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No somos perezosos, tenemos más dopamina en la ínsula

Por Inmaculada Durán , 15 marzo, 2014

CerebroEstoy mucho más tranquila desde que he descubierto que la holgazanería no es algo que tenga que reprocharme, sino una reacción química que se produce en mi cerebro gracias a un neurotransmisor, la dopamina, que se empeña en tener más actividad en esa zona de nuestro cerebro que reconoce el sufrimiento cuando toca trabajar o hacer tareas que no nos motivan. Ínsula es el nombre de esa parte tan inteligente que todos tenemos. Así que, parece ser, que si somos de los que generamos más dopamina en la ínsula interior tenderemos al mínimo esfuerzo.

A partir de ahora, si tu jefe llega y te da tres gritos porque no has terminado el cierre del mes, podrás argumentarle, sin miedo a equivocarte, que no es culpa tuya, sino que tienes más dopamina en la ínsula. Lo mismo si te da pereza hacer la compra o reparar el grifo de la bañera que lleva seis meses goteando. Porque, ¿quién puede luchar contra la genética?

A esto hay que sumarle que puede que seamos procastinadores, o lo que es lo mismo, de los que lo dejamos todo para mañana. Para qué hacerlo ahora si lo puedes hacer en otro momento es la máxima de los que padecen esta tendencia. Han debido ayudar en el proceso las nuevas tecnologías porque siempre hay algún whatsapp que leer o enviar, alguna página web que consultar, quizá un e-mail… El caso es que cuando nos queremos dar cuenta ya no hay tiempo para estudiar inglés, que es para lo que nos habíamos sentado ante el ordenador. Según Gary Marcus, un psicólogo de la Universidad de Nueva York, hay entre un 15 y un 20 por ciento de la población que padece este aquejamiento de forma crónica porque “la evolución nos ha dotado de inteligencia suficiente para fijarnos metas, pero no de la voluntad para llevarlas a cabo”, aseguraba Marcus en unas declaraciones recogidas por La Vanguardia.

Así que, ya no hay excusa para dejar para mañana el fin de este texto e irme al sofá a ver a Bette Davis y a Olivia de Havilland, en Como ella sola, que ya veo por el rabillo del ojo que acaba de empezar.

 

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