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Mr. Turner, de Mike Leigh

Por José Luis Muñoz , 24 Diciembre, 2014

Mr_Turner-122868528-largeAsombra la versatilidad y el rigor de los realizadores británicos a la hora de acometer trabajos teóricamente fuera de su línea cinematográfica, su capacidad de adaptación a mundos ajenos y su rigor absoluto en la ejecución de su trabajo. Estamos acostumbrados a un Mike Leigh de temática social—el de Secretos y mentiras y Todo o nada—, retratista de la clase obrera británica, al estilo de Ken Loach, sin su exceso de pátina política, o de Stephen Frears; pues bien, como éste último en Las amistades peligrosas, es capaz de ponerse en un film de época y conseguir una obra cinematográfica impecable de principio a fin, bordar un trabajo de filigrana.

Mr. Turner es el biopic de uno de los mayores pintores del Reino Unido, William Turner, mago de la luz, las marinas y los naufragios, y Mike Leigh hace un retrato nada complaciente de este genio cuando ya ha triunfado y goza de reconocimiento público y de la crítica. Se hace realidad en él la brillante frase de la escritora Margaret Atwood Interesarse por un escritor porque nos gustan sus libros es como interesarse por los patos porque nos gusta el foiegras, aplicándolo al mundo de la pintura. El Turner que nos presenta Mike Leigh, en una época de profundos cambios—se inventa la fotografía con la repercusión que tendrá sobre la pintura, y el director lo visualiza en una divertida secuencia en la que el pintor acepta ser fotografiado—, es un personaje desalmado que nunca quiso a su familia—muere una de sus hijas y ni siquiera se digna ir al entierro—, desprecia a su fallecida madre que acabó en un psiquiátrico y le importa un rábano la frágil salud de su padre, que le ayudó y fue su compañero fiel durante muchos años. La única amante de Turner será la pintura, la búsqueda de la luz, el dios sol, según palabras suyas, en lo que empeña su vida. Mike Leigh recrea a conciencia la época contando con una dirección artística espléndida, clona en sus fotogramas la visión que Turner tiene del mar—magistral la representación de uno de sus cuadros más celebrados: El Temerario remolcado a dique seco—e ironiza sobre los colegas coetáneos en la reunión que estos tienen con sus obras en la Real Academia del Arte—se burla de Gainsborough introduciendo un bermellón chocante en uno de sus lienzos que luego transforma en boya con un salivazo y el pulgar; se carcajea cuando irrumpen los prerrafaelistas en la pintura británica—, un batiburrillo de egos supinos. Turner, que empezó siendo figurativo y brillante exponente de la pintura romántica, derivó hacia un impresionismo radical, siendo uno de sus precursores,  y finalmente sus cuadros se convirtieron simplemente en luces, en nubes, humaredas o nieblas traspasadas por el sol. La película no sería lo que es si no contara con un actor excepcional, Timothy Spall—obtuvo por su interpretación el premio al mejor actor en el último festival de Cannes—, al que hemos visto muchas veces de secundario de lujo en todo tipo de films, también en los de Mike Leigh, y que aquí es el protagonista absoluto, un viejo gruñón sin apenas sentimientos, que dice de sí mismo que tiene cara de gárgola, trata a su devota y enamorada doncella (Dorothy Atkinson) como objeto de usar y tirar, y acaba sus días en un pueblo de la costa, en Chelsea, junto a la dueña de una posada (Marion Bailey), seguramente porque desde su ventana puede ver el primer rayo de sol que ilumina Gran Bretaña.

William Turner nunca en su vida pintó ningún retrato: no le interesaban los seres humanos.

Título original: Mr. Turner
País: R.U.
Año de producción: 2014
Género: biopic
Duración: 149 minutos
Director: Mike Leigh
Estreno en España: 19/12/2014

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