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Movimientos sociales: ¿La antesala del cambio?

Por José Antonio Olmedo López-Amor , 15 marzo, 2014

 
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“Nos vemos obligados a ejercer la solidaridad

porque somos incapaces de exigir justicia”

Anónimo

 

Movimiento social

Fue Lorenz Von Stein en el año 1846 quien con la publicación de su libro Historia de los Movimientos Sociales Franceses desde 1789 hasta el presente 1850 introdujo el término <movimiento social> en el vocabulario académico de la época.

Generalmente la Historia nos ha demostrado que los movimientos sociales conciben su germen en la indignación colectiva -Los comuneros de Castilla, la revolución Mexicana-, mayoritariamente provocada por las desigualdades sociales y económicas sufridas por una o varias clases de la sociedad. Esa exclusión genérica de un estrato o grupo determinado unido al plausible afán de marginación y monopolio demostrado por los gobernantes, prenden la mecha de una indignación pública que pretende hacerse oír y cambiar las circunstancias por medio de la unificación y la presión. Un derecho para unos, una medida coactiva para otros, lo cierto es que cuando el sentimiento de vulneración crece entre los ciudadanos tarde o temprano aflora una insurgencia expansiva que, si bien no está muy bien organizada sí expresa con rotunda claridad las razones de su fundamento.

Un movimiento social, como voz del pueblo y discurso de la conciencia general de la ciudadanía, es sin duda uno de los claros síntomas de crisis sistémica, una crisis no siempre reconocida, pero acuciante y motivadora, si no de su solución, sí de un cambio inminente. Por suerte, en ocasiones, la sociedad se manifiesta y rompe esa hegemonía de gregarismo que llevamos impresa en nuestra condición humana.

Los ejemplos vividos en el barrio de El Gamonal (España) o en Crimea (Ucrania), son conatos de rebelión social que ha dado sus frutos, aunque bien es cierto que en ambos casos se ha llegado a la violencia, algo que, de acabar bien, contendría un mensaje muy peligroso.

comuneros rebelión en ucrania

Un camino obligado

Es fácil predecir, tal y como se encuentran las cosas a nivel mundial, que los movimientos sociales no cesen sino que aumenten en número y se refuercen tanto en  organización como en objetivos. Dada la posición preclara de los gobiernos de los países en general de apoyar al capital que administran un grupo de elitistas millonarios, dada la sistemática vulneración de los recursos naturales de nuestro planeta a favor de los intereses de los inversores, dado el sometimiento del llamado bien común al dictado de los inhumanos mercados, o dada la tendencia de enriquecerse y aprovecharse del ciudadano en lugar de representarlo y velar por sus intereses y derechos, me atrevo a afirmar que esto no ha hecho más que empezar.

Es verdad que la sociedad española está convulsa, y tiene motivos para estarlo, su soberanía se reduce tan solo a una pantomima electoral cada cuatro años que ya no convence a nadie, no existe el partido que represente verdaderamente al pueblo ni a las clases más desfavorecidas, no existe el partido que cumpla a rajatabla el programa de promesas que presenta en su campaña electoral. La indignación social va a seguir manifestándose y creciendo, el ejemplo antiglobalización del 15-M es un buen ejemplo de ello; se ha barajado la idea de que tal movimiento debería fraguar en la consumación de un nuevo partido político (partido X), tal vez no sea esa la solución más eficaz al problema, pero tal y como está concebido el sistema de administración de masas -según mi opinión- no quedan más opciones que jugar con las cartas que nos han repartido.

Quizá entre los mejores modos para canalizar el éxito conseguido por un movimiento social, esté el de motivar su expansión a todas las latitudes del país donde se celebre así como al exterior, adquiriría una mayor repercusión al contagiar a países vecinos que siguieran por el mismo camino y los hechos trascendidos amenazaran con propagarse más y más. Intentar legitimar los éxitos obtenidos en forma de ley o decreto es una solución momentánea que sin duda se disipará cuando el país cambie de gobierno tras unas elecciones. Conseguir reformar una constitución, un código penal o tener representación en el senado siempre es bueno pero hay que aspirar a más. No se puede dejar en manos de un grupo de personas que obran en función de sus intereses todos los recursos económico-militares de un país, no es prudente.

Por supuesto que un movimiento social debería ser la antesala de un cambio anunciado, un cambio que pide la mayoría es siempre un cambio necesario. Pero lamentablemente no siempre es así y las administraciones gubernamentales ignoran el mensaje ciudadano, criminalizan cualquier tipo de manifestación e intentan blindarse contra cualquier tipo de protesta, como es el caso de la actualidad en España. Llegados a este punto, y como medidas desesperadas para evitar un brote de violencia que podría desencadenar una guerra civil, existen dos puntos de vista, el del propio sistema que oprime y el del ciudadano oprimido; veamos cómo la sintomatología de ambos se manifiesta entre los titulares de nuestros diarios y subliminalmente en nuestro día a día:

Punto de vista del sistema:

Imaginemos por un momento que somos un sistema que pretende no gobernar, sino controlar y exprimir a sus ciudadanos al máximo sin ofrecerles la oportunidad de elegir. Para ello son imprescindibles ciertos factores como por ejemplo:

-Control sobre la natalidad (lo que permite incidir sobre ella)

-Monopolio de los mercados (lo que impide la competencia)

-Control sobre la Hacienda Pública (el dinero es poder, hay que saber cuánto tiene cada cual)

-Manipulación de los Medios de Comunicación (controlar la información que les llega a los ciudadanos y manipularla en función de los intereses)

-Privatización de la Educación, Sanidad y Justicia (con ello se elimina la clase media y solo hay ricos o pobres)

-Criminalizar las manifestaciones (recorte de derechos e intimidación)

-Potenciación de la violencia de los Cuerpos de Seguridad (instaurar el miedo)

-Pactar con Sindicatos, medios independientes o cualquier grupo que pueda amenazar la hegemonía (hay que preservar el modelo a seguir)

-Por supuesto, hay que favorecer el proceso de Globalización, que a su vez favorece todos los puntos anteriores (buscar la grandeza de las alianzas para garantizar el blindaje)

-Garantizar la consolidación de las redes sociales (controlarlas es tener más información de los ciudadanos y un canal más para incidir sobre ellos)

Todo esto está en marcha, la globalización es imparable, solo cabe pensar en si es posible redirigir sus intereses para una humanización de los sistemas. En dicha mundialización subyacen tanto los factores desencadenantes de un movimiento social como las herramientas para combatirlos. Los mensajes subliminales lanzados por los medios, como el consumismo, la banalización, la pompa de la prensa rosa, el sexo, la violencia, la competitividad deportiva, los cánones de belleza…etc. Son resortes que van siendo utilizados para demonizar la conciencia colectiva, cortinas de humo, botones que se pulsan con mayor o menor vehemencia para ir marcando los rasgos del guión de la sociedad. Se puede provocar la euforia, la frustración, el existencialismo, las consecuencias de cada estado ya están estudiadas de antemano, por eso su utilización va en función de los propósitos del sistema en cada momento. La función de un estado al que no le interese la guerra, principalmente por motivos económicos, es disipar cualquier tipo de conato social de rebelión, y para ello utilizará todo aquello que esté a su alcance; conforme la ciencia vaya evolucionando irá dotando a los pudientes de más y más y más recursos a los que recurrir para aplastar y controlar a los más débiles, y en ese camino ascendente de sofisticación esclavista, llegará un punto donde cualquier tipo de rebelión será imposible o se reducirá a una ínfima resistencia incapaz de ser in tervencionista.

 

Punto de vista ciudadano:

Debe florecer el intelecto, la imaginería al servicio de un “pueblo unido”. Unos abogan por la desobediencia civil, una postura peligrosa ya que expone en demasía la integridad y patrimonio del sujeto que la profese. Otros apuestan por no hacer nada, tratan de sobrevivir sin arriesgar, obedeciendo al sistema. Pero francamente yo creo que los problemas de opresión y tiranía necesitan soluciones eficaces que ataquen donde más duele, al dinero. Si todas las personas se pusieran de acuerdo y no ingresaran dinero en los bancos, los gobiernos perderían su brazo articulado y no les quedaría más remedio que transigir o recurrir a la violencia. Si nadie declarara a hacienda sus ingresos destrozaría sistemáticamente un sistema que los veja y vulnera, un sistema que lo merece. No comprar artículos de empresas sin escrúpulos que explotan niños. Organizarse y distribuir el dinero de forma independiente protegiendo en primer lugar a los más necesitados, garantizar de alguna manera una ética de la que actualmente prescindimos.

Ese enfoque de repartición de la riqueza nace de una concepción ética y comunitaria. La ética aplicada es, en palabras de Brenda Almond -co-fundadora de la Sociedad de Filosofía Aplicada-, “…el examen filosófico, desde un punto de vista moral, de cuestiones concretas en la vida privada y pública de juicio moral”.

La ética aplicada está considerada una de las áreas más prolíficas y de relevancia actual de la filosofía contemporánea. Los que tratan de fomentar la ética aplicada desarrollan su trabajo en varias áreas de la sociedad donde la ética posee un papel relevante. Trabajan en ámbitos como la bioética, la ética empresarial, la ética ambiental, la ética legal, la ingeniería ética, la ética de la comunicación, la ética del ciberespacio, etc. Éstos y muchos otros ámbitos, donde se lleva a cabo un intento de tratar con problemas éticos que surgen en la vida cotidiana, constituyen el objeto de estudio de este tipo novedoso de aplicación de la ética.

Ética y Moral son dos aspectos indisociables de una misma problemática humana, esto quiere decir, el discernimiento subjetivo entre el Bien y el Mal.
La Moral se encarga principalmente del aspecto que une al individuo en su relación con los demás, un planteamiento que trata de subjetivar equitativamente el término universal de la Justicia y es una de las dos grandes funciones de la Religión (la otra función de la Religión es la que trata la relación del individuo con la Divinidad).
La Ética, por su parte, se acerca al conocimiento desde lo racional, sin implicar una relación con lo religioso (pero tampoco, sin excluirlo: De hecho, gente religiosa también elabora aproximaciones éticas).

 

Discurso de la Ética

El discurso de la ética debería manifestarse y aplicarse en todos los estratos: la ética política, económica, ética laboral, “moral” ¡qué paradoja! Ética moral, cuando de la moral debería nacer la ética. De momento, la moral nos ha servido para avergonzarnos, algo de rubor nos queda entonces.

El iusnaturalismo o derecho natural es una teoría ética con cierto enfoque filosófico, -especialmente en derecho- que defiende la existencia de los derechos del hombre fundados o determinados por la naturaleza humana, universales, anteriores y superiores -o independientes- al ordenamiento jurídico de turno, aunque sea positivo e independiente también al Derecho fundado en la costumbre o Derecho consuetudinario.

Las teorías sobre el Derecho natural o la ley natural tienen dos vertientes analíticas principales relacionadas. Por una parte, una vertiente ética y, por otra, la legitimidad de las leyes.

La teoría ética del Derecho natural o de la ley natural parte de las premisas de que los humanos son racionales y los humanos desean vivir y vivir lo mejor posible. De ahí, el teórico del derecho natural llega a la conclusión de que hay que vivir de acuerdo a cómo somos, de acuerdo con nuestra naturaleza humana. Si no lo hiciésemos así nos autodestruiríamos.

Eso supone que los seres humanos compartimos toda una serie de características comunes, una naturaleza o esencia: unas características físicas, químicas, biológicas, psicológicas, sociales y culturales, etc. Eso hace que las formas de vida que podemos vivir satisfactoriamente no sean ilimitadas debido a nuestras necesidades.

Habitualmente, una objeción que se suele poner a esta teoría es la variabilidad de la conducta humana. Sin embargo, la teoría pretende señalar que no todo es bueno para los humanos. Y de este modo, la teoría del Derecho natural ha contribuido a dar a luz a las teorías de los derechos y a una forma, entre otras, de dar razones para justificar los Derechos Humanos y los derechos fundamentales.

Todo sistema que no salvaguarde la integridad de los principios morales está abocado a constituirse como dictatorial, injusto, opresor y condenado a sufrir la sublevación de su pueblo.

El futuro de los ciudadanos y los movimientos sociales es y será incierto porque falta determinación y sobra miedo y conformismo, algo que con el tiempo debe ir cambiando. Debemos tomar la opresión como un revulsivo estímulo para desencadenar la Justicia y la Libertad, algo que ratifica que todavía nos queda un largo camino que recorrer.

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