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Los Juegos Olímpicos comienzan en Río de Janeiro con una ceremonia deslumbrante

Por José Antonio Olmedo López-Amor , 8 agosto, 2016

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¡Espléndido titular! ¿Verdad? Después de leer algo así, cualquiera pensaría que todo va bien. Los juegos se celebran cuando toca, no han reparado en gastos para la ceremonia —por lo que es deslumbrante—, y este año se celebra en Brasil, ni más ni menos que un país exótico, lleno de playas tropicales con cuerpos esculturales; una imagen que da la sensación de que las gentes de allí estén permanentemente en verano, y lo que es peor, de fiesta.

Todos sabemos que los medios de comunicación contribuyen como nadie a que esta época en la que vivimos sea la era del eufemismo. Desde el momento en que se permitió que la ley de los mercados marcase los tiempos de la economía, y no al revés, admitimos la condena a muerte de la libertad de prensa. Grandes inversores se encuentran detrás de los grandes medios, y esa obvia correlación entre el poder económico y el poder político tiene como misiva no dejar resquicio a cualquier publicación contraproducente. Sólo en pequeños medios, no indizados, en los que su repercusión es poco evidente o casi nula, podemos encontrar artículos que no apartan la mirada de esa errática verdad que los poderes mediáticos: tergiversan, demonizan o simplemente ignoran.

La diferencia entre la vida real y la vida contada por los medios es de una envergadura irrisoria; «el hombre despierto, debe ser definido como un animal que ríe» (Bueno, Gustavo; “Ética de la risa”, El Gallo, Salamanca, marzo de 1953). ¿Somos seres despiertos? Esta pregunta cobra especial sentido, principalmente, cuando aceptamos que aceptamos lo que a priori no deberíamos aceptar. Desde luego, esa desafección ante problemas universales que son solucionables con compromiso, mueve a risa. Lo peor de todo es que tampoco somos felices.

Más allá de si la felicidad es un estado anímico fugaz o una impresión subjetiva de la realidad, ¿quién puede ser feliz viviendo en la pobreza extrema? Y con pobreza, no me refiero únicamente a carecer de posición social, carecer de dinero líquido o posesiones, sino a no tener para comer. Tal es el caso de 45,8 millones de personas en Brasil. La mayor pobreza se sitúa en áreas suburbanas y en la región nordeste del país, donde el cuarenta por ciento de las familias sobrevive en la inopia. Sí, Brasil, la tierra donde en estos momentos se celebran los Juegos Olímpicos. ¿Qué pensarán las personas que viven en las favelas cuando vean pasar las limosinas con escolta, o cuando sepan el precio de la ropa que lució la modelo Gisele Bundchen en su desfile durante la gala inaugural?

La región de América Latina y el Caribe es, según Oxfam, la más desigual en ingresos del mundo, ya que en 2015 el 1% poseía el 41% de la riqueza regional, mientras que el 99% restante debe repartirse el otro 60%. Hoy, la avaricia de la clase pudiente ya no esconde su cara más ostentosa, su cara más cruel. Una de las propuestas del incipiente presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es construir un muro que separe a Estados Unidos —en su frontera— con México, para evitar la entrada de personas ilegales. Desgraciadamente, ese infame proyecto ya es una realidad en Brasil —además de en otros países—, la denominada favela Vila Autódromo, sufrió el derribo de gran parte de sus viviendas en estado precario por su cercanía al recinto que hoy es utilizado como Villa Olímpica, en su lugar, hoy se erige un gigantesco muro de hormigón. El proyecto tenía como finalidad evitar cualquier riesgo de intrusión por parte de los más pobres, respecto al perímetro donde se hospedarán los deportistas durante un par de semanas.

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[Las meditaciones sobre el Poder tienen un carácter moral o ético –son «filosofía moral», y en esto estamos casi todos de acuerdo. Toda reflexión sobre el Poder (aunque, en sus comienzos, no sea estrictamente filosófica, sino científica, categorial) alcanza inmediatamente resonancias morales, por tanto: induce a una meditación filosófica. «El Poder (El Estado) es el Padre» –dice una fórmula muy extendida que intenta penetrar categorialmente (puesto que «Padre» es un concepto categorial, histórico, sociológico…etc.) en la esencia del Poder. Pero la penetración en esta esencia «categorial», induce, aunque no lo quiera, múltiples «líneas de fuerza» constitutivas de un campo moral, a la manera como la corriente que pasa por un conductor induce un campo magnético cuyas líneas de fuerza envuelven al cable. Para muchos psicoanalistas, decir «El Poder es el Padre» es tanto como condenarlo, sugerir la iniciación de la tarea edípica de la «muerte del Padre»].

Gustavo Bueno,

Sobre el Poder (en torno a un libro de Eugenio Trías),

El Basilisco, 1978.

Para alcanzar ese grado de rebelión, para acometer la tarea de Edipo, hay que ser plenamente consciente, tanto de uno mismo, como de sus congéneres y el contexto de la realidad que los rodea. Ocurre que el capitalismo ya se ocupa de que la sociedad tenga su opinión dividida acerca de cuál es su verdadero enemigo, o de que directamente carezcan de opinión. El caso paradigmático de la aplicación del videojuego Pokemon Go, y todo el revuelo que ha organizado a nivel global, es una muestra más del sometimiento mental al que la sociedad anda inducida. Esta “aventura”, pionera en realidad aumentada, ha sido desarrollada por Niantic, y aunque a algunos pueda parecerles mentira, factura nueve millones de euros al día, cantidad que es repartida entre las nueve empresas que intervienen en su comercialización.

Zygmunt Bauman, en su libro titulado Ceguera moral (2015), escrito junto a Leonidas Donskis, ya alertó de la pérdida del sentido de comunidad en los individuos que coexisten —que no conviven— en un mundo individualista. Esa ceguera moral, esa insensibilidad a los problemas propios y ajenos, hace imposible que seamos seres despiertos, mucho menos, que seamos autores de esa «muerte del Padre», y ha cambiado innegablemente la eterna lucha de clases de la humanidad por una lucha particular en la que ya, los valores que blande la parte más débil, no son los que eran.

Y siguiendo con la sociología que propugna Bauman y ese efecto adormecedor con el que están experimentando los responsables de las redes:

«Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa».

Zygmunt Bauman

Entrevista concedida a Babelia, enero de 2016.

A esa deshumanización paulatina y evidente, hay que añadir el grado de indefensión que sufrimos las personas ante la pérdida de libertades, la injerencia política en la privacidad del ciudadano ya es invisible e imparable. Aunque muchos no quieran admitirlo, la lobotomización general hace tiempo que comenzó y se sigue evidenciando.

Aquí, en España, la noticia es que Nadal participó en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, o que Mireia Belmonte ha conseguido la primera medalla para España. Amo el deporte y admiro a los atletas, son un ejemplo de superación, ellos son la mejor demostración de una costumbre que comparto y me tomo —quizá— demasiado en serio: uno mismo debe ser su único rival. El problema es que son muy pocos quienes toman a estos atletas como ejemplo, la masa social está más preocupada de ir a la moda, consumir el último grito en productos que no necesita, y en definitiva, obedecer las órdenes enmascaradas de un sistema que se hace llamar «demócrata», mientras perfecciona su dictadura a golpe de tecnología.

Brasil es el cuarto país del mundo en cuanto a extensión territorial se refiere, su reciente industrialización, así como su riqueza natural son el motivo de una importante expansión de su industria agrícola, un sector que aporta importantes beneficios a la hacienda pública, un erial que ya calcula su renta per cápita a razón de 4.320 dólares. Sin embargo, uno de cada cuatro brasileños debe recurrir a ayudas estatales para evitar el hambre.

Brasil tiene frontera con diez estados sudamericanos, buena parte de ellos son los mayores productores de droga del continente, este dato no es ningún misterio, es conocido a todas luces, como consecuencia de la poca o nula atención de este problema, Brasil es el segundo país que más drogas consume, después de Estados Unidos, y una de las mayores vías de tráfico de estupefacientes de todas las Américas.

Por si no fuera suficiente, y basándose en estadísticas internacionales, Brasil se encuentra a la cabeza en la lista de los países más violentos del mundo. En la ciudad de Río de Janeiro, por ejemplo, entre enero y mayo del año 2007, 546 personas resultaron heridas o muertas por consecuencia de tiroteos en enfrentamientos entre bandas rivales que se disputaban puntos de venta de droga en las favelas o la ciudad.

¿Alguien piensa que alguno de estos problemas se subsanará tras la celebración de los Juegos? Muchos aplauden la celebración de eventos mundiales en tierra brasileñas, como el mundial de fútbol de 2014, porque es una importante fuente de ingresos debido al turismo, principalmente. Lo que no piensan es que esos beneficios irán siempre a parar a los mismos.

Aquí, en España, los ciudadanos estamos siendo testigos de una bochornosa actuación de los partidos políticos en lo que a pactos y formación de gobierno se refiere. Si no consiguen llegar a un acuerdo, seguirá gobernando un partido imputado por corrupción —ya en términos de organización criminal— que ha obtenido menos de ocho millones de votos, es decir, que esos ocho millones de votos decidirán quiénes gobiernan a los otros treinta y nueve millones de la población restante, democracia pura y dura. Aquí, la desafección política y el descrédito no provocan en la casta el efecto que claramente manifiesta; la frase nítida e irreductible de: señores, ya no creemos en vosotros, queda traducida en los mítines a: la ciudadanía nos ha dicho que tenemos que pactar. Como sociedad, estamos esperando impasiblemente ser descabellados en unas terceras elecciones que sólo provocarán un gasto innecesario a las arcas públicas y constatará el mensaje ya enviado por nosotros, esos mansos labriegos que forman una ciudadanía a la que no se le agota la paciencia; dejemos de acudir en masa a los Black Friday, no comentemos más el desproporcionado precio del último fichaje del Manchester United y pongámonos en serio a reflexionar y actuar en aquellos problemas verdaderamente acuciantes para todos.

Mientras sigamos el sendero de la dichosa y telegrafiada [des]integración social, no habrá conatos de parricidio, sólo un suicidio colectivo y anunciado. Los flautistas de Hamelín del capitalismo guiaron las hordas de la clase media al precipicio del endeudamiento; si algo tan terrible no ha tenido castigo, puesto que ha aumentado el número de ricos, ¿qué puede tranquilizarnos sintiendo cómo el pie del Gran Padre está oprimiéndonos el cuello? El opio del pueblo. Si pretendemos fabricar armas y vivir de ello, no podemos permitir nada que favorezca la paz, (capitalismo, dixit).

Los primeros Juegos Olímpicos de la historia datan del 776 a.C. desde entonces, hasta hoy y cada cuatro años, el deporte ha sido motivo de unión de los países, algo que no deja de ser paradigmático. Hoy, una parte importante del planeta está en guerra, y otra se siente amenazada. Contemplar el accidentado recorrido de la antorcha olímpica por las calles de Brasil, me hizo sentir que el ser humano todavía cree en simbolismos, la llama no debe apagarse y para ello se emplea cualquier medio. Lo cierto es que aquello que verdaderamente llevamos a rajatabla es la perpetuación de las costumbres. No cambiar la tradición, más aún cuando esta atenta contra la dignidad o integridad de otros seres, sigue siendo una incógnita sin candidato para la etología moderna. El dinero sigue imprimiendo nuevas páginas a su evangelio espurio, si finalmente las Humanidades se acaban suprimiendo de la enseñanza, y con ellas se constata la leucemia de la educación, suscribo al cien por cien la afirmación de Luis Alberto de Cuenca: «El suicidio definitivo de la civilización está a la vuelta de la esquina» (La Razón.es, 2016).

 

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