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LOS ZIGARROS, LOVE RULES

Por Javier Gil , 27 Octubre, 2014

Lugar: Sala Rocksound (Barcelona)   Fecha: 25 de Octubre de 2014

Fotografía: David Holgado (Dimoniet Vermell)

Hace un año no nos conocíamos ni por asomo. No sabíamos de la existencia de ambos. Hace un año, un grupo de rock and roll llamado Los Zigarros se estrenaron en la ciudad condal y la arrasaron.

Pues bien. Este pasado 25 de Octubre volvieron a repetir en la misma sala, misma ciudad, mismos componentes pero con unas diferencias a resaltar: más rodados, entradas agotadas y tú y yo nos conocemos.

Contarte que uno cuando uno entra al Rocksound siente la intimidad del rock, le vienen a la cabeza algunas imágenes de películas de esas americanas donde un grupo de rock tocan al fondo mientras el chico se liga a la chica. Me sentía el Dennis Hopper de turno en la película Easy Rider.

No te negaré que te busqué por si a última hora te arrepentías de venir, por si los milagros existían pero el concierto empezaba… Aparecen los cuatro jinetes en busca de sed, de pasarlo bien y ganarse al respetable. Ovidi Tormo (guitarra y voz), Álvaro Tormo (guitarra), Natxo Tamarit (bajista y voces) y Adrián Ribes (batería y voces) forman un grupo soñado. Posturas chulescas, músicos que viven esto y además se lo creen, su forma de vida es rockandrollear, una banda compacta, les sobra con mirarse para saber si todo va bien o, por ejemplo, improvisar en el repertorio previsto.

tn_DSC_1475Ovidi, con el permiso de los demás, se presta a capitanear la nave. Sabe que es la cara que la gente observa y se mueve como pez en el agua sobre el escenario. Natxo le da al bajo como pocos en este país y es capaz de con una sola mirada decirte que aquí hemos venido a disfrutar, a comernos el mundo. A la derecha, Álvaro se contornea como una serpiente cada vez que su guitarra le exige más. La hace sonar como si fuera la última noche que se subiera a un escenario. Por último, Adrián Ribes. Probablemente, sea uno de los mejores baterías de este país. Lo comparo muchas veces con el Keith Moon de la primera época de The Who por su salvaje forma de tocar, porque este señor es vértigo.

Estuve a punto de llamarte y de grabarte el típico vídeo para enviártelo más tarde pero me parecía demasiado impersonal. Prefiero contártelo todo por escrito y que te lo imagines.

Tampoco te negaré que me hubiera gustado bailar contigo cada vez que los Zigarros se atrevían con versiones de clásicos como Jerry Lee Lewis, Jimmy Hendrix, The Kinks, Eddie Cochran o el gran Tom Petty. Probablemente me hubieras susurrado aquello de “no tienes ni idea de bailar pero molas”. Luego te hubieras dedicado a una de las cosas que más te gusta: hacer fotografías. Nos buscaríamos con la mirada, una sonrisa cómplice a lo John Wayne y supongo que me hubiera callado una palabra.

La gente saltaba, tarareaba y levantaba los brazos en señal de victoria y acompañando al grupo en la noche. El calor hacía acto de presencia pero la conexión de todos nosotros  con Los Zigarros era total. Una caldera de buena música dispuesta a conquistar el barrio de Poble Nou. Nosotros los Zigarros, después de un año y con un solo disco en el mercado, venimos a arrasar, a ofreceros música y no retales y a no defraudaros. Te prometo que arrasaron, que conquistaron y no decepcionaron.

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Cuando leas estas líneas, te harás una pregunta seguramente. ¿En qué canciones te acordaste de mí?

Voy hacia el mar, me transportó a nuestras noches de playa. Rabia de ser pasadas.

Tras el cristal, la melodía años 60 rozaba nuestras excursiones.

Cayendo por el agujero, por las carreteras que quedaron bajo nuestros pies.

Desde que ya no eres mía, deseando que el desamor no ocurra entre nosotros.

En fin, deseando que este grupo de nuevo nos convoque y continuar quemando noches. Una última cosa: apenas sé nada de muchas cosas, pero sí sé que un concierto como éste le hizo falta una chica como tú. Compañera de fotografías.

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