendo su derecho de asistencia como ciudadanos comunes (que ser, lo son), es justicia que paguen de su bolsillo. Aunque vivamos en el terruño de Rinconete y Cortadillo o Guzmán de Alfarache (al menos estos tenían clase), no somos jilipollas.

 

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