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La voz fuera del coro

Por Oscar M. Prieto , 9 noviembre, 2017

Más allá de independencias, pendencias y pendencieros, lo que está en juego es otra autonomía que nada tiene que ver con fronteras ni constituciones, pues corre peligro en el Planeta entero, y es aquella que nos hace ser esencialmente humanos: la autonomía de pensamiento, la capacidad de pensar independiente, el derecho y el deber de comprender y de aprender el mundo con sentido crítico de la realidad.

Una viñeta de El Roto expresa el precipicio al que nos abocamos, como especie y como sujetos: Con pocos trazos, aparece dibujado un hombre con una bandera y a su lado otro hombre, con un megáfono, grita a una multitud que no aparece: «Pensad lo que todos y dejad de pensar».

Pensar es lo que nos diferencia como especie. Y pensar es pensar diferente, sin hormas de zapatos que nos metan las ideas a calzador, sin eslóganes ni proclamas que nos vistan de uniforme, uniformemente. Esta es la verdadera nación que debemos defender con todas nuestras fuerzas: la nación del pensamiento, la del individuo libre que ejerce la facultad para pensar, en silencio, en soledad. Esta es la verdadera independencia que debemos perseguir: la de forjarnos cada uno nuestra propia visión del mundo. Sólo así, con individuos con el coraje de atreverse a pensar, será posible una sociedad que no admita confusión con un rebaño.

Se hace necesaria la aplicación de un artículo 155, urgente, pero de otro tipo: el que termine de una vez para siempre con un sistema educativo que produce ‘pollos de engorde –como dice Nuncio Ordine– y propicie una educación de ‘herejes’, de ciudadanos que se atreven a pensar por sí mismos, sin miedo a salirse del sendero. Sólo así estaremos a salvo de nacionalismos y de políticos nefastos y mediocres.

El viejo Bertrand Russell animaba a los jóvenes de todas las generaciones: «No dejéis nunca de protestar; no dejéis nunca de disentir, de hacer preguntas, de discutir la autoridad, los lugares comunes, los dogmas. No existe la vedad absoluta. No dejéis de pensar. Debéis ser las voces fuera del coro. Debéis ser el peso que inclina el plano. Un hombre que no disiente es una semilla que nunca crecerá».

Salud.

www.oscarmprieto.com

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