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Nostalgias de sobremesa

Por Álvaro Bernal , 7 marzo, 2014

Nostalgias de sobremesa 1

Hace unos días comiendo con  amigos, nos pusimos a recordar la época en la que  no había móviles. Cuando en las casas sólo había un teléfono, normalmente en el salón,  y  si uno quería llamar a un ligue y tener un poco de intimidad tenía que bajar a la calle a buscar una cabina. En su día el inalámbrico nos pareció la repera. Nos reíamos recordando la gracia que nos hacían los pioneros del móvil, los que llevaban el cacharro en una funda colgando del cinturón como si fuera un revólver. Aquello nos parecía cosa de horteras y de nuevos ricos.

No sospechábamos  que aquellos  trastos se convertirían en pocos años en imprescindibles  para cualquier hijo de vecino, ni que evolucionarían lo que han evolucionado. También nos acordamos  de cuando no había ordenadores, ni correo electrónico ni internet, y empezamos a preguntarnos  cuánto tiempo llevábamos sin escribir una carta y echarla al buzón. La tira.

Crecimos sin móviles ni ordenador, escribíamos y recibíamos cartas, buscábamos la intimidad de  las cabinas telefónicas para hablar con la novia. Si teníamos que hacer un trabajo en el colegio o en el instituto, íbamos a documentarnos a las bibliotecas y fotocopiábamos las fotos de la enciclopedia para recortarlas luego e ilustrar nuestros trabajos escritos a boli  de aquella manera. Escuchábamos música en vinilos y en cintas que copiábamos en nuestros radiocasetes de doble pletina.  Era cuando estábamos siempre en la calle, de niños jugando a lo que fuera y de adolescentes ya creciditos en los billares o en los futbolines apurando los primeros tragos de cerveza. Quedarse en casa a esas edades era cosa de gente rara. Recordábamos todo esto con cierta nostalgia encendida por el vino de la comida primero y avivada por la copa de la sobremesa después.  Ahora tenemos ordenadores y móviles que revisamos cada cinco minutos,  estamos en las redes sociales y nos comunicamos por wasap, estamos conectados constantemente, pero yo tengo mis dudas sobre si somos más sociables y más empáticos  que antes.   Ahora tenemos toda la información que queramos a golpe de click, pero eso no nos garantiza estar bien informados.

 Los que estamos  ahora metidos en los cuarenta, hemos vivido de pleno la revolución de las telecomunicaciones casi sin enterarnos. Pasamos en unos años del pleistoceno  a la vanguardia, fue cosa de un parpadeo, como la famosa elipsis que hizo Kubrick en  2001, del hueso a la nave espacial en un suspiro, y cuando nos paramos a pensarlo nos entra un poco de vértigo y un punto de nostalgia. A lo mejor la nostalgia tiene que ver  con la sensación de que  en el trayecto que va del teléfono fijo en el salón y el correo ordinario,  a la telefonía móvil,  Internet y  las redes sociales, nos hemos dejado algo importante en el camino.  Aunque es posible que  nuestra nostalgia tuviera  que ver con el vino, o con la crisis de los cuarenta. Quién sabe.

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