Manzanas |
Portada » Columnistas » A falta de sol » Manzanas

Manzanas

Por Oscar M. Prieto , 8 octubre, 2015

La tarde del sábado la dedico a perder al mus –en el torneo solidario organizado en el Bar Virginia de Benavides- y a vendimiar manzanas. Sienta bien al ánimo vendimiar. Al ir llenando jaulas, juntando jaulas llenas, unas al lado de las otras, repletas de manzanas, se alcanza un noción cierta de lo que es la abundancia. Una abundancia que no se puede ahorrar, si acaso algunos meses, nada más. Una abundancia sana, en la que no vale acumular. Aviso para codiciosos: las manzanas se pudren. O las comes o las regalas.

Las manzanas son a la fruta lo que los perros a los animales: una fruta doméstica, de casa, una fruta leal. Hoy, que las fruterías se llenan de colores y tamaños exóticos, de nombres de ultramar, dietéticos, con un sinfín de propiedades más o menos arcanas, la manzana es una fruta humilde.

Sin embargo, pocas frutas más simbólicas que la manzana, pocas más representadas en mitos y literaturas. Manzana era la de la serpiente y Eva. Manzana la de Blancanieves. Manzanas doradas las que la diosa Hera cultivaba en su jardín de las Hespérides, las mismas que robaría después Hércules en uno de sus trabajos. Y por una manzana también comenzó la guerra de todas las guerras, la más fabulosa, la Guerra de Troya.

Al no ser invitada a las bodas de Peleo y Tetis, Eris, la diosa de la discordia, se coló en la fiesta, y arrojó a las diosas, una manzana dorada en la que estaba escrito: Para la más bella. La disputa estaba servida. Afrodita, Hera y Atenea, las tres, se consideraban merecedoras de aquella manzana. Zeus, marido de una y padre de las otras, no quiso meterse en líos y encargó al humano Paris que decidiera quién de ellas era la más bella. El juicio de Paris, así se conoce. Cada una de las diosas intentó sobornarlo. París, finalmente, se decidió por Afrodita quien, a cambio, le había prometido a Elena. El problema estaba en que Elena era la esposa de Menelao y a Menelao no le hizo mucha gracia que su mujer se fuera con Paris. Y así, por una manzana, dio comienzo la guerra.

Si quieren saber más,  saber quiénes lucharon y quiénes vencieron en aquella guerra, lean la Iliada, del divino Homero. Sin duda un buen libro para cualquier otoño.

Salud

www.oscarmprieto.com

Deje un comentario