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Palabras, flores

Por Oscar M. Prieto , 12 febrero, 2020

Crecí entre coches, sin embargo, pronto cambié mi destino de tornillos y motores, por las palabras, que son un medio mucho más fascinante y veloz para viajar, pues donde los ojos ven, la mente puede volar. Me he pasado la vida entre palabras, hasta el punto de no saber en ocasiones diferenciar dónde terminan unas y comienza la otra. Lo mismo que le ocurría a Pessoa que no sabía si lo que escribía lo escribía porque lo sentía o lo sentía porque lo escribía.

Toda palabra atesora en sí misma el poder de la creación. Pero también pueden convertirse en monedas y, como monedas, de tanto pasar de mano en mano, de tan sobadas, acaban perdiendo el perfil troquelado. Incluso peor, en manos de estafadores, se les lima el material que las hace preciosas, devaluando así su propio valor.

Nada hay más emocionante que una palabra que conserva todavía esa luz primera del primer día. Dice Ciorán que él suele recomendar “a quien padece una crisis de depresión que se dedique a aprender un idioma extranjero, que se vigorice, que se renueve en suma mediante el Verbo. Sin mi encarnizamiento en la conquista del francés, quizá me hubiera suicidado. Una lengua es un continente, un universo, y quien se la apropia, un conquistador”.

Es este espíritu conquistador el que observo maravillado cada día en mi hijo, con cada nueva palabra que hace suya, pues con ella hace suya, también, la misma realidad que representa. Es así como va aprehendiendo el mundo, así, con esta ‘h’ intercalada, que está en el origen de aprender, coger. Lo observo emocionado porque, dichas por él, vuelvo a ver en las palabras ese resplandor divino, esa potencia mágica en la que nombrar y ser son uno y lo mismo.

Los romanos tenían un dios, Fabulinus, de las primeras palabras, el que enseñaba a hablar. Los padres le hacían una ofrenda cuando el niño pronunciaba por primera vez. Hace unas semanas, al volver de la guardería le dije a León: Mira, van a plantar árboles. Él miró y luego me miró a mí para decirme su primera oración con sujeto, verbo y predicado: “León planta flores”.

Qué quieren que les diga, será amor de padre, pero creo que por muchas novelas que yo escriba no sabré decir nunca algo tan hermoso.

Salud.

www.oscarmprieto.com

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