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Pedro Sánchez, el “Pagafantas”.

Por Sebastián Agulló , 2 diciembre, 2015

El pasado día 30 de noviembre muchos asistimos a un “debate sin parangón” gracias al periódico El País. Albert Rivera, candidato a la presidencia de Ciudadanos; Pedro Sánchez, candidato a la presidencia del PSOE; y Pablo Iglesias, candidato a la presidencia de Podemos (de izquierda a derecha ante las cámaras, de derecha a izquierda por puro ¿azar?). No quiero entrar en los detalles acerca de la ausencia de Mariano Rajoy, pues, como suele decirse, «A buen entendedor pocas palabras bastan».

Los Tres Mosqueteros.

Los Tres Mosqueteros.

Personalmente no tengo preferencia política; por una parte, es un hecho “preocupante” porque se avecinan las elecciones nacionales; por otra parte, es un hecho “preocupante” para los candidatos porque, entre propuestas (promesas) y verborrea, no terminan de convencer a quienes exigimos más… y no precisamente ante las cámaras de televisión.

Voy a pasarme, con o sin permiso del lector, tanto las estadísticas como los sondeos por El Arco del Triunfo, es decir, por la Santa Cruceta. Tras el “show” dos cosas me quedaron bien claras: 1) cada uno interpretó el papel que le correspondía, con sus pocos pros y sus muchas contras; 2) Pedro Sánchez, quien debería, teóricamente, ganar por tablas a dos “inexpertos” o “insuficientemente pulidos”, dio la imagen de lo que es, sí, la imagen de lo que es: un completo gilipollas.

Y la guinda a la gilipollez de Pedro Sánchez fue obra de su amada esposa, quien, ni corta ni perezosa, plasmó en imágenes una burla a Íñigo Errejón mientras hablaba ante las cámaras. Sánchez habló cual Mesías recién “caído”, con un tono casi tan patético como el del anterior rey Juan Carlos I en sus infumables mensajes de Navidad: sin responder a las preguntas, tachando a Rivera de derechista, interrumpiendo a Iglesias como un puto tertuliano de «Sálvame» y, en el paroxismo de la vergüenza ajena, recurriendo a falacias del tipo “El PSOE ha logrado tal o cual cosa” desde la Transición.

Repito que no me mueve ninguna ideología, y por ello tomaría prestada una cita de Arturo Pérez-Reverte: «Yo no tengo ideología, lo que tengo es biblioteca». Pero mi juicio es mi juicio, tan subjetivo y sesgado como, a veces, objetivo y afilado (quien me quiera poner a prueba, ¡aquí estoy!). Pedro Sánchez hizo la vez de Barack Obama o cualquier candidato a la presidencia en EE.UU. cuando, al otro lado del charco, impera la imbecilidad, el “show business” y las cifras tras los debates televisados para un pueblo de idiotas.

No, lectores afines o lectores que deseen cagarse en mis muertos. Lo de Pedro Sánchez está fuera de la casta, está fuera del discurso socialista y la debacle igualmente socialista; su modus peripatético es el de un embaucador, un orador cuya retórica sería vilipendiada a pedradas hasta en la Antigua Grecia: en el “centro” del debate (sentido literal y figurado), demostró, sobre todo y valga la redundancia, ser un completo gilipollas.

¿Desconfianza respecto a dos formaciones en pañales cuyos militantes cuasi eunucos carecen de tablas? Sí, personalmente . Sin embargo, como ya he mencionado, sin ánimos de entrar en espirales divergentes ad infinitum; y, como también he mencionado, sin color, el debate lo ganaron “a partes iguales” tanto Rivera como Iglesias. Tropezarán, se darán de bruces, acertarán una de cada cien y fallarán cien de cada una… pero, ¡por favor!

Nada de “castas” y “dinosaurios” calentando los sillones del Congreso. La leyenda urbana del PPSOE es más verosímil que el Chupacabras y el Yeti. ¡Muy mal, Pedro Sánchez! Ante dos adversarios débiles has mostrado ser un completo gilipollas. Ya tendrás tiempo de tragarte tus vomitonas persuasivas (Retórica, Aristóteles) y, de paso, hablar con tu señora esposa sobre lo que son maneras cuyo hedor no se camufla con perfume alguno.

Te huelen las axilas a… eso. Y en tu casa no lo saben. In Nomine Patri et Fili et Spiriti Sancti.

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