Ni esperanza ni miedo |
Portada » Columnistas » A falta de sol » Ni esperanza ni miedo

Ni esperanza ni miedo

Por Oscar M. Prieto , 1 julio, 2016

Los amantes del arte y cualquiera con una sensibilidad mayor que la de una ameba, estamos de suerte. Además de la gran exposición del Bosco en el Museo del Prado, este mes de junio se han inaugurado en Madrid sendas exposiciones en torno a Caravaggio una en el Palacio Real y otra en el Museo Thyssen. No voy a hablar aquí sobre el significado de este pintor único en la Historia del Arte, aunque ni el mismo Velázquez se puede comprender sin Caravaggio. Pero sí contaré algunos rasgos de su personalidad, de su biografía.

Caravaggio era un espadachín, un pendenciero y un hombre de honor. En su espada llevaba grabada su divisa: «Nec spe nec metu». Ni esperanza ni miedo. Este fue su lema vital, no hacer las cosas por los premios prometidos ni dejar de hacerlas por los castigos amenazados. Cuando le llegó su gran oportunidad, con una obra para San Pedro del Vaticano, se mantuvo fiel a sí mismo. Se trata de Santa Ana y la Virgen con el Niño. Santa Ana es una vieja pelleja, la Virgen era Lena, prostituta y amante del pintor y el Niño Jesús está desnudo con la pirulina fuera. Obviamente el cuadro sólo estuvo colgado un par de días.

Luego se sucedieron los crímenes, huidas y persecuciones. Una mañana acompañaba a unos caballeros de paseo por Messina. Entraron en la Iglesia de la Madonna del Pilerio y como uno de ellos le ofreciera agua bendita, le preguntó para qué servía, con esa ingenuidad tan humorística de la qua apenas ha quedado huella en sus biografías, pero que seguro tenía, sentido del humor, sin duda. Ingenuo, quizás desconcertado, no manejando los registros de aquel personaje tan famoso como extraño, le respondió que con ella se le perdonarían los pecados veniales. La cara de asombro al oír la respuesta de Caravaggio, me la puedo imaginar: «Ah, entonces no te preocupes, porque los míos son todos mortales».

Porque los míos son todos mortales. Lo sabemos. Sabemos que al menos mató a un hombre. Pecado mortal. ¿Qué más pecados había cometido? Todos los necesarios. Él sí, otros nos podremos amedrentar con las penas del infierno, pero él no. Cometería los pecados que fuera necesario cometer. Transgrediría todas las normas, también con su arte.

Salud.

www.oscarmprieto.com

Deje un comentario