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Paren el mundo, que me bajo

Por José Luis Muñoz , 26 febrero, 2019

Hoy comentaba uno de esos muchos amigos de los que me enorgullezco, el argentino Guillermo Orsi, que ya no quedan cronopios en este mundo dominado, y arrasado, por las famas. Los cronopios estamos en fase de extinción, le contestaba.

John Bolton, ese tipo que es consejero de Donald Trump y se parece a Geppetto con el ceño fruncido, el carpintero de Las aventuras de Pinocho, se ha mesado el bigote por la masacre orquestada por el régimen de Nicolás Maduro en los puestos fronterizos  de Venezuela con Colombia y Brasil para impedir la entrada de esa ayuda que el imperio envía con el único deseo de desestabilizar, aún más, el país caribeño y asaltar sus inmensas bolsas de petróleo. Con el Todas las opciones están sobre la mesa, la administración Trump parece haber encontrado su guerra y se prepara para la diseñada, de antemano, intervención militar. Si en otros países del Cono Sur la liquidación de regímenes progresistas se ha hecho a golpe de talonario, en Venezuela parece que se opta por la vía más clásica: el golpe de estado. Y como el Ejército en Venezuela no está bajo las órdenes de EE.UU., pues se prepara la invasión que venderán como ayuda humanitaria al pueblo venezolano que les pide lo libere de la dictadura chavista. La industria armamentista lo demanda. Las víctimas colaterales serán apuntadas en el haber de Nicolás Maduro.

John Bolton asegura que Nicolás Maduro responderá por sus execrables crímenes ante la justicia (la horca de Sadam Hussein espera al caribeño, o vestir el mono naranja en Guantánamo) por sus masacres de civiles en un ejercicio de cinismo que cuela entre los desmemoriados. Aún vagan por el Hades, pidiendo justicia, los más de cuatrocientos mil muertos iraquíes que lo fueron a consecuencia de una invasión cobarde y por la que los mandatarios norteamericanos no han rendido cuentas ante la justicia, ni rendirán. Tampoco lo harán con los miles de venezolanos que serán salvados de la tiranía de Nicolás Maduro por sus bombas inteligentes. El mandatario venezolano no dispone de la bomba atómica, ni de cohetes de largo alcance: ese es su problema en su pulso contra el imperio. Ya Juan Guaidó, el autoproclamado presidente que reconocen casi todas las cancillerías europeas aparte de las americanas, se ha quitado la máscara, corre a reunirse con el vicepresidente norteamericano y el Grupo de Lima, suponemos que para preparar la invasión de su propio país, y rechaza el guante lanzado por Nicolás Maduro de presentarse a elecciones: en su democracia de nuevo cuño no cabrá el chavismo. Los mismos que cargan contra el impresentable e ineficaz Nicolás Maduro que, con su mala gestión lo ha puesto todo muy fácil,  (no se olviden del petróleo, su maná que se ha convertido en maldición, no hay más detrás de ese movimiento popular insurreccional encendido por la ineficacia gubernamental) son los que bailan, sable en mano, con los descuartizadores de Arabia Saudita y le ríen las gracias a Kim Jong-un. Los primeros exportan terrorismo, es decir inseguridad, es decir, negocio, por todo el mundo; el segundo parece ser que sí tiene armas de destrucción masiva y no va de farol.

Mientras eso pasa al otro lado del charco, aquí, a orillas del Mediterráneo, a dos pasos, la situación se encalla y empeora en Cataluña, el oasis que dejó de serlo desde hace muchos años. Los independentistas parecen mucho más lúcidos ante los jueces que ante su parlamento o la población, hay que reconocer que están brillantes en sus argumentaciones. El juicio al Procés se desmonta cada día que pasa cuando ni la fiscalía ni la abogacía del estado consiguen que su relato ficticio de lo que sucedió se sustente mínimamente. Vendrá ahora algún policía nacional con una uña rota a atestiguar que sí hubo violencia. Los procesados se desdicen, argumentan que todo era simbólico, que dónde dije digo, digo Diego, que la culpa la tienen los que no están y que son buena gente. Pues nos podían haber ahorrado todo esto, digo yo, si la cosa iba de broma, algo que yo ya sabía.

Coincide el proceso al Procés, valga la redundancia, con el torpedo lanzando por los independentistas al gobierno de Pedro Sánchez, que lo descabalga y va a facilitar un tripartido de extrema derecha, y el rechazo a una buena suma de millones que paliarían la penosa situación de servicios e infraestructuras que padece  Cataluña y el Govern, que vela por el bienestar de los catalanes,  rechaza. Votando en el Congreso al lado de la Triple Alianza (Vox aún no está, pero ya se siente su aliento), PDeCAT, o cómo se llame, y ERC se retratan en la búsqueda del cuanto peor, mejor. Realmente no sé qué estrategia siguen los partidos independentistas, si es que algún día la han tenido, ni qué harán cuando los del 155 lleguen al gobierno de la nación. El papel de víctima que se auto otorga una parte del pueblo de Cataluña es tan aburrido como cansino, y no lo veo cambiando las tornas, aunque los fiscales hablen de una épica que no existió: lanzamiento de masas contra las fuerzas de orden público estatales cuando lo que hubo fue porrazos, pelotas de goma, patadas y lanzamiento de pacíficos ciudadanos escaleras abajo. La verdad es siempre la primera víctima de los conflictos.

Entre Venezuela y Cataluña hay un nexo. Se ha hablado, hasta en exceso, de ambas y no para arreglar los problemas sino para exacerbarlos. Los que apoyan un golpe de estado allí, condenan, el que no hubo, aquí. La “dictadura” de Nicolás Maduro es tan dictadura que no envía a prisión a Juan Guaidó, que insta a las fuerzas armadas a sublevarse y pide una intervención militar extranjera contra su propio país, mientras la democracia española mete en la cárcel a 9 políticos catalanes que declararon una independencia marxista grouchiana.   En Venezuela hay tiros reales y muertos en las calles, y posiblemente está a punto de empezar una escalada de violencia que dejará miles de víctimas que son los muertos útiles que necesitan las multinacionales y los lobbies que están detrás de la estrategia de la tensión, implementando la doctrina del shock que tan buenos resultados da (creas desorden y luego ordenas; destruyes y luego construyes), y en Cataluña los independentistas se acaban de pegar un tiro en el pie para que la Triple Alianza se lo pegue en la cabeza pasado el 28 de abril.

Como cronopio exijo que se detenga el mundo, que me bajo.

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