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PELOTAS DE GOMA

Por Carlos Almira , 14 febrero, 2014

El ministro del Interior, Fernández Díaz, ha reconocido el uso de material antidisturbios en Ceuta contra los inmigrantes que intentaban alcanzar suelo español. Ha explicado que “en ningún momento el objetivo del uso de los medios en el mar fue alcanzar a ninguno de los inmigrantes, sino hacer visible una barrera disuasoria, y para ello”, prosigue, “se dieron oportunas directrices sobre el uso de ese material”. Si yo no he entendido mal, el material disuasorio en cuestión fueron pelotas de goma disparadas contra los que estaban en el agua. Sin embargo, según el ministro “no hay ninguna relación entre las pelotas de goma y los muertos de Ceuta”, que lo fueron por ahogamiento y no por los disparos. Por último, el ministro ha justificado la intervención de los agentes afirmando que “las acciones de contención y rechazo llevadas a cabo por la Guardia Civil lo fueron por el empleo racional de los medios antidisturbios reglamentarios, siempre en aguas nacionales, por personal instruido y siguiendo los criterios de oportunidad, congruencia y proporcionalidad, por lo que quedan enmarcados en el uso legítimo de la fuerza”.

Terminada su declaración, ningún agente de policía ha procedido a la detención del ministro. Ningún juez ha abierto (que yo sepa) un sumario a partir de sus explicaciones. El señor Fernández Díaz ha actuado dentro de la más escrupulosa legalidad. Ningún juez ha iniciado (ni iniciará, creo) una investigación sobre sus declaraciones, por ejemplo comprobando si un hombre que intenta ganar a nado una playa, al dispararle pelotas de goma corre algún peligro de morir ahogado. Naturalmente, el ejercicio de la violencia legítima está reconocido y sancionado por la Ley, en exclusiva, para el Estado al que el ministro representa. Es por eso que todas las protestas, manifestaciones, o incluso demandas de cambio de régimen en España, han de estrellarse contra las sólidas barreras de la Justicia y la Razón que ampara a tal Estado. Y contra las pelotas de goma. Mis felicitaciones, señor ministro.   

 

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