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PASARSE AL LADO OSCURO

Por Alfonso Vila , 22 Enero, 2016

El otro día hablaba con un primo mío aficionado a la pesca. Me contaba que el paga tres licencias (de unos 70 euros cada licencia) por pescar en ríos y pantanos. Ni siquiera se come lo que pesca. Lo devuelve al agua. Lo suyo es pesca deportiva. Y cuando se va, coge la bolsa de basura y se la mete en el coche. La lleva a la ciudad y la tira al contendor que toca.

¿Alguno de vosotros vio un reportaje que hicieron en la televisión sobre grupos ilegales de recolectores de setas en la provincia de Soria? Sí, esos que arrasaban con todo y lo dejaban todo lleno de mierda. ¿Y alguno vio como acababa el asunto, si se topaban con la Guardia Civil? ¿Qué les pasaba? Nada. Simplemente nada. Les requisaban las setas y les ponían una multa que nunca pagaban, porque ni tenían domicilio fijo ni tenían nómina. Digo esto porque mi primo me contaba, algo que yo no sabía, que con la pesca en ríos y pantanos pasaba lo mismo, que él mismo había visto como estos grupos ilegales y organizados se metían en el agua con grandes redes y arramblaban con todo lo que pillaban. Naturalmente mi primo se quejaba. Porque si a él le pillan haciendo algo que no debe, aunque sea poca cosa, le quitan la licencia y le ponen la multa. Y si no la paga, pues se la quitan de la cuenta del banco con un recargo. Él se quejaba, pero realmente jamás se le había pasado por la cabeza hacer las cosas mal. Y pese a todo sufre las consecuencias de los que lo hacen mal. En algunos lugares donde iba a pescar ya no puede hacerlo porque han prohibido la pesca. Y volvemos a lo mismo:  ¿Quién respeta la prohibición? Pues los pescadores legales, claro está. Los otros siguen pescando igual.

Bien, cambiamos un poco, sólo un poco, de tema. Los escritores, los escritores que han tenido la desgracia de tener éxito, de ser leídos, de poder vender libros y dar conferencias o talleres o lo que sea y que han ganado suficiente dinero como para vivir modestamente de ello (porque ricos no son, desde luego), esa pobre gente la tiene clara. Los van a freír vivos y se los van a comer con patatas. Y encima les va a saber poco, porque el sistema siempre está hambriento de nuevos majares. Y como es vago y mezquino los busca donde más fácilmente los puede encontrar. ¿Por qué los nazis la tomaron con los judíos? Por unas cuantas razones, pero una de las principales: eran un grupo débil, un grupo aislado de la sociedad, marginado, dividido, que no tenía casi apoyos o fuerza de resistencia, y además tenían dinero, tenían propiedades, tenían riquezas que podían ser fáciles de obtener.

Alexis de Tocqueville nos contaba en sus libros las maniobras de los monarcas absolutos franceses para conseguir dinero. A los nobles y a la iglesia les hacían pagar impuestos indirectos que se sacaban de la manga, por las buenas, que para eso eran reyes absolutistas; pero iban con mucho cuidado, de los nobles y de la iglesia no abusaban, si les quitan algo luego procuraban compensarles de otro modo. Sin embargo, con los burgueses y con el pueblo llano la situación cambiaba radicalmente. A ellos les quitaban más. Y a los que más les quitaban era a los que más bajo estaban en la sociedad. Puede que tuvieran mucho menos que los nobles y la iglesia, pero eran botines muy fáciles de conseguir. Puede parecer que esto eran prácticas del Antiguo Régimen. Pero no, todos los ministerios de hacienda, de finanzas o como se quieran llamar siguen viviendo en el antiguo régimen. O más lejos aún, en la época de los recaudadores de impuestos romanos.

En el imperio romano el estado subastaba la recaudación de impuestos y el que ganaba la subasta sabía que una vez cumpliera con el emperador, el resto de beneficios eran para él, y nadie le iba a preguntar cómo había conseguido obtener ese dinero. El emperador conseguía lo suyo y miraba para otro lado. Los débiles no podían ni protestar.

¿Tan lejos estamos de estos tiempos? Bueno, miremos un poco a muestro alrededor y que cada uno se conteste a esta pregunta. En mi ciudad hay un electricista que presume, lo dijo delante de mis narices, de no haber tenido una nómina más que unos pocos meses en toda su vida. Como el banco le pedía una nómina para una hipoteca, habló con un empresario que conocía y éste le hizo un contrato por tres meses. El banco le dio la hipoteca y se autodespidió. Ese señor, que no es un ciudadano cívico, desde luego, nunca hasta el momento ha tenido ningún problema con Hacienda. A mí me molestaron profundamente sus palabras, pero eso es porque yo soy honrado, pago mis impuestos y hago mi declaración. Y por tanto el sistema sabe lo que gano o lo que no gano, lo que me puede quitar o lo que me puede dejar. Ese es el problema. El sistema SÓLO va contra quien puede. Si se tiene que enfrentar a un colectivo grande, con poder, bien organizado, entonces se lo piensa dos veces. Si se tiene que enfrentar a un hombre solo, aislado, sin ninguna capacidad de resistencia, entonces no se lo piensa nada: pone en marcha toda su maquinaria y no se detiene hasta haber sacado lo que ha calculado que te puede sacar. Y si te resistes, aunque sea mínimamente, entonces aún te saca más.

He hablado antes de los fácil que les resultó a los nazis quedarse con todo el dinero de los judíos (y no sólo en Alemana, también en Francia, en Holanda, en Bélgica, en Polonia, en Rusia…). Con los escritores jubilados y con éxito de este país pasa lo mismo. Y digo “con éxito” porque para poder vivir de tus libros tienes que tener éxito. Y eso no se perdona, porque es un éxito intelectual, es un éxito que no es el éxito en los negocios o en el fútbol, que está muy bien visto, sino que es un éxito que no interesa al sistema, porque el sistema no quiere la cultura ni nada que implique pensar por propia cuenta. Es un éxito que a muchísimos integrantes de esta sociedad se la resbala por completo (¿os acordáis de lo que le dijeron a Lucia Etxebarria en un reality?, yo sí: la despreciaron por tener un premio literario importante y “creerse alguien”, y lo curioso es que quien la despreciaba era personas que posiblemente no habían leído un libro en su vida, ¿y para qué?, ¿para qué iban a leerlo, con lo bien que les va en su ignorancia?). Y es un éxito que muchas veces va unido al talento, algo peligroso en sí mismo, y va unido a algo mucho más peligroso aún: la honradez.

Así que jóvenes escritores y escritoras que en el mundo habitáis, tened mucho cuidado con vuestro talento, si lo tenéis procurad encauzarlo hacia algo inofensivo, pero no se os ocurra escribir libros que se vendan bien, que se lean bien, porque más pronto o más tarde alguien os pedirá cuentas por ello. Y si encima sois honrados pues lo siento. Las vais a pasar putas.

 

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