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Lo importante es cruzar los dedos…

Por Alfonso Vila , 29 agosto, 2014

 

¿La fotografía como arte? ¿Queda algo por decir de la fotografía como arte? ¿O queda algo por decir del arte a secas? Yo no sé si mis fotografías son arte. Yo hago fotos. Y escribo. ¿Soy un escritor que hace fotos un fotógrafo que escribe? Mis fotografías están influidas por mis lecturas, mis escritos están influidos por mis fotografías. Y luego está eso que llamamos “bagaje cultural”. Como por ejemplo las horas que uno ha pasado mirando cuadros y esculturas. El arte está en todas partes y en ninguna. ¿Un puente de una autopista es arte o ingeniería? ¿Y si es un puente romano, es igual de pertinente la pregunta?

En cualquier caso yo hago fotos, no pinto cuadros. Si fuera pintor sería “artista”, ¿si soy fotógrafo lo soy igualmente? Algunas personas me han dicho que en algunas de mis fotos detectan una cualidad pictórica, un cierto tratamiento de la fotografía como soporte de una pintura, de un “falsa pintura”. Se trata aquí de la fotografía entendida como soporte “físico”, me refiero, de la fotografía como lienzo y marco de una obra artística. Esa idea me gusta, lo confieso. El cuadro sale de la nada, de un papel, de un lienzo en blanco, vacío. La escultura también sale de la nada (al menos muchas veces, otras veces la naturaleza ya da pistas, como una rama de árbol o una piedra con una cierta forma especial). La fotografía antiguamente tenía mucho que ver con la pintura. El papel de revelado era el soporte físico de la fotografía como el lienzo, el muro o una hoja de un cuaderno es el soporte de un dibujo. En el laboratorio la fotografía aparecía misteriosamente de la nada, gracias a un extraño y oscuro ritual mágico (yo he revelado fotos en blanco y negro, hace muchos años, en la prehistoria, en un baño de mi casa, con mis cubetas, mis líquidos y productos químicos, mi ampliadora de segunda mano, era todo muy casero y artesanal, pero en esencia era lo mismo que hacían los grandes fotógrafos o mandaban hacer en sus sofisticados laboratorios profesionales). La fase de revelado era casi tan importante como la toma en sí de la foto. Si tienes un buen carrete pero el revelado es malo, el resultado final es horrible, decepcionante, frustrante, para pegarse un tiro.  Si tienes un mal carrete pero lo revelas muy bien, puedes salvar alguna foto, pero el resultado final no será nada del otro mundo. Tú controlas el tiempo de exposición y otros factores, y todo eso mejoraba o estropeaba la foto.

Hoy en día la fotografía digital lo ha puesto muy fácil. Hay muchas cámaras que lo hacen casi todo por ti, y muchos programas, aplicaciones y herramientas para retocar fotos. Yo las uso. Las uso pero procuro no abusar de ellas. Al veces me siento como una especie de pintor que repasa sus cuadros, que va añadiendo pinceladas de color por aquí y por allá, que quita una mancha accidental, que resalta una sombra, que diluye una silueta, que hace todo lo posible para llegar a plasmar la imagen ideal de la pintura que tiene en su mente. ¿Eso es malo? No, desde luego que no. Los grandes pintores podían pasar meses y meses, o incluso años, retocando sus cuadros. ¿Por qué un fotógrafo no puede hacer lo mismo con una foto? Y si la tecnología te ayuda, ¿por qué no usarla? En el fondo el revelado manual de una fotografía analógica y el retoque digital no son diferentes. Y lo que cuenta es el resultado final. Algunos fotógrafos llegan a pintar sus fotos, a pintarlas con pinceles y pigmentos, a pintar sobre la fotografía como si pintaran un cuadro. Eso todo el mundo lo mete en el plano de lo artístico. “Eso es arte, sin duda”, pensamos al verlo. ¿Y una imagen de un corresponsal de guerra, una foto que muestra el horror sin retoques, tal cual, con el mayor naturalismo posible. ¿Eso es arte o es periodismo?

Yo no sé si mis fotografías son arte, repito. Ni sé bien cuál es la fotografía “artística” y cuál no lo es? Pero tengo algunas certezas. Como por ejemplo que el envoltorio de un regalo no puede ser más importante que el regalo mismo. ¿La fotografía digital ha hecho que todos los fotógrafos, o mejor dicho, que todo el que hace una foto, sea un artista? ¿Es pintor todo el que pinta? ¿Es escritor todo el que escribe? Eso es un viejo tema, un viejo tema que nunca estará realmente resuelto. Pero ya lo he dicho antes. En mi modesta opinión se puede usar un programa para retocar y retocar y volver a retocar una foto, pero la foto, si es buena o mala, será buena o mala por sí misma, será buena o mala porque el fotógrafo tenía muy claro lo que quería fotografiar, porque tenía unas intuiciones o unas pautas metidas en la cabeza que le iban diciendo qué tenía que hacer y qué no tenía que hacer. A una buena foto se puede llegar por casualidad. A cien buenas fotos se llega por talento, por talento y por trabajo. Todo lo demás, la cámara, la “postproducción”, ayuda, pero no basta. Siempre ha habido buenos y malos fotógrafos. Siempre los habrá. Y todo lo demás son los adornos del regalo, el bonito envoltorio, pero lo que queremos es lo que hay dentro de la caja, no la caja que lo contiene. Que la fotografía digital te lo ponga fácil no sirve de nada si uno no sabe dónde quiere ir. Por lo demás, a diferencia de un pintor o un escultor o un arquitecto que tiene que empezar de cero, muchas veces la propia naturaleza, el propio mundo, ayuda al fotógrafo. Bueno, más que ayudar te hace casi todo el trabajo, te planta delante de tus narices una fotografía tan buena que tú lo único que puedes hacer es tomar a toda prisa la cámara, contener la respiración y hacer click. Y luego cruzar los dedos hasta llegar a casa y ver el resultado…

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