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Noé, ¿merece el hombre ser salvado?

Por Esther Bendahan , 4 abril, 2014

Noé, desde el primer momento nos inunda de tiempo. Se presenta una historia conocida, sabemos el final, pero hay una reflexión sobre el pasado que como en un línea sutil se cuela por una brecha de tiempo hacia un futuro próximo y posible, convirtiéndose de repente otra historia siendo la misma. El Noé bíblico adquiere una conciencia humanista, es un Noé preocupado por la tierra y los animales, vegetariano y separado de la maldad de los hombres. Aislado, con su familia, emprende una aventura personal siguiendo un mandato del Dios único. Así tanto el tratamiento de Dios como de Noé resultan proyecciones de un pensamiento reflexivo que ha ahondado en los símbolos y significados. Hay silencio de Dios, es un Dios que dialoga con el hombre en el silencio.

Darren Aronfsky, como en Pi, película en busca de un modelo existencial y numérico, que interroga a las matemáticas y la cábala, encuentra algo de certeza en Noé. Russell Crowe da un rostro a la tensión constante entre la realidad y el delirio, ¿cómo ser uno, recibiendo la orden, el mensaje? Pero,¿cómo saber sus límites? Por supuesto que no es fiel al texto, además hay concesiones a los espectadores, se le quiere entretener, tensión, imágenes espectaculares, interpretaciones personales, pero se ponen al servicio de la comunicación profunda, de una pregunta, ¿merece el hombre ser salvado? Dando al personaje de Noé una dimensión completa. El Noé de Aronfsky, se pregunta si él y su familia merecen ser salvados, si el hombre ha sido destruido, ¿no es él a su vez hombre, por lo tanto portador del mal?

Noé puede suceder. y cualquiera de nosotros puede ser Noé. Igual que cada tiempo tiende sus Mesías, Noé es un hombre como cualquiera que se hace consciente frente al poder, frente al la banalizad del mal. Y en cada instante, único de nuestras vidas se da la posibilidad de salvación, de decidir, si o no. No es exactamente fiel al texto, tal vez por eso ha disgustado tanto a varios grupos conservadores, sin embargo, es precisamente en esas variaciones donde encontramos la grandeza. Por cierto a menudo en la película se vuelve al día de la creación, un acierto la idea del hombre como luz. Ese es el primer momento antes de la creación de Adam como tierra… destruir la tierra, Adama,  es destruir a Adam, el hombre.

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