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NYC no era New York City sino Negra y Criminal

Por José Luis Muñoz , 8 septiembre, 2015

2015090515331976019El mundo está lleno de malas noticias que nos abruman. El que cierre una librería lo es. Pero han cerrado muchas ya, por desgracia, en la ciudad de Barcelona. La gente que ha dejado de ir al mercado, o a las pequeñas tiendas de barrio, para ir al supermercado, es la que ha cambiado la pequeña librería de toda la vida por la gran superficie. Además, es que no se venden libros en este país, y se lee poquísimo. Pero estos días cierra una librería emblemática, por los libreros que la han llevado desde su nacimiento, Paco y Montse, y por el círculo de amigos lectores y autores que consiguieron aglutinar en torno a ella durante todos estos años que ha ido sobreviviendo.descarga

La Negra y Criminal de la calle La Sal de la Barceloneta no era una librería como otra cualquiera. Además, no tenía ni siquiera el aspecto canónico de lo que debe ser un local que vende libros. Pequeña, y de aire siniestro, con un sótano con rejilla en el centro que podía abrirse a voluntad del pedal de Paco para tragarse a algún pesado, reunía en sus anaqueles, en un espacio muy reducido, lo mejor de la novela negracriminal que se cocinaba en el mundo. Además, en la librería se hacían un sinfín de presentaciones de libros y por ese templo de la novela policial, referente mundial, internacionalmente reconocido, pasaban los mejores escritores del mundo, desde Donna Leon a Andrea Camilleri, pasando por Petros Markaris, para fotografiarse con la camiseta de Negra y Criminal y ante la puerta del local.

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A Paco Camarasa lo conocí en Valencia, mucho antes de montar la librería en Barcelona, y precisamente literaturalizo ese primer encuentro, cuando él era distribuidor de libros y yo un recién llegado al género negro,  en mi novela más autobiográfica, Patpong Road. Y luego, frecuenté la librería, presenté en ella algunas de mis novelas, firmé ejemplares en el puesto que ponía en las Ramblas el día de San Jordi, al lado del mercado de la Boquería, para hermanar el buen pescado con la buena literatura, y allí permanecía todo el día hasta que el pescado estaba vendido.

En esa librería emblemática, que cierra por nuestra desidia, de cuyo cierre somos todos algo culpables, pasaban cosas extraordinarias, más allá de esos exquisitos mejillones que cocinaba Montse y que Paco regaba con vino tinto, negro, porque no se podía beber vino blanco en la Negra y Criminal, todos los sábados a la una, un rito que ya todos sabíamos. Pasaban cosas entrañables en ese reducido espacio porque era mucho más que una librería, era un club, y autores y lectores nos sentíamos orgullosos de pertenecer a ese club, de acudir a los saraos; firmar libros en la calle, porque dentro, por sus dimensiones, no se podía; llenar, hasta reventar, la calle de la Sal cuando se celebraba el final del evento de BCNegra del que Paco Camarasa era comisario.

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Libros, mejillones, tinto, abrazos y cruces de palabras rodeados de libros de Jim Thompson, James Ellroy, Manuel Vázquez Montalbán o Thierry Jonquet. Hablábamos de nuestras novelas, de los proyectos, de las ferias y festivales a los que íbamos, de nuestras preferencias literarias. A veces llegaba con mi bici, la gnegra-y-criminal-coleccion-negrura-n10uardaba en la cocina de la trastienda y nos íbamos a comer todos pescadito frito a un sitio muy barato que Paco conocía, y recomendaba, porque el pescado era fresco. Y en una de esas comidas informales, entre escritores y los libreros, una editora francesa desaparecida en el olvido, Nicole Cantó, nos propuso un juego a 24 manos llamado Negra y Criminal, la novela, y coordinados por Andreu Martín y Jaume Ribera, que de esos juegos saben mucho, nos pusimos a escribir un libro negrocriminal que rindiera homenaje a la librería y a los libreros y, de paso, disfrutar. La novela, publicada por la desaparecida editorial Zoela en su colección Negrura, llevó la firma de Mercedes Abad, Miguel Agustí, Raúl Argemí, Alicia Giménez-Barlett, Francisco González Ledesma, David C. Hall, Andreu Martín, Manuel Quinto, Jaume Ribera, Enrique Sánchez Abulí, Mariano Sánchez Soler y el que esto escribe. Y ahí posamos los doce escritores (uno, el jefe de la banda, nos dejó este mismo año), con las camisetas de la Negra y Criminal, el día de la presentación. Y como ése, mil recuerdos que le vienen a uno a la memoria cuando una librería, que ha sido algo tuyo también, se cierra.

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Paradojas. Posiblemente la Negra y Criminal era la librería de referencia del género negro en España, la más mediática, la que más tinta generaba en la prensa escrita, pero, como reconocía amargamente Paco Camarasa en su carta de adiós, la gente no le compraba libros, prefería hacerse con ellos en las impersonales grandes superficies, y por eso el librero ha tenido que echar el cierre de ese club tan especial y abierto a todos que era Negra y Criminal.

Vamos a echarla de menos porque muchos crecimos, y maduramos, alrededor de Negra y Criminal.

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