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Percibir los matices contribuye a disfrutar de la experiencia de vivir

Por Adriana Planas , 7 Julio, 2014

El clasificar aquello que se percibe tomando en cuenta sólo dos categorías opuestas (éxito o fracaso; bueno o malo) es una posición rígida que limita de gran manera la capacidad para disfrutar la experiencia de vivir.

medio sheno-lleno[3]Los psicólogos afirman que cuando esta tendencia aparece de manera marcada en una persona se trata de lo que se conoce como pensamiento dicotómico, el cual puede llegar al punto perjudicarle en su empleo o en sus relaciones personales.

“El pensamiento dicotómico podemos definirlo como la tendencia a clasificar las experiencias según dos categorías opuestas, todo o nada, bueno o malo, perfecto o inútil, no existen las gradaciones sino las polaridades”, explica el psicólogo Javier Martín Camacho en un artículo académico.

Esta manera de pensar es poco realista, pues “las categorías absolutas no existen, el mundo no se rige por el ´blanco y negro´ y el comportamiento de las personas tampoco”, advierte un artículo publicado en la web especializada De Psicología.

¿Por qué la rigidez?

El estilo de pensamiento absolutista se aprende, como todas las pautas de pensamiento, de los valores y creencias inculcados por el entorno familiar, los maestros y las relaciones. Y quien adopta esos patrones probablemente considera que posee la clave de “la manera correcta de pensar”, aplicando el perfeccionismo en todos o en algunos aspectos de su vida.

El hecho de que en casa una buena calificación no sea valorada por el padre porque se esperaba la máxima nota del niño, el hecho de que se le sobre-exija y se le castigue duramente si comete un error, son pautas de comportamiento que se van afianzando en el individuo.

Se trata de un tipo de discurso que no admite medias tintas, producto de la incapacidad para valorar el esfuerzo o los logros a no ser que el resultado sea el éxito total, de lo contrario, cualquier resultado intermedio será interpretado como un fracaso. Obviamente, esta posición coloca al individuo frente a muchas frustraciones, toda vez que no siempre las cosas resultarán de forma “perfecta”.

Las consecuencias

A este tipo de personas se les hace imposible aceptar criterios diferentes a los propios, por lo que no les es fácil relacionarse de manera relajada con el entorno y con sus semejantes, ya que evalúan constantemente a los demás y exigen que todo se adapte a sus propias reglas.

En las relaciones de pareja, quienes poseen un pensamiento dicotómico tienden a dominar y pueden llegar a someter a la otra persona a críticas y descalificación, en su afán de alcanzar la perfección. Para ellos el problema siempre son los demás.

En el rol de padres estas personas se muestran como los dueños absolutos de la verdad, transmitiendo a sus hijos esta manera de pensar y poniéndole metas inalcanzables: por más que sus hijos se esfuercen y traten de complacerle, siempre hallarán un “pero” que les justificará su inconformidad.

Verse enfrentado constantemente a frustraciones debido a la manera absolutista de ver el mundo, puede hacer mella en la persona y llevarle a sentirse fracasado y caer en la depresión, debido a que no es capaz de valorarse de una manera realista, de aceptar sus propios logros o los de los demás.

Por el contrario –explica la psicóloga Vilma Rengifo– existen maneras de interpretar las situaciones en base a ideas funcionales y adaptativas, que son las que sitúan el pensamiento en una posición neutral frente al medio en el que se desenvuelve el individuo “donde hay más oportunidades de conseguir acercarse al éxito y alejarse del fracaso. Es la posición en que el individuo es más creativo porque se abre a múltiples posibilidades”, señala.

En la búsqueda del punto medio

Lo más recomendable para las personas excesivamente rígidas es tomar conciencia de que su forma de percibir les está perjudicando. Una vez que reconozcan la necesidad de un cambio, contarán con la apertura necesaria para aceptar la infinidad de matices existentes entre el fracaso y el éxito.

“Es importante entender que, tal y como defiende el modelo cognitivo-conductual, no son los acontecimientos los que provocan que nos sintamos de una manera determinada, sino que es la interpretación que hacemos de éstos (a través del pensamiento) lo que hace que nos sintamos mejor o peor”, destaca la psicóloga Marta Comadran Garrigues en su blog “A mal tiempo buena psique”.

Según explica esta especialista, si detectamos aquellos pensamientos que hacen que nos sintamos mal, podemos aprender a cambiarlos por pensamientos más realistas y que nos acerquen más a las emociones positivas. Para lograr modificar el modo de percibir, lo ideal es acudir a terapia, pues el psicólogo es quien puede proporcionar las herramientas idóneas para lograr el cambio.

La terapia, por lo general, ayuda al individuo a descubrir el punto medio entre los extremos y a lograr una consciencia integral de sí mismo y de su entorno. Esa es la clave del cambio, que se hará notar cuando la persona modifique su manera de percibir: comenzará a sentirse más tranquila, a disfrutar de lo que hace y, en general, observará una mejora en su calidad de vida.

 

 

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