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Neknominate

Por Silvia Pato , 9 abril, 2014

Lo llaman necknominate, un «juego» que se ha puesto de moda a través de Facebook que consiste en retar a un par de «amigos» a beber, que lo graben, lo suban a la red, y a su vez, reten a otros, con lo cual la absurda cadena alcohólica siga aumentando. En ocasiones, este drinking game se realiza practicando actividades de riesgo, y ya ha habido varias muertes relacionadas con ello.

La malsana competición ha saltado de nuevo, durante la última semana, a primera plana de los medios de comunicación por la denuncia que ha realizado una madre a la red social, después de que su hija de once años acabara en el hospital por haber participado en ella. En su defensa, un portavoz de la compañía se ha esforzado en recordar que Facebook no permite a los menores de trece años abrir una cuenta.

Al margen de las responsabilidades compartidas que progenitores y empresas puedan tener en un asunto como este, detenerse un instante en la principal baza de defensa de la red social causa estupor. ¿No pueden tener perfil los menores de trece años? ¿Asumen pues que no hubiera sido un problema lo sucedido si la cría hubiera tenido trece años? ¿Tal universo media entre los once y los trece años en el mundo digital que algunos todavía lo desconocemos?

Y eso sin hablar de la práctica imposibilidad de tener control sobre la edad de aquellos que abren sus perfiles en las distintas aplicaciones de Internet, como si fuéramos todos tan ingenuos para creer que la sinceridad es una característica generalizada de sus usuarios.

Seguramente, ante semejante noticia, muchos se habrán desgarrado las vestiduras descalificando a la madre de la niña; otros se habrán puesto a contar historias, como si esto no tuviera importancia, de casos que ellos mismos conocen, cada cual más extremo y macabro; y los más ajenos a la tecnología afirmarán de seguro que la única solución es censurar la Red.

No obstante, no voy a seguir ninguno de esos derroteros tan fácilmente frecuentado. Más allá de la edad, del sexo, de los estudios o de la ocupación laboral, ¿puede alguien explicar qué está sucediendo en esta sociedad para que actividades tales como el necknominate tengan un calado cada vez mayor entre la gente joven?

¿Qué vacío existencial intentan llenar las personas con ese tipo de comportamientos?

imagesAlgunos me dirán que veo problemas donde no los hay, que la gente siempre ha bebido, que siempre han existido ese tipo de juegos y que todos hemos sido jóvenes. Negar que las cosas han cambiado, aunque no en su esencia, sí en su forma y en su número exponencial, es negar la realidad o, cuando menos, desconocerla.

Este tipo de conductas se ocultaban, porque no tenían sentido más allá del pequeño grupo que el adolescente frecuentaba. Fueran los motivos que fueran los que conducían en los noventa a determinados comportamientos a los adolescentes, raramente llevaban aparejado el exhibicionismo y una enfermiza vanidad.

Con seguridad, ese es uno de los mayores problemas que ha acarreado la influencia de Internet en todas esas etapas conflictivas, que ya no solo los adolescentes pasan, en nuestras vidas.  Todo se hace para que te vean. Todo se realiza para ser visto. Y parece que da igual el precio a pagar.

Este hecho multiplica por mil lo que hace unas décadas era puntual. De tal forma, la excepción ha venido a convertirse en norma, y los que no se percatan de la relación entre determinado uso de las redes sociales y el incremento de determinados problemas sociológicos y psicológicos, pecan de desconocimiento o, tal vez, de consentida ignorancia.

De la vanidad de las autofotos a los problemas de autoestima y trastornos alimenticios de las jóvenes no hay tanto recorrido, así como de subir una inocente fotografía a compartir una imagen de tono desproporcionado para ser aceptado por el grupo no existe apenas distancia. Al fin y al cabo, esa ha sido siempre una de las luchas de los adolescentes; lo que ocurre es que antes el adolescente quería ser aceptado por un grupito de seis o diez personas, y ahora desea llamar la atención de sus cientos de «amigos» de Facebook, y en la inmensidad de la Red es bastante más difícil destacar, por lo que la proporción de los actos a realizar para lograrlo está creciendo en una escalada descabellada.

Por si todo eso fuera poco, muchos adultos, que de adultos parecen tener solo la edad biológica, actúan de igual o peor forma, lo que me conduce al inicio de esta semanal reflexión: ¿Qué tipo de sociedad estamos creando en la que la gente huye de sí misma y se siente tan vacía que tiene que convertirse en una sombra digital, siendo lo único que le satisface, más allá de su conciencia, de su ética o de su bienestar, el aplauso de aquellos que también se encuentran perdidos en un mundo en el que no dan encontrado camino?

Lo increíble es que, a estas alturas, todavía algunos se pregunten por qué siempre he creído que la Filosofía tendría que ser asignatura obligatoria en las escuelas.

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